EN EL 800 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE NUESTRO SANTO PATRÓN

Caballero y religioso, patriarca y rey, su mayor título de gloria era el de haber vivido siempre bajo la mirada de Dios y al servicio de Su Divina Majestad

San Luis IX, rey y patrón de Francia, como así también de Ntra. Soc. Religiosa, es una de esas almas fecundas en santidad bajo aspectos variados. La amplitud de sus empresas y la diversidad de las facetas de su vida inspiraron a un famoso escritor francés a afirmar que en él “no sabemos qué admirar más si el caballero, el religioso, el patriarca, el rey o el hombre".

Puede ser considerado, ante todo, un hombre que quería vivir bajo la mirada de Dios. Raramente se vio persona tan compenetrada de pertenecer más al Cielo que a la Tierra. Al punto de que Joinville, su fiel amigo y biógrafo, resumía así su vida: “Este santo hombre amó a Dios con todo su corazón y lo imitó en sus obras".

miércoles, 23 de julio de 2014

BASES DEL HUMANISMO CRISTIANO: Discursos y Mensajes de S.S. Pío XII (1949)


El humanismo constituye hoy la orden del día. Sin duda alguna existe una gran dificultad en formar y reconocer, al través de su evolución histórica, un claro concepto de su naturaleza. Con todo, aunque el humanismo declaró por mucho tiempo estar opuesto formalmente a la edad media que le precedió, lo cierto es que todo lo que contiene de verdadero, de bueno, de grande y de eterno pertenece al mundo espiritual del más grande de los genios del Medioevo, Santo Tomás de Aquino.
El Humanismo es problema de actualidad
En líneas generales, el concepto del hombre y del mundo, trazado por la perspectiva cristiana y católica, sigue siendo esencialmente el mismo, de donde es igual en San Agustín, Santo Tomás y Dante, como sigue siendo el mismo en la filosofía cristiana moderna. La obscuridad de ciertas cuestiones filosóficas y teológicas, que han sido aclaradas y gradualmente resueltas con el transcurso de los años, no disminuye un ápice la realidad de este hecho.
Sin hacer caso a las opiniones veleidosas que han aparecido en diversos períodos de la historia, la Iglesia ha afirmado el valor de todo lo humano y de todo lo que está en conformidad con la naturaleza, y sin titubeo ninguno ha tratado de desenvolver este valor y colocarlo en su propio y evidente lugar.
Por eso no admite, por ejemplo, que el hombre sea, a los ojos de Dios, simple corrupción y pecado; por el contrario, a los ojos de la Iglesia, el pecado original no afectó íntimamente las aptitudes y las fuerzas internas del hombre, sino que, por el contrario, dejó esencialmente intactos la luz natural de su inteligencia, y su libre albedrío. Ciertamente el hombre en su ser se encuentra herido y debilitado por la pesada herencia de una naturaleza caída, privada de los dones sobrenaturales y preternaturales. Empero, él debe hacer un esfuerzo para observar la ley natural, con la poderosa ayuda de la gracia de Cristo, para que pueda vivir como el honor de Dios y su dignidad de hombre lo exigen.
La ley natural, he aquí el fundamento en que descansa la doctrina social de la Iglesia. Es precisamente su concepción cristiana de la vida lo que ha inspirado y sostenido a la Iglesia, al levantar esta doctrina sobre tales fundamentos. Cuando lucha y vence por defender su propia libertad, lo hace realmente por la verdadera libertad y por los derechos fundamentales del hombre. A sus ojos estos derechos esenciales son tan inviolables, que no hay razón de Estado ni pretexto de un bien común que puedan prevalecer contra ellos. Están protegidos y custodiados por una muralla inexpugnable, y hasta sus bases puede el bien común legislar como quiera, mas no puede traspasar esta muralla, no puede tocar siquiera estos derechos, porque constituyen lo más precioso del bien común, precisamente.
Si se hubiera respetado este principio, cuántas tragedias y catástrofes y cuántos peligros amenazadores podrían evitarse. Este simple principio podría por sí solo renovar la faz social y política del mundo.
fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Cuando ella lucha por su libertad, lucha en verdad por la libertad y los derechos humanos, que no pueden ser violados por ninguna razón de Estado ni pretexto de bien común.
Mas, ¿quién, sin embargo, va a rendir este respeto incondicional a los derechos del hombre, sino el que sabe que vive bajo la mirada omnisciente de un Dios personal?
Un sentido común sano puede hacer muchísimo cuando acepta lo que la fe cristiana enseña: puede salvar al hombre de las garras de la tecnocracia y del materialismo.
El destino del hombre no descansa en un “Geworfensein”, en un abandono absoluto. El hombre es la criatura de Dios, y vive constantemente bajo su guía y bajo la vigilancia de su Providencia paternal. Laboremos, entonces, por revivir en las nuevas generaciones la confianza en Dios, en sí mismas, y en el futuro, y de este modo, hagamos posible la aurora de un orden más tolerable y feliz.

