Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

viernes, 11 de julio de 2014

LAS TRIBULACIONES


Son una ocasión excelente que tiene Dios para ejercitarnos en la virtud y de castigar nuestros pecados; y esto mismo es propio de la insuperable misericordia divina.
Además si sabemos llevar las tribulaciones con paciencia y humildad, a imitación de nuestro Señor Jesucristo y de los santos, podemos esperar que el Señor querrá coronarnos en el cielo.
Es, pues, estrecho el camino que conduce a la Vida, Vida eterna tanto más feliz cuanto más estrecho sea el camino. La tribulación es el instrumento más idóneo para purificarnos como el fuego del amor a las cosas de la tierra, para liberarnos de la expectación de comodidades y alabanzas humanas, cosa muy propia de nuestra naturaleza enviciada (…) La tribulación nos pone en el camino de la humildad, que tanto nos hace falta (…) porque nos lleva al conocimiento de nuestra bajeza y a considerar que es muy conveniente la desgracia que nos ocurre.
“Si Dios verdaderamente le agradase forzarme a buscar la santidad por medio de las tribulaciones; si por ellas se aumentase en mí el santo temor de Dios, el afecto a la oración, a la humildad y a la caridad; si por las tribulaciones se acrecentase en mí el aprecio a la mortificación, el desprecio del mundo y el celo por la salvación de las almas, yo rogaría que el Señor no apartase su mano de la corrección y todo mi consuelo estaría en que no me perdonara dolores ni aflicción, con tal de que este fruto de santidad siempre existiese en mí”

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