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viernes, 19 de mayo de 2017

LA GRAN APOSTASÍA ES HOY DÍA IRREVERSIBLE... (Un hermosos texto poco optimista, lo que quiere decir realista)


Por: Mons. LouisVezelis OFM

Queridos Amigos en Cristo Jesús,
La fe es con frecuencia, en los tiempos difíciles, puesta a prueba y fortalecida. Lo comprobamos en la Gran Apostasía actual. Como consecuencia de esta gran apostasía, la Iglesia es ahora un pequeño rebaño en contraste con el gran número de los que han apostatado y han sido llevados al cisma conducidos por falsos maestros. Los miembros de la Iglesia remanente están ahora físicamente aislados de los otros miembros de la Iglesia Una, Santa, Católica y Apostólica. Nuestras escuelas, antes católicas, ya no lo son porque en ellas ya no se enseña la doctrina católica. No existe razón para que sigan llamándose así, porque la verdadera fe ya no se enseña en ellas. Sólo son escuelas privadas donde se enseñan doctrinas falsificadas. Las iglesias construidas por nuestros padres y abuelos para la ofrenda del Sacrificio de la Misa ya no se utilizan para tal fin. En lugar de ello, algunas piezas meramente simbólicas de la verdadera liturgia han sido incorporadas a la nueva liturgia, la cual sirve para propagar doctrinas erróneas acerca de la Sagrada Eucaristía. En verdad en muchos sitios se oyen aún muchas expresiones católicas. Pero, esto se hace para mantener a la gente engañada. Señoras solteras, antiguas religiosas , han colgado sus hábitos y se muestran arrogantemente como “párrocos oficiantes”. En algunos lugares, incluso al sacerdote válido no se le honra con el apelativo de “Padre” sino con el de “ministro sacramental“, borrando así cualquier diferencia de género. No habrá impedimento para que los “ministros sacramentales” sean en el futuro mujeres. Falsificando o negando totalmente la Sagrada Escritura se ha abierto el camino para extraer conclusiones escandalosas. Con el antipapa (hoy día) Jorge Bergoglio, observamos la judaización de la iglesia so capa de un hipócrita «ecumenismo». La Gran Apostasía es irreversible. Es irreversible, tal como había sido anunciada en las Sagradas Escrituras. Una vez que se ha consumado, no hay ya lugar para «volver» a los viejos tiempos cuando los católicos eran numerosos. Nuestra empeño hoy no debe ser negativo. Es una pérdida de tiempo mirar hacia atrás a los días en que todos acudían a la iglesia, el domingo, con sus familias, cuando las monjas se sacrificaban para enseñar en las escuelas, no sólo conocimientos seculares, sino sobre todo para enseñar a nuestros hijos las verdades de la Iglesia Católica . ¡Ya no hay monjas católicas! ¡Como tampoco hay escuelas católicas! Quedan sólo los edificios que a veces llevan nombres de santos católicos. Una vez que la fe ha desaparecido, el resto también ha desaparecido. Sólo queda el cascarón vacío de lo que antaño existió. Una nueva religión, un nuevo espíritu anima a aquellos que abiertamente se llaman a sí mismos «católicos», pero que son más liberales [Modernistas] que las sectas protestantes más liberales.¿Qué pueden hacer los aislados católicos? ¿Cómo podrán recibir los sacramentos si todo lo que hay a su alrededor son herejes y cismáticos, modernistas o falsos "tradicionalistas"? ¡ Si ninguno de ellos tiene sacramentos o al menos sacramentos fructuosos! Pero Nuestro Señor no abandona a los que creen en Él y le aman. Un verdadero católico está unido espiritualmente en sus pensamientos a la Iglesia Católica Romana. La tecnología moderna -algunas veces- viene en ayuda de aquellos que permanecen fieles en estos tiempos de prueba. El ejemplo del centurión [Lc.7,2ss: “Señor no soy digno de que entre en mis casa..]debe servir de acicate a quienes están físicamente separados de los verdaderos sacerdotes católicos. Nuestro Señor curó al hijo del centurión sin ir físicamente a su casa. Jesús hizo esto a sabiendas de que no había barreras de espacio y tiempo para Su poder. El otorgó este mismo poder a sus apóstoles e incluso les dijo que iban a hacer cosas aún mayores que las que El hizo. ¿Será entonces imposible para un verdadero sacerdote de la Iglesia Católica Romana acudir en ayuda de los solitarios fieles dándoles las enseñanzas auténticas de la Iglesia sobre el deseo– sacramenta in voto– en la recepción de los sacramentos ? Sólo aquellos que ignoran la naturaleza del Cuerpo Místico de Jesucristo no alcanzan a comprender la Misericordia de Dios.

lunes, 8 de mayo de 2017

8 DE MAYO SOLEMNIDAD DE NTRA. SRA. DE LUJÁN, PATRONA DE ARGENTINA Y DE NUESTRA CAPILLA EN VEDIA BS.AS. LES COMPARTIMOS UNAS FOTOS DE LA MISA DE ESTA MAÑANA, CELEBRADA POR EL P. GUSTAVO EN SU SEXTO ANIVERSARIO DE ORDENACIÓN.