Octubre 12. A los miembros de la Convención Internacional de Estudios Humanísticos.

lunes, 14 de julio de 2014

SAN BUENAVENTURA, OBISPO, CONFESOR Y DOCTOR (1218-1274)



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San Buenaventura –Juan de Fidanza– nació en Bañorea (Bagnoreggio), pequeña ciudad italiana en las cercanías de Viterbo. Un hecho milagroso ilumina su niñez como prenuncio de lo que sería su vida. Estando gravemente enfermo, su atribulada madre lo encomendó y consagró a San Francisco de Asís, por cuya intercesión y méritos recuperó la salud. Llegado a los umbrales de la juventud se afilió a la Orden fundada por su bienhechor, atraído, según el mismo Santo confiesa, por el hermoso maridaje que entre la sencillez evangélica y la ciencia veía resplandecer en la Orden franciscana. En las aulas de la universidad de París, a la sazón lumbrera del saber, escuchó las lecciones de los mejores maestros de la época a la vez que atendía con ardoroso empeño a su formación espiritual en la escuela del Pobrecillo de Asís. Sus bellas cualidades de mente y corazón, perfeccionadas por la gracia, le atrajeron la simpatía y admiración de sus maestros y condiscípulos. Alejandro de Hales decía que parecía no haber pecado Adán en Buenaventura. Durante un decenio enseñó en París con aplauso unánime. Y, cuando apenas contaba treinta y seis años, la Orden, reunida en Roma en Capítulo, le eligió por su ministro general el 2 de febrero de 1257.

A lo largo de dieciocho años viajará incansable a través de Francia e Italia, llegando a Alemania por el norte, y por el sur a España; celebrará Capítulos generales y provinciales y proveerá con clarividencia a las necesidades de la Orden, para entonces extendida por todo el mundo antiguo conocido, en cuanto a la legislación y a los estudios, y sobre todo en cuanto a la observancia de la regla, para la que señaló el justo término medio, equidistante del rigorismo intransigente y de la relajación condenable. Sus normas de gobierno son en lo substancial válidas aún hoy, después de siete siglos. Con toda razón puede llamársele en cierto sentido el segundo fundador de la Orden de Francisco de Asís, del que escribió, a petición de los frailes, una biografía, modelo en el género por la serenidad crítica, amor filial y arte literario que la hermosean.

Predicaba con frecuencia impulsado de su celo por el bien de las almas. Papas y reyes, como San Luis, rey de Francia, universidades, corporaciones eclesiásticas y especialmente comunidades religiosas de ambos sexos eran sus auditorios. Los papas le distinguieron con su aprecio, consultándole en cuestiones graves del gobierno de la Iglesia. Gregorio X (1271-76), que por consejo del Santo había sido elevado al sumo pontificado, nombróle cardenal, le consagró obispo él mismo y le retuvo a su lado para preparar el segundo concilio ecuménico de Lyón, en el que el Seráfico Doctor dirigió los debates y por su mano se realizó la unión de los griegos disidentes a la Iglesia de Roma. Fue el remate glorioso de una vida consagrada al bien de la Iglesia y de su Orden. Pocos días después, el 15 de julio de 1274, entregaba a Dios su bendita alma en medio de la consternación y tristeza del concilio, que se había dejado ganar por el irresistible encanto de su personalidad y por la santidad de su vida. El Papa mandó –caso único en la historia– que todos los sacerdotes del mundo dijeran una misa por su alma.

