Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

domingo, 4 de enero de 2009

NUESTRO ESCUDO






La flor de lis:
En la parte superior del escudo se encuentra la Flor de Lis, que es la flor de todas las flores. Y que no solamente era la flor por excelencia de la monarquía francesa, sino que además era la flor del escudo de nuestro Santo Patrón Luis IX Rey de Francia.
Ave María:
Rodeando la Flor de Lis se encuentran las dos primeras palabras que pronunció en Arcángel San Gabriel cuándo fue enviado por Dios para anunciar a la Santísima Virgen María la Encarnación de su Hijo. Estas dos palabras marcan para todos nosotros que hemos sido redimidos por la Sangre del Cordero de Dios y lavados con las aguas bautismales en la única Iglesia de Jesucristo, el origen de nuestra Redención; es por eso que nuestra Sociedad Religiosa lo llevará como estandarte para defendernos de nuestros enemigos.
Color amarillo y blanco:
Son los colores de la bandera del pontificado romano, de quién los miembros de nuestra Sociedad Religiosa veneran, obedecen y respetan por ser de institución divina.
Color celeste y blanco:
Son los colores de la bandera Argentina que es el lugar donde nuestra Sociedad Religiosa nació. También nos recuerda los colores del manto sagrado de la Inmaculada Virgen María del cual el General Don Manuel Belgrano creara dicha bandera.
La Cruz blanca en el centro:
Nos recuerda que es el único signo por el cual seremos victoriosos.
La corona:
Representa a Cristo Rey, y está en el centro del escudo, porque el Reinado de Cristo es la causa y el motivo de nuestros amores.
La espada roja:
Se encuentra erecta en el medio del escudo y nos recuerda que debemos estar en pié de guerra contra los tres enemigos del alma; es de color roja en honor a la sangre de los Mártires que murieron por Cristo Rey y que con la gracia de Dios estamos dispuestos a derramar la nuestra, si el Buen Dios nos da la gracia del martirio.
En la parte inferior:
Está el nombre de nuestra Sociedad Religiosa. Sirva este sencillo escudo para recordarnos lo que somos y hacer todo para la Mayor Gloria de Dios y la salvación de las almas a nosotros confiadas.

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