8 de mayo se celebra a la Virgen Patrona de Argentina, Nuestra Señora de Luján, quien además es la protectora de los transportistas y del camino, así como de la Policía Federal del país.
Cuenta la tradición que en 1630 la imagen de la Virgen, proveniente de Paracaiba (Brasil) era llevada desde Buenos Aires hacia Sumampa, Santiago del Estero, por encargo de un viajero portugués. A orillas del Río Luján la carreta se detuvo inexplicablemente. Por ello se dice que ella eligió el sitio de emplazamiento de su iglesia y allí creció una las ciudades más reconocidas de nuestro país.
La imagen tiene 38 centímetros de alto. Su manto azul está caído, salpicado de estrellas blancas y la túnica es encarnada.
Transcurridos los tiempos coloniales, un 8 de mayo de 1887 con la asistencia de altos dignatarios de la Iglesia Romana y del Cabildo Eclesiástico Metropolitano, fue coronada Nuestra Señora de Luján por el Papa León XIII, deviniendo así en una virgen muy querida para toda la feligresía argentina. 
En la Basílica en Luján se encuentra la pequeña imagen de 38 centímetros modelada en Brasil en arcilla cocida (terracota) y que representa a la Inmaculada Concepción. La imagen fue enviada a Argentina en mayo de 1630. Fue en 1887 que la imagen fue coronada canónicamente por el Papa León XIII.

 



domingo, 7 de mayo de 2017

TERCER DOMINGO DESPUÉS DE PASCUA

Las imágenes que acompañan esta entrada, fueron tomadas esta mañana en la iglesia Inmaculado Corazón de María en la Ciudad de Tampa Fl, momentos en que es coronada la imagen de la Virgen Santísima por la niña Monserrat Aguilera Rangel durante la Misa de este Tercer Domingo de Pascuas, en dónde da comienzo al mes de María en el hemisferio norte.


Lección de la Epístola del Ap. S. Pedro.

Carísimos: Os ruego que, como extranjeros y peregrinos, os abstengáis de los deseos carnales, que militan contra el alma, viviendo honradamente entre las gentes: para que, ya que os consideran como malhechores, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios el día de la visitación. Estad, pues, sumisos a toda criatura humana por Dios: ya al rey, como jefe: ya a los caudillos, como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los buenos: porque es voluntad de Dios que, obrando el bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres imprudentes: (obrad) como libres, y no como teniendo la libertad por velo de la malicia, sino como siervos de Dios. Honrad a todos: amad la fraternidad: temed a Dios: Honrad al rey. Siervos, someteos con todo temor a los amos, no sólo a los buenos y modestos, sino también a los díscolos. Porque esto es lo grato (a Dios), en nuestro Señor Jesucristo.

REFLEXIÓN
TOMADA DEL Año Litúrgico - Dom Prospero Gueranger
LOS DEBERES DEL CRISTIANO. — "El deber de santificarse se resuelve en las obligaciones concretas y adaptadas a la situación social actual de cada uno. La razón de insistir es la formulada por S. Pedro: el cristiano es como extraño y peregrino en el mundo no conquistado para el Evangelio. Es preciso luchar contra las fuerzas del pecado que se insinúan hasta en nosotros mismos, y guardar, en medio de los gentiles que se abandonan, a él, una conducta ejemplar digna de respeto y estima.
 "Este apostolado del buen ejemplo dicta, desde luego, a los cristianos su actitud "frente" a las instituciones humanas... su deber social se resume en cuatro frases cortas que son otras tantas normas directrices de la vida:
 1." tratar a todos los hombres con el respeto debido a su dignidad de hombres: 2." amar a los que son nuestros hermanos en la fe: 3. temer a Dios con ese temor que es el principio de la verdadera sabiduría y el contra-peso de la orgullosa confianza en sí: 4. reverenciar la autoridad real dando al César lo que es del César. "En fin, el pensamiento de la fe hará que los sirvientes respeten y obedezcan a sus señores, y esta obediencia cristiana les hará merecedores del favor divino." (A. Charue, "Las Epístolas Católicas", p. 455.) Realizaremos este ideal del cristiano gracias a la Redención siempre presente en el altar. Cada día nos recordará ella que el cristiano, siendo otro Cristo, debe sufrir como El para entrar en la gloria, y ella nos dará fuerzas para semejarnos a El.

