
Queridos Fieles:
Este Domingo IV y último de Adviento el Evangelio de San Lucas nos presenta a San Juan Bautista, con un tema más intenso para meditar; sobre la PENITENCIA ESPIRITUAL y LA PENITENCIA CORPORAL.
Punto importantísimo, si se quiere festejar una Navidad Verdaderamente Católica.
Penitencia espiritual:
Consiste, simplemente, en la mortificación de los sentidos, que nos hablan los Maestros Espirituales; dominar las pasiones, especialmente las más arraigadas en el alma.
Los sentidos, externos a igual que los internos, siempre nos retrasan en el avance del Camino Espiritual.
Penitencia corporal:
En cuanto a la Penitencia Corporal, nos referimos a la preparación del cuerpo por medio del ayuno y la limosna.
Estas prácticas favorecen no sólo al cuerpo, sino también al alma; y fortalecen el espíritu, contra el Mundo, el Demonio, y la Carne.
Transitamos ya los últimos días de Adviento, de preparación para la Navidad; debemos renovar los propósitos e intensificarlos; o ¿acaso, nos hemos pasado pensando, en “Festejar la Navidad”, más que, en la “Preparación de la Navidad”? Como dice un famoso dicho: “querer llegar al Domingo de Resurrección, sin antes haber pasado por el Viernes de Pasión”; pues entonces, ¿queremos llegar al Tiempo de Navidad, sin antes haber pasado por el Tiempo de Preparación?
Que no nos encuentre el Nacimiento de Nuestro Salvador con las manos vacías, sin nada que ofrecerle; que mejor regalo, para el Niño Dios, sería darle una pasión dominada, un defecto vencido, o alguna virtud acrecentada.
Este tiempo de Adviento, y el de Navidad, es figura de lo que será al Final de los Tiempos, cuando venga Nuestro Señor Jesucristo, no como lo hizo en el pobre pesebre de Belén, sino que ha de venir en Gloria y Majestad.
Tratemos, esta semana, de intensificar la oración, la meditación, la lectura espiritual, y principalmente ante todo el SILENCIO, vale decir, que el silencio es lo más importante, tanto como, en la perfección espiritual como en la corporal; espiritual: dejar que Dios hable, y en la corporal; cerrar la boca.
Pidamos, por medio de la Santísima Virgen María, esta gracia: el silencio; Ella, más que nadie, supo prepararse con un adviento de nueve meses, guardó todas sus cosas en su Corazón, para luego regalárselo a su Hijo en el pesebre; ojala, también nosotros podamos regalarle nuestro corazón, para que allí nazca NUESTRO SALVADOR.
+ AVE MARÍA PURÍSIMA!
Este Domingo IV y último de Adviento el Evangelio de San Lucas nos presenta a San Juan Bautista, con un tema más intenso para meditar; sobre la PENITENCIA ESPIRITUAL y LA PENITENCIA CORPORAL.
Punto importantísimo, si se quiere festejar una Navidad Verdaderamente Católica.
Penitencia espiritual:
Consiste, simplemente, en la mortificación de los sentidos, que nos hablan los Maestros Espirituales; dominar las pasiones, especialmente las más arraigadas en el alma.
Los sentidos, externos a igual que los internos, siempre nos retrasan en el avance del Camino Espiritual.
Penitencia corporal:
En cuanto a la Penitencia Corporal, nos referimos a la preparación del cuerpo por medio del ayuno y la limosna.
Estas prácticas favorecen no sólo al cuerpo, sino también al alma; y fortalecen el espíritu, contra el Mundo, el Demonio, y la Carne.
Transitamos ya los últimos días de Adviento, de preparación para la Navidad; debemos renovar los propósitos e intensificarlos; o ¿acaso, nos hemos pasado pensando, en “Festejar la Navidad”, más que, en la “Preparación de la Navidad”? Como dice un famoso dicho: “querer llegar al Domingo de Resurrección, sin antes haber pasado por el Viernes de Pasión”; pues entonces, ¿queremos llegar al Tiempo de Navidad, sin antes haber pasado por el Tiempo de Preparación?
Que no nos encuentre el Nacimiento de Nuestro Salvador con las manos vacías, sin nada que ofrecerle; que mejor regalo, para el Niño Dios, sería darle una pasión dominada, un defecto vencido, o alguna virtud acrecentada.
Este tiempo de Adviento, y el de Navidad, es figura de lo que será al Final de los Tiempos, cuando venga Nuestro Señor Jesucristo, no como lo hizo en el pobre pesebre de Belén, sino que ha de venir en Gloria y Majestad.
Tratemos, esta semana, de intensificar la oración, la meditación, la lectura espiritual, y principalmente ante todo el SILENCIO, vale decir, que el silencio es lo más importante, tanto como, en la perfección espiritual como en la corporal; espiritual: dejar que Dios hable, y en la corporal; cerrar la boca.
Pidamos, por medio de la Santísima Virgen María, esta gracia: el silencio; Ella, más que nadie, supo prepararse con un adviento de nueve meses, guardó todas sus cosas en su Corazón, para luego regalárselo a su Hijo en el pesebre; ojala, también nosotros podamos regalarle nuestro corazón, para que allí nazca NUESTRO SALVADOR.
+ AVE MARÍA PURÍSIMA!
EXCELENTE LA REFLEXION DE ESTE DOMINGO PADRE GUSTAVO, DIGO GUSTAVO PORQUE EL ESTILO DE ESCRIBIR TAN ESPIRITUAL SE NOTA QUE NO ES EL P.MAURICIO. ES TRISTE VER COMO SE ESTA EN TODAS PARTES TRATANDO DE QUITARLES EL VERDADERO SIGNIDICADO A ESTA FIESTA TAN IMPORTANTE COMO ES LA NAVIDAD.
ResponderSuprimirMARIELA GOMEZ