EN EL 800 ANIVERSARIO DEL NACIMIENTO DE NUESTRO SANTO PATRÓN

Caballero y religioso, patriarca y rey, su mayor título de gloria era el de haber vivido siempre bajo la mirada de Dios y al servicio de Su Divina Majestad

San Luis IX, rey y patrón de Francia, como así también de Ntra. Soc. Religiosa, es una de esas almas fecundas en santidad bajo aspectos variados. La amplitud de sus empresas y la diversidad de las facetas de su vida inspiraron a un famoso escritor francés a afirmar que en él “no sabemos qué admirar más si el caballero, el religioso, el patriarca, el rey o el hombre".

Puede ser considerado, ante todo, un hombre que quería vivir bajo la mirada de Dios. Raramente se vio persona tan compenetrada de pertenecer más al Cielo que a la Tierra. Al punto de que Joinville, su fiel amigo y biógrafo, resumía así su vida: “Este santo hombre amó a Dios con todo su corazón y lo imitó en sus obras".

domingo, 27 de julio de 2014

DOMINGO VII DESPUÉS DE PENTECOSTES - Los "pseudo" profetas (Por el Padre Leonardo Castellani)



Continuación del Sto. Evangelio según San Mateo: 7,15-21

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuidaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se cogen uvas de los espinos, o higos de los zarzales? Así, todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo produce frutos malos. No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego. Así, pues, por sus frutos los conoceréis. No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos; sino el que hiciere la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos.


sábado, 26 de julio de 2014

ORACIONES POR NUESTROS DIFUNTOS


ORACIÓN AL FALLECIMIENTO
DE UN SER QUERIDO

¡Oh Jesús, único consuelo en las horas eternas del dolor, único consuelo sostén en el vacío inmenso que la muerte causa entre los seres queridos! Tú, Señor, a quién los cielos, la tierra y los hombres vieron llorar en días tristísimos; Tú, Señor, que has llorado a impulsos del más tierno de los cariños sobre el sepulcro de un amigo predilecto; Tú, ¡oh Jesús! que te compadeciste del luto de un hogar deshecho y de corazones que en él gemían sin consuelo; Tú, Padre amantísimo, compadécete también de nuestras lágrimas. Míralas, Señor, cómo sangre del alma dolorida, por la perdida de aquel que fue deudo queridísimo, amigo fiel, cristiano fervoroso. ¡Míralas, Señor, como tributo sentido que te ofrecemos por su alma, para que la purifiques en tu sangre preciosísima y la lleves cuanto antes al cielo, si aún no te goza en él! ¡Míralas, Señor, para que nos des fortaleza, paciencia, conformidad con tu divino querer en esta tremenda prueba que tortura el alma! ¡Míralas, oh dulce, oh pidadosísimo Jesús! y por ellas concédenos que los que aquí en la tierra hemos vivido atados con los fortísimos lazos de cariño, y ahora lloramos la ausencia momentánea del ser querido, nos reunamos de nuevo junto a Ti en el Cielo, para vivir eternamente unidos en tu Corazón. Amén.
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ORACIÓN POR NUESTROS
SERES QUERIDOS

Oh buen Jesús, que durante toda tu vida te compadeciste de los dolores ajenos, mira con misericordia las almas de nuestros seres queridos que están en el Purgatorio. Oh Jesús, que amaste a los tuyos con gran predilección, escucha la súplica que te hacemos, y por tu misericordia concede a aquellos que Tú te has llevado de nuestro hogar el gozar del eterno descanso en el seno de tu infinito amor. Amén.
Concédeles, Señor, el descanso eterno y que les ilumine tu luz perpetua.
Que las almas de los fieles difuntos por la misericordia de Dios descansen en paz. Amén.
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ORACIÓN DE RECOMENDACIÓN
DEL ALMA A CRISTO

Señor, te encomendamos el alma de tu siervo(a) ... (mencione su nombre) y te suplicamos, Cristo Jesús, Salvador del mundo, que no le niegues la entrada en el regazo de tus patriarcas, ya que por ella bajaste misericordiosamente del cielo a la tierra.
Reconócela, Señor, como criatura tuya; no creada por dioses extraños, sino por ti, único Dios vivo y verdadero, porque no hay otro Dios fuera de Ti ni nadie que produzca tus obras.
Llena, Señor, de alegría su alma en tu presencia y no te acuerdes de sus pecados pasados ni de los excesos a que la llevó el ímpetu o ardor de la concupiscencia.
Porque, aunque haya pecado, jamás negó al Padre, ni al Hijo, ni al Espíritu Santo; antes bien, creyó, fue celoso de la honra de Dios y adoró fielmente al Dios que lo hizo todo.