jueves, 4 de mayo de 2017

CUENTOS CON MORALEJA: “DOÑA ANITA, LA MALPENSADA”


Por: Lucas Prados
Doña Anita era una octogenaria viuda que vivía en Padrón (La Coruña) allá por los años setenta. Tuvo la desgracia de enviudar a los dos meses de casada; pues su marido, su Pepe -como ella le llamaba-, murió en la guerra de Cuba siendo cabo primero.
De él sólo le quedó una preciosa fotografía, ya amarillenta, unas viejas sábanas de seda, que sólo se usaron cuatro noches, y una pensión del ejército, que con las últimas subidas llegaba a las 15.426 pesetas (unos 93 euros de ahora).
Con este fabuloso sueldo vivió doña Anita la gran mayor parte de su vida. Algunos cuentan que, como sabía coser, se ganaba también algunos dinerillos arreglando pantalones y cosiendo vestidos a las mujeres del pueblo. Sea lo que fuere, doña Anita se las tenía que arreglar con bastante menos de lo necesario para vivir dignamente. A pesar de su estrechez, siempre guardaba 100 pesetas para celebrarle cada día 25 del mes una Misa por el eterno descanso de su difunto marido.
El primer día del mes, como era su costumbre, fue muy temprano al banco a cobrar la pensión. Antonio el cajero, le dijo que se le habían acabado los billetes pequeños, por lo que tendría que esperar a que llegara el furgón con billetes a eso de las once o cobrar en billetes grandes. Ella respondió que le daba lo mismo. Así que Antonio le dio el importe de su pensión en billetes grandes: tres de 5.000 pesetas y el resto en monedas.
A doña Anita le alegró tener en las manos aquellos billetes nuevos que acababan de salir. Se hacía la ilusión que le había tocado un premio de la lotería, de la Navidad recién acabada; pero al mismo tiempo se llenó de temor ante el peligro de perderlos, por lo que pensó pedirle a don Evaristo el boticario, antiguo compañero de su marido en la guerra de Cuba, que se los cambiara.
Del banco se fue a la Iglesia para escuchar Misa de 10, como solía hacer todos los días. Acabada la Misa fue a la botica para pedirle al boticario que le cambiara los billetes, pero don Evaristo no estaba, por lo que se tuvo que ir a la casa con los billetes de 5.000 pesetas.
La mañana siguiente fue a la Iglesia de Santiago para escuchar Misa de 10 como siempre. Terminadas sus oraciones a San José y al resto de los santos que había en la Iglesia, fue al mercado a hacer la compra del día. Cuál fue su sorpresa, cuando al ir a pagar las verduras, descubrió que sus flamantes billetes de cinco mil habían desaparecido.
Doña Anita revolvió y volvió del revés su bolso. ¡Pero nada! Hizo cinco veces el camino que iba del mercado al banco, a la Iglesia y a su casa. ¡Sus billetes se habían esfumado! Buscó debajo de todos los bancos del templo, removió los muebles de su casa; incluso le rezó a San Antonio, patrono de las cosas perdidas. ¡Y nada! La angustia se hizo dueña de su corazón.
¿Cómo podría vivir ahora los treinta horribles e interminables días del mes sin un céntimo? Nadie le podía ayudar pues todas las personas que conocía en este mundo estaban ya en el otro. Así que, con lágrimas de desesperación se volvió a su casa.
Doña Anita vivía en el piso tercero de un edificio de seis plantas que construyó por los años 60 un antiguo alcalde con un dinero –según cuentan las malas lenguas – que había conseguido en no sé qué negocio de contrabando. Una vez que llegó a la casa, dejó en la mesa del comedor lo que llevaba en las manos, recuperó el resuello, y ya con algo más de serenidad, se dispuso a contar todas sus pertenencias y comprobar qué podía llevar a la casa de empeño para poder salir adelante siquiera unos días.
No le quedaba nada de valor por vender… salvo, las sábanas de seda viejísimas, un viejo reloj de cuco, una máquina de coser Singer y un viejo medallón que había pertenecido a su madre. ¡Pero vender eso sería como venderse a sí misma y quedarse sin ningún recuerdo y sin ningún medio con el que conseguir algo de dinero extra!
Malcomió aquel día los restos que encontró en la despensa. Esa noche se acostó temprano, pensando que el día siguiente sería mejor; pero le fue casi imposible conciliar el sueño. Oyó tocar el reloj del comedor a las diez, a las once…La verdad es que si apenas durmió en esa larguísima noche.