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Si fue ingente la acción de San Buenaventura como hombre de gobierno, viendo los once gruesos volúmenes in folio de sus obras, hay que convenir que no fue inferior la que desarrolló en el aspecto científico. En los años de docencia en la universidad parisiense escribió comentarios a la Biblia y a las Sentencias de Pedro Lombardo. De la época de su gobierno nos quedan obras teológicas, apologías en que defiende la perfección evangélica y las Ordenes mendicantes de los ataques de sus adversarios, muchos centenares de sermones y opúsculos místicos; algunos, como el Itinerario del alma a Dios, son joyas inapreciables de la mística de todos los tiempos. En sus obras hallamos la síntesis definitiva del agustinismo medieval y la idea de Cristo, centro de la creación, y además la síntesis más completa de la mística cristiana. Todo ello presentado con claridad y precisión escolásticas, a la par que en un estilo armonioso y elegante como de maestro, no sólo en las ideas, sino también en el decir. Sobre todas las otras cualidades de que están sus escritos adornados resalta una peculiar fuerza divina que el papa Sixto IV descubre en sus obras que arrastra y enfervoriza a las almas. Es la unción espiritual que rezuman todas sus páginas. Y no podía ser de otra manera, ya que la ciencia bonaventuriana no es frío ejercicio de la inteligencia, sino sabiduría, sabor de la ciencia sagrada vivida y practicada. Es, pues, muy comprensible el influjo inmenso del magisterio del santo doctor en la posteridad. Ideas y estímulos han bebido a caño libre en sus páginas maestros de la espiritualidad y almas sedientas de perfección. También en nuestra patria han sido editados repetidamente sus opúsculos auténticos y aun los espurios, pero inspirados en su espíritu o compuestos con retazos de sus obras.
En medio de actividad tan desbordante el ministro general de la Orden seráfica fue ascendiendo por las vías de la santidad hasta su cumbre más cimera. No es solamente un teólogo que puede dar razón adecuada de los fenómenos místicos merced a los profundos conocimientos que de la ciencia sagrada posee. Es parejamente un varón experimentado, que ha vivido, por lo menos, algunos de los fenómenos que analiza. Se juntan, por tanto, en su persona ciencia y experiencia. Mas no vaya a creerse que, antes de pisar las alturas de la unión mística, no tuviera el Doctor Seráfico que mantener recias luchas consigo mismo y con sus torcidas inclinaciones. Nada más aleccionador que la Carta que contiene veinticinco memoriales de perfección, breve código ascético, de valor inestimable por lo que de autobiográfico encierra. Leyéndola se columbran los esfuerzos que hizo para desligar su corazón de todo afecto desordenado de las criaturas y lograr una extremada exquisitez de conciencia y se entrevén sus progresos en el ejercicio de las virtudes. Entre sus virtudes preferidas están la humildad y la pobreza, la oración, la mortificación y la paciencia. Una ingenua leyenda, no comprobada, nos le muestra lavando la vajilla conventual en el preciso momento que llegan con las insignias cardenalicias los enviados del Papa. Si el hecho no es real, simboliza exactamente la humildad del Santo en medio de los mayores éxitos y honores. En el desempeño de su cargo brillaron su prudencia, su humilde llaneza y amor de padre en atender a sus súbditos de cualquier categoría que fuesen. La piedad bonaventuriana es marcadamente cristocéntrica y mariana. Puso todo su empeño en imitar a Cristo, camino del alma. La Pasión sacratísima era el objeto preferido de sus meditaciones y amores seráficos. Todos los días dedicaba un obsequio especial a la Virgen Santísima y en honor suyo ordenó a sus religiosos que predicasen al pueblo la piadosa costumbre de saludarla con el rezo del Ángelus. Tenerle devoción equivalía para el Santo a imitarla en su pureza y humildad.