viernes, 11 de julio de 2014

LAS TRIBULACIONES


Son una ocasión excelente que tiene Dios para ejercitarnos en la virtud y de castigar nuestros pecados; y esto mismo es propio de la insuperable misericordia divina.
Además si sabemos llevar las tribulaciones con paciencia y humildad, a imitación de nuestro Señor Jesucristo y de los santos, podemos esperar que el Señor querrá coronarnos en el cielo.
Es, pues, estrecho el camino que conduce a la Vida, Vida eterna tanto más feliz cuanto más estrecho sea el camino. La tribulación es el instrumento más idóneo para purificarnos como el fuego del amor a las cosas de la tierra, para liberarnos de la expectación de comodidades y alabanzas humanas, cosa muy propia de nuestra naturaleza enviciada (…) La tribulación nos pone en el camino de la humildad, que tanto nos hace falta (…) porque nos lleva al conocimiento de nuestra bajeza y a considerar que es muy conveniente la desgracia que nos ocurre.
“Si Dios verdaderamente le agradase forzarme a buscar la santidad por medio de las tribulaciones; si por ellas se aumentase en mí el santo temor de Dios, el afecto a la oración, a la humildad y a la caridad; si por las tribulaciones se acrecentase en mí el aprecio a la mortificación, el desprecio del mundo y el celo por la salvación de las almas, yo rogaría que el Señor no apartase su mano de la corrección y todo mi consuelo estaría en que no me perdonara dolores ni aflicción, con tal de que este fruto de santidad siempre existiese en mí”

martes, 8 de julio de 2014

¿QUÉ HACE UN PADRE -CURA- EN FACEBOOK?


Por: "Pbro" Fernando Cerero Ugarte

Esta es una pregunta que hoy me han hecho. Me han preguntado por qué estoy en el Facebook, que si a caso no debería estar celebrando la Misa.
Hay personas que se quedaron con la imagen del cura del rancho -pueblo- allá encerrado entre la sacristía y el confesionario esperando entre velas que las almas devotas vinieran solas a la confesión o a la celebración de la Misa. Los padrecitos con sotana y breviario en mano esperando a ver que cliente llega para algún sacramento o bendición.
Los tiempos han cambiado y quizá nunca fueron como lo presentaban las películas melosas del siglo de oro del cine mexicano. Los sacerdotes de hoy vivimos en medio de una jungla humana que se debate entre el desprecio por la Iglesia y un anhelo de pertenecerle al mismo tiempo, quieren a Dios pero sin los compromisos de Dios. Los católicos de hoy a diferencia de ayer no se saben ni siquiera los mandamientos de memoria.
¿Saben que hago en el Facebook? buscando a mis ovejas, las ovejas que el Señor me mando a buscar, no están en sus casas, no están en los campos, no están en las colinas, muchos de ellos están en las redes sociales. En la misa les predico quizá a cincuenta, en una publicación a mil personas por lo menos.
¿Qué hago en el Facebook? lo convierto en un púlpito para gritar el Evangelio, la verdad creo que no hago mucho, pero al menos hago mi esfuerzo.
Por esto, no me llamen a la Capilla porque estoy en el Facebook ...
 https://www.facebook.com/samuel.molina.946179

miércoles, 2 de julio de 2014

ORACIÓN DEL BUEN HUMOR DE SANTO TOMAS MORO (1477-1535)


Dame, Señor, una buena digestión
y naturalmente, algo que digerir.
Dame la salud del cuerpo 
y el buen humor necesario para mantenerla.

Dame, Señor, un alma santa 
que guarde el recuerdo de todo lo que es bueno, bello y puro, 
para que, al ver el pecado, no me asuste, 
sino que encuentre el medio de arreglar las cosas.

Dame un alma que no conozca el aburrimiento 
ni la murmuración, quejas o lamentos, y no sepa gemir ni suspirar, 
y haz que no me inquiete, ni de importancia 
a eso tan embarazoso que llamo "yo".

Dame, Señor, el sentido del humor; 
dame la gracia de saber aceptar las bromas 
para que pueda sacarle a la vida un poco de alegría 
y la haga participar también a los demás. Amén

lunes, 30 de junio de 2014

TRADICIONAL FOGATA DE SAN JUAN, SAN PEDRO Y SAN PABLO


Como todos los años nuevamente se llevó acabo en la Provincia de La Pampa la tradicional fogata y la quema del Diablo. A pesar de las bajas temperaturas y del viento pampeano el Padre Gustavo Peña acompañado de un grupo de niños y jóvenes organizaron el fogón, el Padre explicó en breves palabras la vida y el martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo,  luego rezaron y cantaron junto a una imagen del Sgdo. Corazón de Jesús y para finalizar compartieron un ágape en casa de una familia amiga de nuestra Sociedad Religiosa; algunos de los padres de los niños se comprometieron para el próximo año organizar un buen asado,  desde ya le hemos tomado la palabra.






jueves, 26 de junio de 2014

SOBRE EL "NUEVO" SALTERIO LATINO



Claro ejemplo de que los trapos no hacen la ortodoxia Católica
Tomado del blog amigo: En Gloria y Majestad