¡Eso es! -pensó entre dos angustiados sueños-. ¡Los billetes los perdí en el ascensor!
Se levantó temblando y, con un abrigo encima del camisón, salió a la escalera. ¡Pero ni en el ascensor ni en la escalera había nada! Regresó a su lecho sintiéndose como una condenada a muerte.
A la mañana siguiente, cuando salió a Misa – Dios era lo único que le quedaba-, pegó en la cabina del ascensor una tarjetita en la que anunciaba que, si alguien había encontrado 15.000 pesetas en tres billetes de cinco mil, hiciera el favor de devolvérselos a doña Anita Carballo (planta 3ª).
Conforme iba llegando a la Iglesia, le pareció que los demonios se le metían dentro. Con un corazón más tranquilo, pero con una mente más confusa, se puso el velo negro al entrar al templo, tomó agua bendita y se fue al segundo banco de la izquierda como solía hacer.
Aquella Misa fue la más angustiosa en la vida de doña Anita. Cuando el sacerdote comenzó a rezar el “Yo confieso”, se acordó de que ayer, en una de sus idas y venidas, se había cruzado en la escalera con la otra viuda del cuarto -a la que los vecinos llamaban, para distinguirla de ella, la viuda alegre, y no sin motivos- y había comprobado que acababa de estrenar un precioso bolso de cuero. En ese momento pensó:
¡Ahí estaban fundidos mis dineros! ¡Estaba claro como la luz del día!
Mientras el sacerdote leía el Evangelio, doña Anita recordó que las dos chicas del quinto -esas golfas que volvían todas las noches a las tantas, Dios sabe de dónde-, habían llegado ayer mucho más tarde de lo ordinario. Ella tembló ante el pensamiento de lo que aquellas dos perdidas habrían podido hacer con su dinero.
Cuando el sacerdote recitó el ofertorio vino al pensamiento de doña Anita su vecino del segundo, el carnicero. Un comunista malcarado, que ayer la miró al cruzarse con ella en la escalera, con una mirada aviesa y repulsiva.
¡Dios santo! ¿En qué habrá podido invertir el comunista mi dinero?
En la consagración fue don Fernando, el del primero, -ése que decían que vivía con una mujer que no era la suya- la víctima de las sospechas de doña Anita.
Y como la Misa aún duró diez minutos, al final fueron todos los vecinos, uno a uno, los seguros “apropiadores” de la sangre de nuestra viuda.
De vuelta ya en casa, aunque un poco triste porque no había comulgado ese día por sus malos pensamientos, cuando entró en su piso se le cayó el misal, y de él salieron algunas estampas y los billetes que había perdido. Lo primero que le vino a la mente fue pedirle perdón a Dios por haber pensado mal de todos sus vecinos. Acto seguido, se dijo a sí misma tonta y descuidada siete veces seguidas.
Ya más tranquila, cuando se disponía a salir jubilosa al mercado para hacer la compra, alguien llamó a su puerta. Era la viuda del cuarto, que, miren ustedes, había encontrado los billetes en el ascensor ¡tres!
Doña Anita le dio las gracias, le pidió disculpas, y le dijo que ya los había encontrado; que esos billetes serían de otra persona que los habría perdido. Estaba la viuda alegre saliendo cuando llamaron a la puerta las dos chicas del quinto, las “golfas”, diciendo que habían encontrado en la escalera los billetes. Luego fue el carnicero, y éste había encontrado no tres de cinco mil, sino quince billetes de mil nuevecitos y juntos. Después subió don Fernando repitiendo una historia parecida. Hay que ver qué casualidades ¡todos habían encontrado billetes ese día en la casa!
Mientras doña Anita lloraba por haber sido una malpensada, se dio cuenta de que el mundo era hermoso y la gente no era tan mala, y que era ella quien estropeaba el mundo con sus sucios pensamientos.
Visto en: Adelante la Fe

lunes, 1 de mayo de 2017

1º DE MAYO FESTIVIDAD DE SAN JOSÉ OBRERO Y DÍA DE LOS TRABAJADORES



El carpintero de Nazaret
Martirologio Romano: San José Obrero, el carpintero de Nazaret, que con su laboriosidad proveyó la subsistencia de María y de Jesús e inició al Hijo de Dios en los trabajos de los hombres. Por esta razón, en el día de hoy, en que se celebra la fiesta del trabajo en muchas partes del mundo, todos los obreros cristianos honran a san José como modelo y patrono suyo.