El papa Sixto IV le canonizó el año 1482. En 1588 le proclamó doctor de la Iglesia Sixto V, asignándole el título de Doctor Seráfico. El sapientísimo León XIII le declaró príncipe de la mística. Y Pío XII exhortaba recientemente a los cultivadores de las ciencias eclesiásticas con palabras de San Buenaventura a unir el estudio con la práctica y la unción espiritual.

* * *

Grandiosa fue la actividad del Santo de Bañorea como sacerdote, como prelado y como sabio. Pero ni la ciencia ni la acción secaron su espíritu. Espoleado de abrasante amor a Dios y al prójimo, vivió una intensa vida interior, savia que empapaba toda su actividad de efluvios sobrenaturales. Secreto resorte de todo dinamismo sobrenaturalmente fecundo ha sido siempre una robusta vida interior. Es la lección perenne que el Santo nos brinda con las enseñanzas de su magisterio y el ejemplo de su vida. Es el camino que con gesto amable y persuasivo señala a las almas que no quieran dejarse arrastrar por este mundo ahíto de técnica, de adelantos, de prisas y velocidades supersónicas, amenazado, en cambio, de un espantoso vacío interior.

Juan Meseguer, O.F.M., San Buenaventura,
en Año Cristiano, Tomo III, 
Madrid, Ed. Católica (BAC 185), 1959, pp. 121-125.

viernes, 11 de julio de 2014

LAS TRIBULACIONES


Son una ocasión excelente que tiene Dios para ejercitarnos en la virtud y de castigar nuestros pecados; y esto mismo es propio de la insuperable misericordia divina.
Además si sabemos llevar las tribulaciones con paciencia y humildad, a imitación de nuestro Señor Jesucristo y de los santos, podemos esperar que el Señor querrá coronarnos en el cielo.
Es, pues, estrecho el camino que conduce a la Vida, Vida eterna tanto más feliz cuanto más estrecho sea el camino. La tribulación es el instrumento más idóneo para purificarnos como el fuego del amor a las cosas de la tierra, para liberarnos de la expectación de comodidades y alabanzas humanas, cosa muy propia de nuestra naturaleza enviciada (…) La tribulación nos pone en el camino de la humildad, que tanto nos hace falta (…) porque nos lleva al conocimiento de nuestra bajeza y a considerar que es muy conveniente la desgracia que nos ocurre.
“Si Dios verdaderamente le agradase forzarme a buscar la santidad por medio de las tribulaciones; si por ellas se aumentase en mí el santo temor de Dios, el afecto a la oración, a la humildad y a la caridad; si por las tribulaciones se acrecentase en mí el aprecio a la mortificación, el desprecio del mundo y el celo por la salvación de las almas, yo rogaría que el Señor no apartase su mano de la corrección y todo mi consuelo estaría en que no me perdonara dolores ni aflicción, con tal de que este fruto de santidad siempre existiese en mí”

martes, 8 de julio de 2014

¿QUÉ HACE UN PADRE -CURA- EN FACEBOOK?


Por: "Pbro" Fernando Cerero Ugarte

Esta es una pregunta que hoy me han hecho. Me han preguntado por qué estoy en el Facebook, que si a caso no debería estar celebrando la Misa.
Hay personas que se quedaron con la imagen del cura del rancho -pueblo- allá encerrado entre la sacristía y el confesionario esperando entre velas que las almas devotas vinieran solas a la confesión o a la celebración de la Misa. Los padrecitos con sotana y breviario en mano esperando a ver que cliente llega para algún sacramento o bendición.
Los tiempos han cambiado y quizá nunca fueron como lo presentaban las películas melosas del siglo de oro del cine mexicano. Los sacerdotes de hoy vivimos en medio de una jungla humana que se debate entre el desprecio por la Iglesia y un anhelo de pertenecerle al mismo tiempo, quieren a Dios pero sin los compromisos de Dios. Los católicos de hoy a diferencia de ayer no se saben ni siquiera los mandamientos de memoria.
¿Saben que hago en el Facebook? buscando a mis ovejas, las ovejas que el Señor me mando a buscar, no están en sus casas, no están en los campos, no están en las colinas, muchos de ellos están en las redes sociales. En la misa les predico quizá a cincuenta, en una publicación a mil personas por lo menos.
¿Qué hago en el Facebook? lo convierto en un púlpito para gritar el Evangelio, la verdad creo que no hago mucho, pero al menos hago mi esfuerzo.
Por esto, no me llamen a la Capilla porque estoy en el Facebook ...
 https://www.facebook.com/samuel.molina.946179

