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sábado, 15 de marzo de 2014

SOBRE EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA DURANTE EL TIEMPO CUARESMAL


Llamamos "ayuno" a la privación voluntaria de comida durante algún tiempo por motivo religioso, como acto de culto ante Dios.
En la Biblia el ayuno puede ser señal de penitencia, expiación de los pecados, oración intensa o voluntad firme de conseguir algo. Otras veces, como en los cuarenta días de Moisés en el monte o de Elías en el desierto o de Jesús antes de empezar su m...isión, subraya la preparación intensa para un acontecimiento importante.
El ayuno es símbolo y expresión de una renuncia a todo aquello que nos impide realizar en nosotros el proyecto de Dios.
Junto con el desierto y la oración, el ayuno parece ser una de las mediaciones privilegiadas de todo tiempo penitencial, de revisión de vida y de búsqueda sincera de Dios. Sin embargo, los profetas Joel e Isaías nos indican el verdadero sentido de esta antigua práctica penitencial:
"Vuelvan a mí de todo corazón, con ayuno, llantos y lamentos. Desgarren su corazón y no sus vestiduras, y vuelvan al Señor, su Dios". (Joel 2, 12-18)
"Este es el ayuno que yo amo, oráculo del Señor: soltar las cadenas injustas, desatar los lazos del yugo, dejar en libertad a los oprimidos y romper todos los yugos; compartir tu pan con el hambriento y albergar a los pobres sin techo; cubrir al que veas desnudo..." (Isaías 58, 6-9)

Ayuno y Abstinencia
- El ayuno consiste en hacer una sola comida al día.
- La abstinencia consiste en no comer carne.
- Son días de abstinencia y ayuno: Miércoles de Ceniza y Viernes Santo.
- Son días de abstinencia de carne solamente sin ayuno, todos los viernes de cuaresma.
- La abstinencia obliga a partir de los 14 años.
- El ayuno de los 18 hasta los 59.
- Con estos sacrificios, se trata de que todo nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) participe en un acto donde reconozcan la necesidad de hacer obras con las que reparemos el daño ocasionado con nuestros pecados y para el bien de la Iglesia.

Abstenerse de juzgar a otros. Descubre a Cristo que vive en ellos.
Abstenerse de palabras hirientes. Llénate de frases sanadoras.
Abstenerse de descontento. Llénate de gratitud.
Abstenerse de enojos. Llénate de paciencia.
Abstenerse de pesimismo. Llénate de esperanza cristiana.
Abstenerse de preocupaciones. Llénate de confianza en Dios.
Abstenerse de quejarte. Llénate de parecio por la maravilla que es la vida.
Abstenerse de las presiones. Llénate de una oración que no cesa.
Abstenerse de amargura Llénate de perdón.
Abstenerse de darte importancia a ti mismo. Llénate de compasión por los demás.
Abstenerse de ansiedad sobre tus cosas. Comprométete en la propagación del Reino.
Abstenerse de desaliento. Llénate del entusiasmo de la fe.
Abstenerse de pensamientos mundanos. Llénate de las verdades que fundamentan la santidad.
Abstenerse de todo lo que te separe de Jesús. Llénate de todo lo que te acerque a Él.

El ayuno junto con la oración y la caridad, ha sido desde muy antiguo una "practica cuaresmal" como signo de la conversión interior a los valores fundamentales del evangelio de Cristo.

Cuaresma: Tiempo de preparación para la pascua del Señor mediante la oración, el ayuno y la entrega de nuestro prójimo; Tiempo de conversión para volver a Dios Padre misericordioso.

5 comentarios:

  1. Muy bueno, muchas veces no hacen falta tantos sacrificios, sino simplemente hacernos violencia en nuestro orgullo y opiniones.
    Sebastián

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  2. ¿Hay que ayunar toda la cuaresma??

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  3. La Iglesia no manda ayunar durante toda la Cuaresma, solamente el Miércoles de Cenizas y el Viernes Santo