Nota importante del Blog: después de pensar por algún tiempo, hemos decidido publicar el siguiente artículo del P. Bea sobre la nueva traducción del Salterio. Decimos que nos hemos decidido porque no se nos oculta ni la resistencia que la misma ha tenido y tiene aún hoy en ciertos ámbitos, como así tampoco el hecho de cuán nefasto terminó siendo Bea, cuya vera máscara pudo apreciarse allá por los ´60. Sin embargo, ni lo uno ni lo otro nos parecen razones suficientes para no publicar el artículo en cuestión y esto por varios motivos. En lo que respecta al autor nada tenemos que decir excepto dos cosas: por un lado que Bea no fue el único traductor sino que a su lado estaban otros cinco grandes escrituristas (Vaccari, Zorell, Merk (a la sazón confesor de Pío XII), Semkowski y Kobert) y por otro lado, aunque hubiera sido el único, no debemos mirar quién lo dice sino lo-que dice. En cuanto a las críticas que hemos leído y/o escuchado al respecto ninguna ataca la traducción en sí sino otros aspectos completamente ajenos a la misma, con lo cual creemos del todo inútil discutir esos puntos. Sólo estaremos dispuestos a discutir, caso que alguien quisiera hacerlo, o la oportunidad/necesidad de la traducción o la traducción en sí misma.
Además, no es preciso ser un traductor para saber cuán imperfecta es una traducción de una traducción, como es el caso de los Salmos de la Vulgata, que dependen de los LXX. Creemos que con esta medida, que seguramente hubiera sido introducida poco a poco en el resto de la liturgia (como de hecho comenzó a hacerse) el gran Pío XII realizó uno de los actos más importantes no sólo de su pontificado sino, audemus dicere, de los últimos siglos de la Iglesia, en lo que respecta a la Liturgia y a las SSEE.
Podríamos transcribir, sea otros artículos del mismo Bea donde desarrolla varios de los puntos tratados aquí, sea artículos de otros autores en defensa del Nuevo Salterio pero nos parece que con esto será suficiente.
No queremos cerrar esta larga nota sin antes hacer mención de otro argumento en pro desta traducción directa del original y es que, siguiendo a grandes exégetas como Lacunza y CaballeroSánchez, creemos que muchos (si es que no son todos) los Salmos tienen un viso profético y que se refieren ora a la última Semana escatológica, ora al Milenio mismo. Con esto en mente, es fácil comprobar cuán importante es para el exégeta Católico una traducción lo más fielmente posible al original hebreo.

Continúe leyendo en:  http://engloriaymajestad.blogspot.com.ar/2012/08/el-nuevo-salterio-latino.html

viernes, 20 de junio de 2014

DOCTRINA CATÓLICA SOBRE EL SANTO BAUTISMO TOMADO DEL CATECISMO DE SAN PÍO X



DEL BAUTISMO 

1º.- Naturaleza y efectos del Bautismo 

Imagen venerada en ntro. Oratorio de Misiones
552.- ¿Qué es el sacramento del Bautismo? - El Bautismo es un sacramento por el cual renacemos a la gracia de Dios y nos hacemos cristianos. 
553.- ¿Cuáles son los efectos del sacramento del Bautismo? - El Sacramento del Bautismo confiere la primera gracia santificante, por la que se perdona el pecado original, y también los actuales, si los hay; remite toda la pena por ellos debida; imprime el carácter de cristianos; nos hace hijos de Dios, miembros de la Iglesia y herederos de la gloria y nos habilita para recibir los demás sacramentos. 
554.- ¿Cuál es la materia del Bautismo? - La materia del Bautismo es el agua natural que se vierte sobre la cabeza del bautizando, en tal cantidad que corra. 
555.- ¿Cuál es la forma del bautismo? - La forma del Bautismo es ésta: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 

2º.- Ministro del Bautismo

556.- ¿A quién pertenece administrar el Bautismo? - Administrar el Bautismo pertenece por derecho al Obispo y a los párrocos; pero, en caso de necesidad, cualquier persona puede administrarlo, sea hombre o mujer, y aun hereje o infiel, con tal que cumpla el rito del Bautismo y tenga intención de hacer lo que hace la Iglesia.
557.- ¿Quién deberá administrar el Bautismo cuando hay necesidad de bautizar a quien está en peligro de muerte y se hallan muchos presentes? - Cuando hay necesidad de bautizar a quien está en peligro de muerte y se hallan muchos presentes, debe bautizar el sacerdote si lo hay; en su ausencia, un eclesiástico de orden inferior; en ausencia de éste, el varón seglar con preferencia a la mujer, si ya la mayor pericia de la mujer, o la decencia, no demandasen otra cosa. 
Bautismo el 15 de Junio
558.- ¿Que intención debe tener el que bautiza? - El que bautiza debe tener intención de hacer lo que hace la Iglesia al bautizar. 