Breve Semblanza
Se cristianizó una fiesta que había sido hasta el momento la ocasión anual del trabajador para manifestar sus reivindicaciones, su descontento y hasta sus anhelos. Fácilmente en las grandes ciudades se observaba un paro general y con no menos frecuencia se podían observar las consecuencias sociales que llevan consigo la envidia, el odio y las bajas pasiones repetidamente soliviantadas por los agitadores de turno. En nuestro occidente se aprovechaba también ese momento para lanzar reiteradas calumnias contra la Iglesia que era presentada como fuerza aliada con el capitalismo y consecuentemente como el enemigo de los trabajadores.
Fue después de la época de la industrialización cuando toma cuerpo la fiesta del trabajo. Las grandes masas obreras han salido perjudicadas con el cambio y aparecen extensas masas de proletarios. También hay otros elementos que ayudan a echar leña al fuego del odio: la propaganda socialista-comunista de la lucha de clases.
Era entonces una fiesta basada en el odio de clases con el ingrediente del odio a la religión. Calumnia dicha por los que, en su injusticia, quizá tengan vergüenza de que en otro tiempo fuera la Iglesia la que se ocupó de prestar asistencia a sus antepasados en la cama del hospital en que murieron; o quizá lanzaron esas afirmaciones aquellos que un tanto frágiles de memoria olvidaron que los cuidados de la enseñanza primera los recibieron de unas monjas que no les cobraban a sus padres ni la comida que recibían por caridad; o posiblemente repetían lo que oían a otros sin enterarse de que son la Iglesia aquellas y aquellos que, sin esperar ningún tipo de aplauso humano, queman sus vidas ayudando en todos los campos que pueden a los que aún son más desafortunados en el ancho mundo..
El día 1 de Mayo del año 1955, el Papa Pío XII, instituyó la fiesta de San José Obrero. Una fiesta bien distinta que ha de celebrarse desde el punto de partida del amor a Dios y de ahí pasar a la vigilancia por la responsabilidad de todos y de cada uno al amplísimo y complejo mundo de la relación con el prójimo basada en el amor: desde el trabajador al empresario y del trabajo al capital, pasando por poner de relieve y bien manifiesta la dignidad del trabajo -don de Dios- y del trabajador -imagen de Dios-, los derechos a una vivienda digna, a formar familia, al salario justo para alimentarla y a la asistencia social para atenderla, al ocio y a practicar la religión que su conciencia le dicte; además, se recuerda la responsabilidad de los sindicatos para logro de mejoras sociales de los distintos grupos, habida cuenta de las exigencias del bien de toda la colectividad y se aviva también la responsabilidad política del gobernante. Todo esto incluye ¡y mucho más! la doctrina social de la Iglesia porque se toca al hombre al que ella debe anunciar el Evangelio y llevarle la Salvación; así mantuvo siempre su voz la Iglesia y quien tenga voluntad y ojos limpios lo puede leer sin tapujos ni retoques en Rerum novarum, Quadragesimo anno, entre otros documentos. Dar doctrina, enseñar donde está la justicia y señalar los límites de la moral; recordar la prioridad del hombre sobre el trabajo.
Nada más natural que fuera el titular de la nueva fiesta cristiana José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús, el trabajador que no lo tuvo nada fácil a pesar de la nobilísima misión recibida de Dios para la Salvación definitiva y completa de todo hombre; es uno más del pueblo, el trabajador nato que entendió de carencias, supo de estrecheces en su familia y las llevó con dignidad, sufrió emigración forzada, conoció el cansancio del cuerpo por su esfuerzo, sacó adelante su responsabilidad familiar; es decir, vivió como vive cualquier trabajador y probablemente tuvo dificultades laborales mayores que muchos de ellos; se le conoce en su tiempo como José «el artesano» y a Jesús se le da el nombre descriptivo de «el hijo del artesano». Y, por si fuera poco, los designios de Dios cubrían todo su compromiso.
Esta fiesta sugiere honra a Dios, descanso y regocijo. Pues, ánimo. Honremos a Dios santificando el trabajo diario con el que nos ganamos el pan, descansemos hoy de la labor y disfrutemos la alegría que conlleva compartir lo nuestro con los demás.