Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

martes, 23 de febrero de 2010

¿PORQUÉ ES CONVENIENTE QUE LOS RELIGIOSOS VISTAN COMO TALES?

El hábito eclesiástico es un signo de consagración para uno mismo, nos recuerda lo que somos, recuerda al mundo la existencia de Dios, hace bien a los creyentes que se alegran de ver ministros sagrados en la calle, supone una mortificación en tiempo caluroso.

El sacerdote al mirarse en el espejo o en una foto, y verse revestido de un hábito eclesiástico piensa: tú eres de Dios.


Bajo la sotana, el sacerdote viste como el común de los hombres. Pero revestido con su traje talar, su naturaleza humana queda cubierta por la consagración.
El que viste su hábito eclesiástico es como si dijera: el lote de mi heredad es el Señor.
El color negro recuerda a todos que el que lo lleva ha muerto al mundo. Todas las vanidades del siglo han muerto para ese ser humano que ya sólo ha de vivir de Dios. El color blanco del alzacuellos simboliza la pureza del alma. Conociendo el simbolismo de estos dos colores es una cosa muy bella que todas las vestiduras del sacerdote, incluso las de debajo de la sotana, sean de esos dos colores: blanca camisa y alzacuellos, negro, pantalones y zapatos.

El hábito eclesiástico también es signo de pobreza que nos evita pensar en las modas del mundo. Es como si dijéramos al mundo: Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre.
La vestimenta propia del sacerdote es la sotana. Pero el clériman también es un signo adecuado de consagración, manifestando esa separación entre lo profano y lo sagrado. Aunque el hábito eclesiástico propio del presbítero sea por excelencia la túnica talar, el clériman es un hábitus ecclesiasticus y todo lo que aquí se dice a favor de la sotana, se puede aplicar al clériman. En caso de que estas hojas las lea un religioso, evidentemente, lo dicho aquí de la sotana valdrá para su propio hábito religioso."

viernes, 5 de febrero de 2010

NO HAY CONFUNDIR APOSTASÍA SOCIAL CON PROGRESO, DICE EL PAPA PÍO XII

En el Evangelio Nuestro Señor nos revela una realidad que recitamos cada Domingo en el Credo: que Cristo ha de venir un día como Juez glorioso de todo el cosmos, de la historia, de las naciones y de los hombres. Es el juicio universal. Esto es verdad y ha de cumplirse. Ese día se asemeja al diluvio universal, de los cuales los hombres «no se dieron cuenta, hasta que sobrevino». Si nuestro entendimiento, bajo el influjo de los dones del Espíritu Santo, se hace puro y penetrante para descubrir en la fe este misterio, compartiremos también algo del inefable dolor del Corazón de Cristo ante el mundo actual, que a medida que avanza hacia el día del juicio, más se aparta de su Justo Juez..

El Papa Pío XII en su primera Encíclica, Sumi Pontificatus, —Encíclica impresionante— del 20 de octubre de 1939, llamaba la atención de que el mundo, «en su incredulidad ciega y orgullosa excluye a Jesucristo de la vida moderna, especialmente de la vida pública; y con Cristo sacude también la idea de Dios. Muchos al alejarse de Cristo, proclamaban la separación como una liberación de la servidumbre, y hablaban de progreso cuando en verdad retrocedían». Y concluía que una dimensión de la apostasía actual es, en efecto, el que viene a confundirse la apostasía social con el progreso de la libertad humana y el «acceso de la Cristiandad a su edad madura», es decir, que el mundo progresaría en que ya sociológica y culturalmente no se reconoce cristiano. Sin embargo, este triunfo actual de un orden no cristiano, aunque nos dificulta la comprensión de los misterios de la Providencia divina, nos debe conducir a una alegría maravillosa y profunda del plan de Dios. Santo Tomás dice que el entendimiento descansa en la verdad, y muy especialmente el cristiano atribulado por este tiempo de incredulidad y confusión, debe descansar enteramente en el irrevocable designio de Dios sobre el rumbo de los acontecimientos. Este triunfo, como hemos dicho, ya lo tenemos anticipadamente en la celebración de la Sagrada Liturgia. En efecto, contemplar a Cristo como Juez Universal es contemplar a Cristo como Señor de la historia.