3º.- Rito del Bautismo y disposiciones del adulto que lo recibe 

559.- ¿Cómo se administra el Bautismo? - Se administra el Bautismo derramando agua sobre la cabeza del bautizado o, si no se puede en la cabeza, en otra parte principal del cuerpo, y diciendo al mismo tiempo: Yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
560.- ¿Quedaría bautizada la persona si uno vertiese el agua y otro dijese las palabras? - Si uno vertiese el agua y otro pronunciase las palabras, no quedaría la persona bautizada, porque es preciso que sea el mismo el que vierta el agua y el que pronuncia las palabras. 
561.- Cuando se duda si la persona está muerta, ¿hay que dejar de bautizarla? - Cuando se duda si la persona está muerta, hay que bautizarla condicionalmente, diciendo: “Si estás vivo, yo te bautizo en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. 
562.- ¿Cuándo hay que llevar a los niños a la Iglesia para que los bauticen? - Hay que llevar a los niños lo más pronto posible a la Iglesia para que los bauticen. 
563.- ¿Por qué tanta prisa en bautizar a los niños? - Hay que darse prisa en bautizar a los niños, porque están expuestos por su tierna edad a muchos peligros de muerte, y no pueden salvarse sin el Bautismo. 
564.- ¿Pecarán, pues, los padres y las madres que por negligencia dejen morir a sus hijos sin Bautismo o lo dilatan? - Si, señor; los padres y madres que por negligencia dejan morir a los hijos sin Bautismo, pecan gravemente porque les privan de la vida eterna, y pecan también gravemente dilatando mucho el Bautismo, porque los exponen al peligro de morir sin haberlo recibido. 
565.- ¿Qué disposiciones ha de tener el adulto que se bautiza? - El adulto que se bautiza ha de tener, además de la fe, intención de bautizarse, dolor a lo menos imperfecto de los pecados mortales que hubiere cometido, y suficiente instrucción religiosa. 
566.- ¿Qué recibiría el adulto que se bautizase en pecado mortal sin dolor de los pecados? - El adulto que se bautizase en pecado mortal sin dolor de los pecados, recibiría el carácter del Bautismo, más no la remisión de los pecados ni la gracia santificante. Estos efectos quedarían en suspenso hasta que quitase el impedimento con el dolor perfecto o con el sacramento de la Penitencia.


Oratorio San Antonio y Virgen de Itatí en Misiones

jueves, 19 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI

La Iglesia después del dogma de la Trinidad nos recuerda el de la Encarnación, haciéndonos festejar al Sacramento por excelencia, que , sintetizando la vida toda del Salvador, tributa a Dios gloria infinita, y aplica a las almas, en todos los tiempos, los frutos pingües de la Redención (Or.). Si Jesucristo en la cruz nos salvó, al instituir la Eucaristía la víspera de su muerte, quiso en ella dejarnos un vivo recuerdo de su Pasión (Or.). El altar viene siendo como la prolongación del Calvario, y la misa "anuncia la muerte del Señor" (Ep.). Porque en efecto, allí está Jesús como una víctima, pues las palabras de la doble consagración nos dicen que primero se convierte el pan en cuerpo de Cristo, y luego el vino en su Sangre, de manera que, bajo las Sagradas Especies, Jesús mismo ofrece a su Padre, en unión con sus sacerdotes, la sangre vertida y el cuerpo clavado en la cruz, aunque sabemos que está todo entero bajo las dos especies.

"Comiendo las víctimas, se participa del sacrificio"(1), y así, la Eucaristía fué instituída en forma de alimento (Alel.), a fin de que pudiésemos comulgar de la Víctima del Calvario. La Hostia santa se convierte en "trigo que nutre nuestras almas" (intr.).

Los cristianos participan de vida eterna (Ev.) uniéndose a Jesús en el Sacramento, que es el símbolo de la unidad (Secr.).

Esta posesión anticipada de la vida divina acá en la tierra por la Eucaristía es prenda y comienzo de aquella otra de que plenamente disfrutaremos en el cielo (Posc.), porque "el Pan mismo de los Angeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo comeremos después en el cielo ya sin velos (Conc. Trid.).

Veamos en la misa el centro de todo culto de la Iglesia a la Eucaristía, y en la Comunión el medio establecido por Jesús, para que con mayor plenitud participemos de ese divino Sacrificio; y así, nuestra devoción al Cuerpo y Sangre del Salvador nos alcanzará los frutos perennes de su Redención (Or.).

(1) "La celebración de la misa tiene el mismo valor que la muerte de Jesucristo", dice S. Juan Crisóstomo.

lunes, 16 de junio de 2014

¿FUE INFALIBLE EL CONCILIO VATICANO SEGUNDO?






