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sábado, 23 de mayo de 2009

TE DEUM DEL 25 DE MAYO

El Te Deum nos pone a todos ante Dios para alabarlo e ilumina las conciencias para mejor servir a la Patria.
Este antiguo himno (en latín: A ti, Dios, primeras palabras del cántico) es uno de los primeros himnos cristianos de acción de gracias, hunde sus raíces en una añeja tradición de la Iglesia y ha servido en los momentos significativos de la historia Argentina y de la mayoría de los países de Tradición Católica, para unir la entera comunidad en actitudes ennoblecedoras.
Más de 1600 años tiene este cántico.
Mucho tiempo se creyó que fue compuesto por San Ambrosio de Milán para el bautismo de San Agustín. Estudios más precisos, del siglo XIX, lo atribuyen al obispo San Nicetas de Remesiana, en Serbia, hacia fines del siglo IV o principios del V. Utilizado en las solemnidades litúrgicas y en innumerables acontecimientos civiles fue compañero singular de la vida de la Iglesia y de los pueblos cristianos a lo largo de los siglos.
En nuestra historia, fueron memorables —entre muchos— antes de los sucesos de Mayo de 1810, los entonados la tarde del 14 de agosto de 1806, dando gracias al Señor por la Reconquista de Buenos Aires. La Junta de Mayo, que asumió la soberanía del pueblo ante la invasión napoleónica, ordenó el Te Deum, con la mayor solemnidad posible, como uno de sus primeros actos de gobierno, lo cual se concretó en la Catedral de Buenos Aires, en ceremonia presidida por el Obispo Lué y Riega, y fue predicado por el sacerdote Doctor Diego Estanislao Zavaleta, el 30 de mayo de 1810.
Pocos días después, el cabildo de Luján dispuso hacer rezar, el 17 de junio, un Te Deum por la instalación “del primer gobierno patrio”.
Famosos fueron otros Te Deum conmemorativos del nacimiento de la Patria: el del Pbro. Dr. Victorio de Achega, en 1813, en la Catedral de Buenos Aires; el del Deán Funes, en
la Catedral de Córdoba, el 25 de mayo de 1814; el de Fray Pantaleón García, en la misma
Catedral al año siguiente; el del Pbro. Dr. Ignacio de Castro Barros, en Tucumán, el 25 de mayo de 1815. En mayo de 1816, en vísperas de la apertura de las sesiones del Congreso de Tucumán “el Pbro. Manuel Acevedo pronunció el Te Deum”.
De este modo, este “cántico de alabanza y de acción de gracias que se eleva a Aquel que, siendo eterno, nos acompaña en el tiempo sin abandonarnos nunca y que siempre vela por la humanidad con la fidelidad de su amor misericordioso”, ha marcado los hitos fundamentales de nuestra historia como Nación y ha expresado el sentir común de los argentinos en momentos clave de nuestra vida política. contra el invasor extranjero.
En la actualidad, en nuestro país, se conserva este acto de acción de gracias, aunque vaciado del verdadero significado y completamente carnavalesco ya que se realiza en forma ecuménica, junto a los líderes de las falsas religiones.

Himno Del Te Deum (en español)
A Ti, oh Dios, te alabamos, a Ti, Señor, te reconocemos.
A Ti, eterno Padre, te venera toda la creación.
Los ángeles todos, los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios de los ejércitos.
Los cielos y la tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A Ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el blanco ejército de los mártires.
A Ti la Iglesia Santa, extendida por toda la tierra, te aclama:
Padre de inmensa Majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo. Tú eres el Hijo único del Padre.
Tú, para liberar al hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que un día has de venir como juez.
Te rogamos, pues, que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa Sangre.
Haz que en la gloria eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo, Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de Ti.
En Ti, Señor, confié, no me veré defraudado para siempre.