miércoles, 2 de julio de 2014

ORACIÓN DEL BUEN HUMOR DE SANTO TOMAS MORO (1477-1535)


Dame, Señor, una buena digestión
y naturalmente, algo que digerir.
Dame la salud del cuerpo 
y el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa 
que guarde el recuerdo de todo lo que es bueno, bello y puro, 
para que, al ver el pecado, no me asuste, 
sino que encuentre el medio de arreglar las cosas.

Dame un alma que no conozca el aburrimiento 
ni la murmuración, quejas o lamentos, y no sepa gemir ni suspirar, 
y haz que no me inquiete, ni de importancia 
a eso tan embarazoso que llamo "yo".

Dame, Señor, el sentido del humor; 
dame la gracia de saber aceptar las bromas 
para que pueda sacarle a la vida un poco de alegría 
y la haga participar también a los demás. Amén

lunes, 30 de junio de 2014

TRADICIONAL FOGATA DE SAN JUAN, SAN PEDRO Y SAN PABLO


Como todos los años nuevamente se llevó acabo en la Provincia de La Pampa la tradicional fogata y la quema del Diablo. A pesar de las bajas temperaturas y del viento pampeano el Padre Gustavo Peña acompañado de un grupo de niños y jóvenes organizaron el fogón, el Padre explicó en breves palabras la vida y el martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo,  luego rezaron y cantaron junto a una imagen del Sgdo. Corazón de Jesús y para finalizar compartieron un ágape en casa de una familia amiga de nuestra Sociedad Religiosa; algunos de los padres de los niños se comprometieron para el próximo año organizar un buen asado,  desde ya le hemos tomado la palabra.










jueves, 26 de junio de 2014

SOBRE EL "NUEVO" SALTERIO LATINO



Claro ejemplo de que los trapos no hacen la ortodoxia Católica
Tomado del blog amigo: En Gloria y Majestad


Nota importante del Blog: después de pensar por algún tiempo, hemos decidido publicar el siguiente artículo del P. Bea sobre la nueva traducción del Salterio. Decimos que nos hemos decidido porque no se nos oculta ni la resistencia que la misma ha tenido y tiene aún hoy en ciertos ámbitos, como así tampoco el hecho de cuán nefasto terminó siendo Bea, cuya vera máscara pudo apreciarse allá por los ´60. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro nos parecen razones suficientes para no publicar el artículo en cuestión y esto por varios motivos. En lo que respecta al autor nada tenemos que decir excepto dos cosas: por un lado que Bea no fue el único traductor sino que a su lado estaban otros cinco grandes escrituristas (Vaccari, Zorell, Merk (a la sazón confesor de Pío XII), Semkowski y Kobert) y por otro lado, aunque hubiera sido el único, no debemos mirar quién lo dice sino lo-que dice. En cuanto a las críticas que hemos leído y/o escuchado al respecto ninguna ataca la traducción en sí sino otros aspectos completamente ajenos a la misma, con lo cual creemos del todo inútil discutir esos puntos. Sólo estaremos dispuestos a discutir, caso que alguien quisiera hacerlo, o la oportunidad/necesidad de la traducción o la traducción en sí misma.
Además, no es preciso ser un traductor para saber cuán imperfecta es una traducción de una traducción, como es el caso de los Salmos de la Vulgata, que dependen de los LXX. Creemos que con esta medida, que seguramente hubiera sido introducida poco a poco en el resto de la liturgia (como de hecho comenzó a hacerse) el gran Pío XII realizó uno de los actos más importantes no sólo de su pontificado sino, audemus dicere, de los últimos siglos de la Iglesia, en lo que respecta a la Liturgia y a las SSEE.
Podríamos transcribir, sea otros artículos del mismo Bea donde desarrolla varios de los puntos tratados aquí, sea artículos de otros autores en defensa del Nuevo Salterio pero nos parece que con esto será suficiente.
No queremos cerrar esta larga nota sin antes hacer mención de otro argumento en pro desta traducción directa del original y es que, siguiendo a grandes exégetas como Lacunza y CaballeroSánchez, creemos que muchos (si es que no son todos) los Salmos tienen un viso profético y que se refieren ora a la última Semana escatológica, ora al Milenio mismo. Con esto en mente, es fácil comprobar cuán importante es para el exégeta Católico una traducción lo más fielmente posible al original hebreo.