Si Ud. cree que Juan Bautista Montini -alias- Paulo VI fue un verdadero Papa ya sea formal o simplemente material, 

LA RESPUESTA ES SÍ


viernes, 6 de junio de 2014

"HABLA SEÑOR QUE TU SIERVO ESCUCHA" (I,Reg. III,10)

La Revolución Conciliar: fuera de la Iglesia hay salvación

El modernismo que se impuso en el Concilio Vaticano II, ha traído una crisis sin precedentes en el cuerpo visible de la Iglesia.
Los documentos conciliares votados por más de 2000 obispos y aprobados, decretados y estatuidos "en el Espíritu Santo" por Pablo VI han sostenido que fuera de la Iglesia hay salvación.
Dice así Lumen Gentium que "la única Iglesia de Cristo subsiste en la Iglesia católica... si bien fuera de su estructura se encuentran muchos elementos de santidad y verdad" (Lumen Gentium,Cap. I, 8).
Luego, la "Constitución dogmática sobre la Iglesia" nos habla del "pueblo de Dios". "Este pueblo mesiánico... aunque no incluya a todos los hombres... es sin embargo, para todo el género humano, un germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación: Cristo que lo instituyó para ser comunión de vida, de caridad y de verdad, se sirve TAMBIÉN de él como de instrumento de la redención universal..." (L.G. II, 9).
La Iglesia católica no es pues el único medio o instrumento de la redención universal, sino que "Cristo...se sirve también de él -el Pueblo de Dios-" para aquel fin.
"Germen segurísimo de unidad, de esperanza y de salvación" le llama el Concilio. Germen es principio rudimental de un nuevo ser orgánico.
San Pío X dice de los modernistas que "el sentimiento religioso que por medio de la inmanencia vital brota de los escondrijos de la subconciencia es el germen de toda la religión y juntamente la razón de cuanto ha habido o habrá en cualquier religión. Rudo, ciertamente en sus principios y casi informe, ese sentimiento fue paulatinamente creciendo bajo el influjo de aquel arcano principio de donde tuvo origen, a par con el progreso de la vida humana, de la que como hemos dicho es una de las formas. He aquí, pues, el origen de toda religión, aún de la sobrenatural [y aún déla no religión, de "quienes no han llegado a un conocimiento expreso de Dios"]: son efectivamente todos, meros desenvolvimientos del sentimiento religioso" (Pascendi D. 2077).
"Todos los hombres son llamados a esta unidad católica del Pueblo de Dios, que simboliza y promueve la paz universal, y a ella pertenecen o se ordenan de diversos modos, sea los fieles católicos, sea los demás creyentes en Cristo, sea también todos los hombres en general, por la gracia de Dios llamados a la salvación" (L.G. cap. II, 13).
Y así dice que "la Iglesia se reconoce unida por muchas razones con quienes, estando bautizados, se honran con el nombre de cristianos, pero no profesan la fe en su totalidad o no guardan la unidad de comunión bajo el sucesor de Pedro". Destaca sus valores positivos, los sacramentos que tienen y "añádase a esto la comunión de oraciones y otros beneficios espirituales, e incluso cierta verdadera unión en el Espíritu Santo"(L.G. cap. II, 15).
CONTINÚE LEYENDO EN:
http://verdadcatolica.blogspot.com.ar/2014/06/habla-senor-que-tu-siervo-escucha-ireg.html