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  4. Dar limosna es necesario para la salvación
    La limosna es obligatoria para alcanzar la salvación eterna. La limosna tiene muchas ventajas en esta vida y en la vida eterna. Helas aquí resumidas.
    Nuestro Señor Jesucristo dijo “Nadie puede servir a dos señores: no podéis servir a Dios y al dinero” (Mat 4, 24). No se puede pertenecer a Dios y a la avaricia, al Cielo y a la tierra. San Agustín dice: “El oro y la plata son bienes, no capaces de haceros un bien sino que os han sido concedidos para que hagáis el bien con ellos”. Nuestro Señor manda a cada uno de sus discípulos diciendo: “Da a quien te pide, no vuelvas la espalda a quien quiera tomar prestado de ti” (Mateo 5, 41). San Pablo nos dice: “Sed en vuestro trato sin avaricia, estando contentos con lo que tenéis. (…) Y del bien hacer y de la mutua asistencia, no os olvidéis; en tales sacrificios se complace Dios” (Hebreos 13, 5, 16). “¿Cómo puede tener el amor de Dios, dice el apóstol san Juan, el hombre que teniendo bienes de este mundo, y ve a su hermano padecer necesidad y le cierra sus entrañas? Hijitos no amemos de palabra, y con la lengua, sino de obra y verdad” (I Juan 3, 17-18).
    Los verdaderos interpretes de la Palabra de Dios hablando de la limosna dicen: “Muy culpables sois, dice San Ambrosio, si, sabiéndolo, permitís que sufra hambre uno de vuestros hermanos”( De los Oficios I, 30). San Juan Crisóstomo dice a los egoístas y despilfarradores: “Sois el asesino del pobre a quien no socorréis” Dios que ha creado los bienes de la tierra para todas sus creaturas manda de dar limosna: “No endurezcas tu corazón, ni cierres tu mano contra tu hermano pobre; sino ábrele tu mano y préstale lo suficiente para satisfacer la necesidad que lo oprime. Ten cuidado que tu ojo no sea malo con tu hermano indigente, de modo que no le des nada; pues si él clama contra ti a Yahvé, tú te acarreas el pecado” (Deuteronomio 15, 7-9)
    El egoísmo y la avaricia son muy peligrosos. “El que cierra su oído al grito del pobre, gritará también y no será escuchado” (Proverbios 21, 13). Nuestro Señor Jesucristo dijo “Dad y se os dará. …Seréis medidos con la misma medida que habréis empleado con los demás” (Lucas 6, 38). La limosna no hace pobre, al contrario atrae sobre el alma generosa la bendición de Dios. Nuestro Salvador dijo también: “Bienaventurados los misericordiosos porque obtendrán misericordia” (Mat 5, 7). Hacer misericordia es conseguirla. Dios concede al hombre caritativo: que haga penitencia y merezca el perdón de sus pecados y los expíe. La misericordia ha sido prometida a los misericordiosos. El pecador que hace obras de misericordia dando abundantes limosnas atrae sobre sí la misericordia de Dios y la gracia de la conversión.
    El santo varón Tobías sintiendo venir su muerte dijo a su hijo: “Escucha, hijo mío, …Ten a Dios en tu mente todos los días de tu vida, y guárdate de consentir jamás el pecado y de quebrantar los mandamientos del Señor. Da limosna de tus bienes, y no apartes tu rostro de ningún pobre; así conseguirás que tampoco de ti se aparte el rostro del Señor. Usa de misericordia con todas tus fuerzas. Si tienes mucho, da con abundancia; si poco, procura dar de buena gana aún lo poco; pues con eso atesoras una gran recompensa para el día de la angustia. Porque la limosna libra de todo pecado y de la muerte, y no dejará caer el alma en las tinieblas. La limosna será motivo de gran confianza delante del Altísimo Dios para todos los que la hacen” (Tobías 4, 6-12).
    Efectos de la limosna
    1) La limosna expía los pecados
    “El agua apaga la ardiente llama, y la limosna expía los pecados.” (Eclesiástico 3,33). La limosna nos libra de todo pecado y de la muerte eterna impidiendo al hombre a morir en pecado mortal. . “Así como el fuego del infierno, dice San Cipriano, se apaga con el agua saludable del bautismo, la llama del pecado se apaga con la limosna y las obras buenas”

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  5. 2) La limosna consigue la protección de Dios
    “Sé generoso con el desgraciado y no le hagas esperar la limosna. Por el amor de la Ley acoge al pobre y en su necesidad no le despidas vacío…Hazte un tesoro según los preceptos del Altísimo y te aprovechará más que el oro. Encierra en tus arcas, y te librará de toda miseria. Mas que un fuerte escudo y una lanza poderosa combatirá por ti contra el enemigo” (Eclesiástico 29, 11-12-14-18-27).
    3) La limosna hace que la oración sea eficaz
    “Queréis , dice San Agustín, que vuestra oración vuele hacía Dios? Dadle por alas el ayuno y la limosna” (Sobre el salmo 47). De ahí viene que el ángel San Rafael dijo a Tobías: “Buena es la oración con el ayuno, mejor la limosna que acumular tesoros de oro; porque la limosna libra de la muerte, y es ella que borra pecados y hace hallar misericordia y vida eterna” (Tobías 12, 8-9). Desde el seno del pobre, la limosna ruega por vosotros; pide que os veáis libres de todo mal. Dios mira y escucha al que hace limosna; se acordará de él y le sostendrá en el peligro. (Eclesiástico 3, 34)
    4) La limosna aumenta nuestros méritos y nuestros bienes.
    La limosna aumenta los méritos del hombre y aumenta también los bienes temporales, porque está escrito “El que da al pobre presta al Señor, y el Señor recompensará su obra” (Proverbios 19, 17). San Juan el Limosnero, Santo Cura de Ars, San Juan Bosco, San Pío X, el santo Padre Pío, el Santo Hermano Pedro pueden con toda verdad afirmar: “Siempre experimento, que lejos de empobrecer, la limosna enriquece; pues cuanto más doy, más medios me envía Dios”. Hablando también de los diezmos se dice: “Da al Altísimo según lo que El te da y da con ánimo generoso lo que puedas. Que el Señor es generoso en recompensar y te pagará al séxtuplo”. Eclesiástico (35,6-13)
    5) La limosna nos alcanza una buena muerta
    San Jerónimo el gran traductor y comentador de la santa Biblia escribe: “No recuerdo nunca haber leído que el que haya ejercido con agrado la limosna tuviese mala muerte; porque tiene muchos intercesores, y es imposible que las preces de tantas personas no sean atendidas”.
    Conclusión
    Las buenas obras: oración, ayuno y limosnas, son necesarias para la salvación eterna. La limosna tiene muchas ventajas para la persona que la hace. Los buenos se salvarán por haber hecho obras de caridad y los malos irán a los tormentos del infierno por no haber hecho obras de misericordia. Nuestro Señor bendecirá a los buenos por haber hecho la caridad y dirá a los malos: “Id al fuego eterno. En verdad os digo: cuanto habéis dejado de hacer (obra de caridad) a uno de éstos, los más pequeños, tampoco a Mí lo hicisteis” (Mateo. 25, 45).
    Padre Michel Boniface
    Bibliografía principal
    1 La Santa Biblia
    2 Tesoros de Cornelio a Lapide, Barcelona, 1909 tomo III págs. 193-221, articulo limosna

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