Continúe leyendo en:  http://engloriaymajestad.blogspot.com.ar/2012/08/el-nuevo-salterio-latino.html

martes, 24 de junio de 2014

NATIVIDAD DE SAN JUAN BAUTISTA


Origen de la fiesta
La Iglesia celebra normalmente la fiesta de los santos en el día de su nacimiento a la vida eterna, que es el día de su muerte. En el caso de San Juan Bautista, se hace una excepción y se celebra el día de su nacimiento. San Juan, el Bautista, fue santificado en el vientre de su madre cuando la Virgen María, embarazada de Jesús, visita a su prima Isabel, según el Evangelio.
Esta fiesta conmemora el nacimiento "terrenal" del Precursor. Es digno de celebrarse el nacimiento del Precursor, ya que es motivo de mucha alegría, para todos los hombres, tener a quien corre delante para anunciar y preparar la próxima llegada del Mesías, o sea, de Jesús. Fue una de las primeras fiestas religiosas y, en ella, la Iglesia nos invita a recordar y a aplicar el mensaje de Juan.

El nacimiento de Juan Bautista
Isabel, la prima de la Virgen María estaba casada con Zacarías, quien era sacerdote, servía a Dios en el templo y esperaba la llegada del Mesías que Dios había prometido a Abraham. No habían tenido hijos, pero no se cansaban de pedírselo al Señor. Vivían de acuerdo con la ley de Dios.
Un día, un ángel del Señor se le apareció a Zacarías, quien se sobresaltó y se llenó de miedo. El Árcangel Gabriel le anunció que iban a tener un hijo muy especial, pero Zacarías dudó y le preguntó que cómo sería posible esto si él e Isabel ya eran viejos. Entonces el ángel le contestó que, por haber dudado, se quedaría mudo hasta que todo esto sucediera. Y así fue.
La Virgen María, al enterarse de la noticia del embarazo de Isabel, fue a visitarla. Y en el momento en que Isabel oyó el saludo de María, el niño saltó de júbilo en su vientre. Éste es uno de los muchos gestos de delicadeza, de servicio y de amor que tiene la Virgen María para con los demás. Antes de pensar en ella misma, también embarazada, pensó en ir a ayudar a su prima Isabel.
El ángel había encargado a Zacarías ponerle por nombre Juan. Con el nacimiento de Juan, Zacarías recupera su voz y lo primero que dice es: "Bendito el Señor, Dios de Israel". 
Juan creció muy cerca de Dios. Cuando llegó el momento, anunció la venida del Salvador, predicando el arrepentimiento y la conversión y bautizando en el río Jordán.