miércoles, 28 de mayo de 2014

EL DIOS Y LA IGLESIA QUE ALEGRARON MI JUVENTUD Por: RAFAEL GAMBRA



Siempre me admiró la forma como la Iglesia Católica se entrañaba en la vida de los pueblos y de las familias. Cómo sostenía sus costumbres, haciéndose carne de ellas, y cómo a la vez las santificaba.
¡Qué obra de arte, de armonía y de profundidad fue la civilización cristiana! Las plegarias cotidianas y los toques de oración señalaban las horas del día. Las fiestas y el año litúrgico marcaban los tiempos, las faenas y el descanso.Cristianas eran las alegrías y cristianos los dolores del pueblo cristiano. Santo el nombre de cada humano, y su fiesta era de un santo. Un sacramento alumbraba la vida que nacía, otro, la plenitud gozosa del matrimonio; otro consolaba al que se iba de este mundo.
¿Qué fácil era el cura de pueblo, desde la dignidad de su sotana, mantener el respeto reverencial y a la vez el gesto amable y paternal! ¿Qué figura venerable la del párroco de nuestra juventud! Cómo acudían a él los niños a besarle la mano, pronunciando el "Ave María Purísima". Y a escuchar de sus labios siempre una palabra de padre. El era inequívocamente pastor, y a él acudían para consuelo y consejo las tribulaciones de la juventud y las penas de la vejez. Y aquellas gentes tenían como la mayor honra de su vida ver a un hijo suyo sacerdote.
¡Qué grandeza la de los templos que nuestra fe levantó! En cualquiera de nuestra aldeas su templo parroquial vale más que todo el pueblo junto.
Y qué dignidad y belleza la del culto divino, aun con los medios más modestos. El latín, el canto gregoriano, la solemnidad de la misa "de Angelis", obras de una tradición milenaria. Y en el funeral por el que se nos fue, qué estremecimiento íntimo en el oficio de difuntos, en el "Dies irae", en el responso final... Las devociones sinceras de la Virgen del lugar, Las procesiones de santos, la romería anual... apostolado sencillo, religión entrañada y de verdad, que nos hizo llegar pujante y consoladora la fe de nuestros mayores, la del mismo Cristo...
Pero llegó el post-concilio y con él, el "nuevo cura". Ya todo terminó. El sabe más que veinte siglos de catolicidad. En su inmenso portafolios lleva un nuevo culto, casi una nueva religión, que aprendió de maestros holandeses. Y un inmenso desprecio por la fe de aquel lugar.
Ya no vestirá sotana, vestirá como cualquiera, y con torpe desenvoltura tratará de hablar y de reír como los demás. Con él viene "la Iglesia de los pobres", pero él será el primer párroco con coche ("instrumento de trabajo" para no estar nunca en el pueblo).
Para reconocer en él al cura es preciso apelar a nociones abstractas, porque lo que se ve es la antítesis, su negación misma. ¡Qué afrenta a la fe, que desprecio al pueblo fiel!.
Ya no hay unción ni respeto, ni devoción, ni fervor. Solo ruidos, innovación, petulancia e impiedad. Ya los niños no acuden al paso del sacerdote. ¿A qué fin? Todo cuanto ha existido debe ser cambiado por "preconciliar". Ya no suenan las campanas del Angelus, ni el pueblo se reúne en la Misa Mayor. Fiestas y procesiones han sido alteradas o suprimidas sin el menor respeto; incluso el santoral ha cambiado.
El culto divino se ha extenuado hasta su extremo. Ya no existe el latín, ni el gregoriano de la liturgia católica; toda la polifonía clásica ha sido estirada. Salmos con ritmo protestante y ritmos irreverentes han ocupado su lugar.
Y la estridencia, la improvisación constante, el mal gusto. Altavoces por todas partes con su resonancia metálica, altavoces de feria en el templo, hasta en los entierros. (Sordo debe ser su Dios, o no los quiere escuchar). El silencio, el recogimiento, la oración personal, no tienen ya cabida en el templo.
Y como sustancia de toda esta siniestra algarabía, la prédica "social". ¡Que todos la escuchen callados, y que nadie se arrodille al comulgar...!
Violencia a las almas, violencia a las conciencias y a la sensibilidad... todo en nombre de la libertad y del "hombre moderno".
Mientras tanto, las costumbres se corrompen en los pueblos, y la fe se pierde en las almas. ¿Quién enderezará ya todo esto, quién sembrara de nuevo la fe? ¡Danos, Señor, paciente y fortaleza para tantos males aguantar!

miércoles, 7 de mayo de 2014

UN SENCILLO Y HUMILDE HOMENAJE EN ESTE AÑO EN QUE SE CUMPLE EL 80 ANIVERSARIO DEL XXXII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL LLEVADO ACABO EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES EN EL AÑO 1934

