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¿Es la primera vez que visita nuestro blog? Entonces ¡Sea usted muy bienvenido! Este es un blog netamente religioso, dónde publicamos todas las actividades de Nuestra Sociedad Religiosa y algunas noticias de la Iglesia en general.

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martes, 23 de febrero de 2010

¿PORQUÉ ES CONVENIENTE QUE LOS RELIGIOSOS VISTAN COMO TALES?

El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso.

El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.


Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración.
El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.

El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro, pantalones y zapatos.

El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso."

Tomado del Blog del Padre Fortea

lunes, 8 de febrero de 2010

NECESIDAD DEL SANTO SACRIFICIO DE LA MISA PARA APLACAR LA IRA DE DIOS

“¿Qué sería del mundo si llegase a verse privado del sol? ¡Ay! No habría en él más que tinieblas, espanto, esterilidad, miseria horrible. Y ¿qué sería de nosotros faltando del mundo la Misa? ¡Ah! ¡Desventurados de nosotros! Estaríamos privados de todos los bienes, oprimidos con el peso de todos los males; estaríamos expuestos a ser el blanco de todos los rayos de la ira de Dios. Admíranse algunos al ver el cambio que, en cierta manera, se ha verificado en la conducta de la providencia de Dios con respecto al gobierno de este mundo. Antiguamente se hacía llamar: El Dios de los ejércitos. Hablaba a su pueblo en medio de nubes y armado de rayos, y de hecho lo castigaba con todo el rigor de su divina justicia. Por un solo adulterio hizo pagar a veinticinco mil personas de la tribu de Benjamín. Por un ligero sentimiento de orgullo que dominó al rey David, por contar su pueblo, Dios le envió una peste tan terrible, que en muy pocas horas perecieron setenta mil personas (…) ¿Nuestras ingratitudes serán hoy más excusables que lo eran en otros tiempos? No, por cierto; antes al contrario, son mucho más criminales en razón de los inmensos beneficios de que hemos sido colmados. La verdadera causa de esa clemencia admirable por parte de Dios es la Santa Misa, en la que el Cordero sin mancha se ofrece sin cesar al Eterno Padre como víctima expiatoria de los pecados del mundo. He ahí el sol que llena de regocijo a la Santa Iglesia, que disipa las nubes y deja el cielo sereno. He ahí el arco iris que apacigua las tempestades de la justicia de Dios. Yo estoy firmemente persuadido de que sin la Santa Misa, el mundo a la hora presente estaría ya abismado y hubiera desaparecido bajo el inmenso peso de tantas iniquidades. El adorable Sacrificio del altar es la columna poderosa que lo sostiene.
“De lo dicho, pues, hasta aquí, bien puedes deducir cuán necesario nos es este divino Sacrificio; más no basta el que así sea, si no nos aprovechamos de él en las ocasiones... No lo dudemos; sin esta Víctima adorable, sacrificada por nosotros primeramente sobre la cruz, y después todos los días sobre nuestros altares, ya estaría decretada nuestra reprobación y cada cual hubiera podido decir a su compañero: ¡Hasta la vista en el infierno! Pero gracias al tesoro de la Santa Misa que poseemos, nuestra esperanza se reanima, y nos asegura de que el paraíso será nuestra herencia. Debemos, pues, besar nuestros altares con respeto, perfumarlos con incienso por gratitud, y sobre todo honrarlos con la más perfecta modestia, puesto que de allí recibimos todos los bienes.


San Leonardo de Porto-Mauricio: El Tesoro escondido de la Santa Misa.

viernes, 5 de febrero de 2010

NO HAY CONFUNDIR APOSTASÍA SOCIAL CON PROGRESO, DICE EL PAPA PÍO XII

En el Evangelio Nuestro Señor nos revela una realidad que recitamos cada Domingo en el Credo: que Cristo ha de venir un día como Juez glorioso de todo el cosmos, de la historia, de las naciones y de los hombres. Es el juicio universal. Esto es verdad y ha de cumplirse. Ese día se asemeja al diluvio universal, de los cuales los hombres «no se dieron cuenta, hasta que sobrevino». Si nuestro entendimiento, bajo el influjo de los dones del Espíritu Santo, se hace puro y penetrante para descubrir en la fe este misterio, compartiremos también algo del inefable dolor del Corazón de Cristo ante el mundo actual, que a medida que avanza hacia el día del juicio, más se aparta de su Justo Juez..

El Papa Pío XII en su primera Encíclica, Sumi Pontificatus, —Encíclica impresionante— del 20 de octubre de 1939, llamaba la atención de que el mundo, «en su incredulidad ciega y orgullosa excluye a Jesucristo de la vida moderna, especialmente de la vida pública; y con Cristo sacude también la idea de Dios. Muchos al alejarse de Cristo, proclamaban la separación como una liberación de la servidumbre, y hablaban de progreso cuando en verdad retrocedían». Y concluía que una dimensión de la apostasía actual es, en efecto, el que viene a confundirse la apostasía social con el progreso de la libertad humana y el «acceso de la Cristiandad a su edad madura», es decir, que el mundo progresaría en que ya sociológica y culturalmente no se reconoce cristiano. Sin embargo, este triunfo actual de un orden no cristiano, aunque nos dificulta la comprensión de los misterios de la Providencia divina, nos debe conducir a una alegría maravillosa y profunda del plan de Dios. Santo Tomás dice que el entendimiento descansa en la verdad, y muy especialmente el cristiano atribulado por este tiempo de incredulidad y confusión, debe descansar enteramente en el irrevocable designio de Dios sobre el rumbo de los acontecimientos. Este triunfo, como hemos dicho, ya lo tenemos anticipadamente en la celebración de la Sagrada Liturgia. En efecto, contemplar a Cristo como Juez Universal es contemplar a Cristo como Señor de la historia.