La predicación de Juan Bautista
Juan Bautista es el Precursor, es decir, el enviado por Dios para prepararle el camino al Salvador. Por lo tanto, es el último profeta, con la misión de anunciar la llegada inmediata del Salvador.
Juan iba vestido de pelo de camello, llevaba un cinturón de cuero y se alimentaba de langostas y miel silvestre. Venían hacia él los habitantes de Jerusalén y Judea y los de la región del Jordán. Juan bautizaba en el río Jordán y la gente se arrepentía de sus pecados. Predicaba que los hombres tenían que cambiar su modo de vivir para poder entrar en el Reino que ya estaba cercano. El primer mensaje que daba Juan Bautista era el de reconocer los pecados, pues, para lograr un cambio, hay que reconocer las fallas. El segundo mensaje era el de cambiar la manera de vivir, esto es, el de hacer un esfuerzo constante para vivir de acuerdo con la voluntad de Dios. Esto serviría de preparación para la venida del Salvador. En suma, predicó a los hombres el arrepentimiento de los pecados y la conversión de vida.
Juan reconoció a Jesús al pedirle Él que lo bautizara en el Jordán. En ese momento se abrieron los cielos y se escuchó la voz del Padre que decía: "Éste es mi Hijo amado...". Juan dio testimonio de esto diciendo: "Éste es el Cordero de Dios...". Reconoció siempre la grandeza de Jesús, del que dijo no ser digno de desatarle las correas de sus sandalias, al proclamar que él debía disminuir y Jesús crecer porque el que viene de arriba está sobre todos.
Fue testigo de la verdad hasta su muerte. Murió por amor a ella. Herodías, la mujer ilegítima de Herodes, pues era en realidad la mujer de su hermano, no quería a Juan el Bautista y deseaba matarlo, ya que Juan repetía a Herodes: "No te es lícito tenerla". La hija de Herodías, en el día de cumpleaños de Herodes, bailó y agradó tanto a su padre que éste juró darle lo que pidiese. Ella, aconsejada por su madre, le pidió la cabeza de Juan el Bautista. Herodes se entristeció, pero, por el juramento hecho, mandó que le cortaran la cabeza de JuanBautista que estaba en la cárcel.

¿Qué nos enseña la vida de Juan Bautista?
Nos enseña a cumplir con nuestra misión que adquirimos el día de nuestro bautismo: ser testigos de Cristo viviendo en la verdad de su palabra; transmitir esta verdad a quien no la tiene, por medio de nuestra palabra y ejemplo de vida; a ser piedras vivas de la Iglesia, Nos enseña a reconocer a Jesús como lo más importante y como la verdad que debemos seguir. Nosotros lo podemos recibir en la Eucaristía todos los días.
Nos hace ver la importancia del arrepentimiento de los pecados y cómo debemos acudir con frecuencia al sacramento de la confesión.
Podemos atender la llamada de Juan Bautista reconociendo nuestros pecados, cambiando de manera de vivir y recibiendo a Jesús en la Eucaristía.
El examen de conciencia diario ayuda a la conversión, ya que con éste estamos revisando nuestro comportamiento ante Dios y ante los demás.

viernes, 20 de junio de 2014

DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL SANTO BAUTISMO TOMADO DEL CATECISMO DE SAN PÍO X



DEL BAUTISMO 

1º.- Naturaleza y efectos del Bautismo 

Imagen venerada en ntro. Oratorio de Misiones
552.- ¿Qué es el sacramento del Bautismo? - El Bautismo es un sacramento por el cual renacemos a la gracia de Dios y nos hacemos cristianos. 
553.- ¿Cuáles son los efectos del sacramento del Bautismo? - El Sacramento del Bautismo confiere la primera gracia santificante, por la que se perdona el pecado original, y también los actuales, si los hay; remite toda la pena por ellos debida; imprime el carácter de cristianos; nos hace hijos de Dios, miembros de la Iglesia y herederos de la gloria y nos habilita para recibir los demás sacramentos. 
554.- ¿Cuál es la materia del Bautismo? - La materia del Bautismo es el agua natural que se vierte sobre la cabeza del bautizando, en tal cantidad que corra. 
555.- ¿Cuál es la forma del bautismo? - La forma del Bautismo es ésta: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

2º.- Ministro del Bautismo

556.- ¿A quién pertenece administrar el Bautismo? - Administrar el Bautismo pertenece por derecho al Obispo y a los párrocos; pero, en caso de necesidad, cualquier persona puede administrarlo, sea hombre o mujer, y aun hereje o infiel, con tal que cumpla el rito del Bautismo y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia.
557.- ¿Quién deberá administrar el Bautismo cuando hay necesidad de bautizar a quien está en peligro de muerte y se hallan muchos presentes? - Cuando hay necesidad de bautizar a quien está en peligro de muerte y se hallan muchos presentes, debe bautizar el sacerdote si lo hay; en su ausencia, un eclesiástico de orden inferior; en ausencia de éste, el varón seglar con preferencia a la mujer, si ya la mayor pericia de la mujer, o la decencia, no demandasen otra cosa. 
Bautismo el 15 de Junio
558.- ¿Que intención debe tener el que bautiza? - El que bautiza debe tener intención de hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. 