Por: Rogelio Alaniz
Entre el 9 y el 14 de octubre de 1934 se celebró en la ciudad de Buenos Aires el XXXII Congreso Eucarístico Internacional. Multitudes nunca vistas de creyentes argentinos se hicieron presentes, provocando el hecho de masas más importante de nuestro país y, para algunos hist
oriadores, la movilización más grande que se haya producido en la Argentina durante el siglo XX y lo que va del siglo XXI.
Los actos centrales se realizaron en Palermo a la altura del Monumento de los Españoles, donde se levantó una inmensa cruz. Pero también hubo procesiones en la Plaza de Mayo, el Congreso y el tramo que va de la Iglesia del Pilar en Recoleta hasta Palermo, sin mencionar las concentraciones en el puerto para presenciar el arribo de los ilustres visitantes o en las ceremonias de gala realizadas en el Teatro Colón. En definitiva, el congreso ocupó una ciudad que vio desbordada sus instalaciones hoteleras, comedores y medios de transporte. Las multitudes no sólo peregrinaron, sino que tomaron la comunión y rezaron. Muchos aprovecharon la ocasión para conocer Buenos Aires y algunos de sus sitios turísticos, como El Tigre, Luján y La Plata.
El número de asistentes no se conoce con precisión, pero se estima que en las celebraciones del doce de octubre y del domingo catorce, la concentración superó el millón de personas, una cifra altísima en un país cuya población apenas llegaba a los ocho millones de habitantes.
Hasta el día de hoy, se debate sobre los alcances de este Congreso, cuyos efectos sociales y políticos excedieron los límites habituales de una convocatoria de este tipo. Católicos nostálgicos de tiempos más religiosos consideran que nunca antes y nunca después, la Iglesia fue tan convocante; historiadores estiman que el Congreso Eucarístico marca el punto de agonía de la Argentina liberal y el nacimiento de una Argentina nacionalista y católica; en la misma línea, pero con algunas variantes, se estima que 1934 fue la revancha de la Argentina católica contra la Argentina liberal de 1880.
En otro orden de razonamiento, para algunos, lo sucedido fue una consecuencia de las concesiones que el régimen conservador del presidente Agustín Justo hizo a la Iglesia Católica para conseguir a cambio respaldo social y político; para otros, el Congreso fue de manera tácita una impugnación al liberalismo conservador dominante y el anticipo de una Argentina que en la década del cuarenta habrá de expresarse políticamente a través del peronismo.
Los historiadores Zanatta y Di Stéfano consideran que en 1934 la Iglesia Católica despertó de su letargo iniciado en 1880. Sin embargo, la hipótesis es refutada por colegas que demuestran que ese letargo no fue tal, porque en todas esas décadas las parroquias se multiplicaron, y alrededor de ellas se fundaron instituciones, diarios y revistas que mantuvieron viva la fe. Para 1930, ya existía la Acción Católica, revistas como Criterio, e intelectuales católicos del nivel de Gustavo Franceschi, pero los círculos de obreros católicos o las organizaciones caritativas parroquiales existían desde mucho antes, al punto que la consistencia de esas redes asociativas se llegaron a comparar con las organizadas en la vereda de enfrente por anarquistas y socialistas.
Concretamente, la masividad del Congreso Eucarístico no fue un fenómeno accidental; por el contrario, bien puede ser considerado la consecuencia de un proceso de larga data en una Argentina cuya religiosidad era más importante de lo que se registraba en la superficie. Por supuesto que cada una de estas consideraciones puede refutarse, pero en todos los casos lo que queda claro es que lo sucedido en octubre de 1934 fue uno de los acontecimientos más importantes de esa década, y para la Iglesia Católica uno de sus momentos de máximo esplendor.
Los católicos no salieron de la nada en la década del treinta, pero fue en esos años cuando se consolidó un ideario religioso ultramontano e integrista. Pertenece a este tiempo, el mito de la Argentina católica y el ser nacional. Para la Iglesia de entonces, el liberalismo y el comunismo eran los enemigos a derrotar. También algunas de sus consecuencias: la separación de la iglesia del Estado, el divorcio y la ausencia de enseñanza religiosa en las escuelas. Salvo minorías, los intelectuales católicos no alentaban al fascismo o a los nazis, pero compartían con éstos sus críticas al comunismo y al liberalismo, mientras que la objeción más seria que se le hacía -por ejemplo- a los nazis era la de practicar una suerte de neopaganismo.
El orden político que se defendía estaba en las antípodas de la democracia representativa. El concepto de democracia era social y no político y estaba vinculado con el desarrollo de las asociaciones intermedias. La defensa de un orden corporativo era la consecuencia lógica de esta visión, aunque a diferencia del fascismo, la Iglesia siempre advirtió sobre la idolatría al Estado y el culto a la violencia. Iban a pasar muchos años -entre otras cosas los horrores de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del Eje- para que lentamente la Iglesia se fuera reconciliando con la democracia. Pero entre tanto, para los años treinta el modelo a imitar era el propuesto por Salazar en Portugal, el político a considerar era Mussolini -que celebró el acuerdo de Letrán-, y el líder a honrar, era el general Francisco Franco en España.
El Congreso se realizó en 1934, pero tres décadas antes el arzobispo Mariano Espinosa había iniciado gestiones en Roma que no se habían concretado. Espinosa apuntaba a producir un hecho religioso de envergadura en una fecha cercana al Centenario. El objetivo consistía en establecer un contrapunto con la Argentina liberal y laicista que en la década del ochenta le había infligido una herida dolorosa a la Iglesia con la aprobación de las llamadas leyes laicas.
El Congreso Eucarístico Internacional se celebró en Buenos Aires gracias a las gestiones del arzobispo fray José María Bottaro, quien en 1932 recibió la autorización de Roma. Fue el primer congreso de esa magnitud en Sudamérica. El único antecedente databa de 1926, cuando Chicago (EE.UU.) había sido sede del Congreso. Precisamente, uno de los argumentos de las autoridades religiosas argentinas para convencer a los funcionarios del Vaticano tomó como referencia al Congreso de Chicago y a la asistencia masiva que produjo en una de las ciudades que hasta ese momento era conocida por las huelgas anarquistas y el imperio de la mafia.
Decía que el dato social más significativo del Congreso fue la presencia de las multitudes en las calles. Con el Congreso, se hizo realidad la Argentina de masas con todas sus ventajas e incomodidades. Este verdadero aluvión de hombres, mujeres y niños provenientes de los lugares más remotos del país y de todas las clases sociales, ocupó la ciudad de Buenos Aires durante una semana para inquietud de patricios, muchos de ellos con el corazón dividido, ya que por otro lado ellos eran quienes más habían contribuido a financiar los gastos del Congreso. Al respecto, no dejan de ser sintomáticas las posteriores declaraciones de un católico practicante y militante como Manuel Gálvez: “Fui dichoso estos días, no obstante las molestias nerviosas que me producía el verme entre aquellas gigantescas multitudes”.
El Congreso Eucarístico no cayó del cielo. En 1916, el mismo año en que Hipólito Yrigoyen asumió el poder, se celebró en Buenos Aires el Primer Congreso Eucarístico Nacional. Y en 1929, multitudes de católicos desfilaron desde Plaza de Mayo hasta el templo salesiano de San Carlos en Almagro. Se celebraba en esa ocasión a Don Bosco, pero el dato significativo de aquel acto fue que la cabeza de la procesión fue recibida en San Carlos por el presidente radical, lo que demostró que no sólo Justo era propenso a acercarse a la Iglesia católica, hecho del que nunca se sabrá con precisión si provenía de la fe o del oportunismo político. A título anecdótico, recordemos que la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones expulsó a Justo de sus filas acusado de comportarse como un amanuense del cardenal Pacelli y sus obispos.