3º.- Rito del Bautismo y disposiciones del adulto que lo recibe 

559.- ¿Cómo se administra el Bautismo? - Se administra el Bautismo derramando agua sobre la cabeza del bautizado o, si no se puede en la cabeza, en otra parte principal del cuerpo, y diciendo al mismo tiempo: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
560.- ¿Quedaría bautizada la persona si uno vertiese el agua y otro dijese las palabras? - Si uno vertiese el agua y otro pronunciase las palabras, no quedaría la persona bautizada, porque es preciso que sea el mismo el que vierta el agua y el que pronuncia las palabras. 
561.- Cuando se duda si la persona está muerta, ¿hay que dejar de bautizarla? - Cuando se duda si la persona está muerta, hay que bautizarla condicionalmente, diciendo: “Si estás vivo, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
562.- ¿Cuándo hay que llevar a los niños a la Iglesia para que los bauticen? - Hay que llevar a los niños lo más pronto posible a la Iglesia para que los bauticen. 
563.- ¿Por qué tanta prisa en bautizar a los niños? - Hay que darse prisa en bautizar a los niños, porque están expuestos por su tierna edad a muchos peligros de muerte, y no pueden salvarse sin el Bautismo. 
564.- ¿Pecarán, pues, los padres y las madres que por negligencia dejen morir a sus hijos sin Bautismo o lo dilatan? - Si, señor; los padres y madres que por negligencia dejan morir a los hijos sin Bautismo, pecan gravemente porque les privan de la vida eterna, y pecan también gravemente dilatando mucho el Bautismo, porque los exponen al peligro de morir sin haberlo recibido. 
565.- ¿Qué disposiciones ha de tener el adulto que se bautiza? - El adulto que se bautiza ha de tener, además de la fe, intención de bautizarse, dolor a lo menos imperfecto de los pecados mortales que hubiere cometido, y suficiente instrucción religiosa. 
566.- ¿Qué recibiría el adulto que se bautizase en pecado mortal sin dolor de los pecados? - El adulto que se bautizase en pecado mortal sin dolor de los pecados, recibiría el carácter del Bautismo, más no la remisión de los pecados ni la gracia santificante. Estos efectos quedarían en suspenso hasta que quitase el impedimento con el dolor perfecto o con el sacramento de la Penitencia.


Oratorio San Antonio y Virgen de Itatí en Misiones

jueves, 19 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La Iglesia después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar al Sacramento por excelencia, que , sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos pingües de la Redención (Or.). Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de su Pasión (Or.). El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa "anuncia la muerte del Señor" (Ep.). Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en cuerpo de Cristo, y luego el vino en su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies.

"Comiendo las víctimas, se participa del sacrificio"(1), y así, la Eucaristía fué instituída en forma de alimento (Alel.), a fin de que pudiésemos comulgar de la Víctima del Calvario. La Hostia santa se convierte en "trigo que nutre nuestras almas" (intr.).

Los cristianos participan de vida eterna (Ev.) uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo de la unidad (Secr.).

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por la Eucaristía es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el cielo (Posc.), porque "el Pan mismo de los Angeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo comeremos después en el cielo ya sin velos (Conc. Trid.).

Veamos en la misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención (Or.).

(1) "La celebración de la misa tiene el mismo valor que la muerte de Jesucristo", dice S. Juan Crisóstomo.

lunes, 16 de junio de 2014

¿FUE INFALIBLE EL CONCILIO VATICANO SEGUNDO?






Si Ud. cree que Juan Bautista Montini -alias- Paulo VI fue un verdadero Papa ya sea formal o simplemente material, 

LA RESPUESTA ES SÍ