Deseamos compartir con nuestros lectores y visitantes, estas interesantes ilustraciones tomadas de una revista conmemorativa y que se vendía durante el mismo año del Congreso, y aún quedan algunos ejemplares circulando y que Nuestra Sociedad Religiosa tuvo la gracia de que el dueño de la Librería Acción de la Ciudad de Bs.As. nos lo regalara para nuestra biblioteca.



Tapa del cuadernillo, 2da Ed.

Continúe viendo este valiosísimo documento en imágenes en : http://verdadcatolica.blogspot.com.ar/2014/05/un-sencillo-y-humilde-homenaje-en-este.html

sábado, 3 de mayo de 2014

INVENCIÓN O HALLAZGO DE LA SANTA CRUZ

Hoy 3 de Mayo. Fiesta de la Invención o Hallazgo de la Santa Cruz. Hacia el año 326 la emperatriz Elena de Constantinopla (madre del emperador Constantino I el Grande) hizo demoler el templo de Venus que se encontraba en el monte Calvario, en Jerusalén, y excavar allí hasta que le llegaron noticias de que se había hallado la Vera Cruz. El viaje se había realizado con objeto de encontrar el Santo Sepulcro, que se hallaba perdido. Se inició la búsqueda debido al culto de la cruz, desde la muerte de Jesucristo. Según la historia dorada de Santiago de la Vorágine, cuando la emperatriz —que entonces tenía ochenta años

— llegó a Jerusalén, hizo someter a interrogatorio a los judíos más sabios del país para que confesaran en del lugar en el que Cristo había sido crucificado. Después de conseguir esta información, la llevaron hasta el supuesto Monte de la calavera (el Gólgota), donde el emperador Adriano, 200 años antes, había mandado erigir un templo dedicado a la diosa Venus. Se cree que en realidad el Gólgota era una antigua cantera abandonada con un macizo rocoso, poco útil para la construcción, que quedó sin utilizar y constituyó posteriormente el patíbulo donde colocaban las cruces los romanos. Esta cantera estaba fuera de la muralla, pero cercana a ella.


Santa Elena ordenó derribar el templo y excavar en aquel lugar, en donde según la leyenda encontró tres cruces: la de Jesús y la de los dos ladrones. Como era imposible saber cuál de las tres cruces era la de Jesús, la leyenda cuenta que Elena hizo traer un hombre muerto, el cual, al entrar en contacto con la cruz de Jesucristo, la Vera Cruz, resucitó. El hallazgo de la reliquia se conmemoraba antiguamente en el mes de mayo con el nombre de fiesta de la Invención de la santa Cruz.

La Emperatriz y su hijo Constantino hicieron construir en el lugar del hallazgo un fastuoso templo, la llamada Basílica del Santo Sepulcro, en la que guardaron la reliquia. Mucho después, en el año 614, el rey persa Cosroes II tomó Jerusalén y, tras la victoria, se llevó la Vera Cruz y la puso bajo los pies de su trono, como símbolo de su desprecio a la religión de los cristianos.

Tras quince años de luchas, el emperador bizantino Heraclio lo venció definitivamente en el año 628. Poco después, en una ceremonia celebrada el 14 de septiembre de ese año, la Vera Cruz regresó a Jerusalén, llevada en persona por el emperador a través de la ciudad procesionalmente. Dice la leyenda que cuando el emperador, vestido con gran magnificiencia, quiso cargar con la reliquia, fue incapaz de hacerlo, no siéndole posible hasta que no se despojó de todas las galas a imitación de la pobreza y la humildad de Cristo .Desde entonces, ese día quedó señalado en los calendarios litúrgicos como el de la Exaltación de la Santa Cruz

viernes, 25 de abril de 2014

DÍA DE FIESTA PARA NUESTRA SOCIEDAD RELIGIOSA, AL CONMEMORARSE HOY EL 800 ANIVERSARIO DE NUESTRO SANTO PATRÓN LUIS IX REY DE FRANCIA


Hoy Viernes 25 de Abril de 2014 se conmemora el 800 aniversario del nacimiento de nuestro Santo Patrón Luis IX Rey de Francia
El Santo Rey nació en Poissy (Francia) un 25 de Abril del año 1214 y muere en Túnez el 25 de Agosto de 1270.
A los Once años de edad; Luis fue coronado como rey de Francia, aunque su madre Doña Blanca de Castilla (hija de Alfonso VIII). Fue, por tanto, primo hermano del rey castellano Fernando III el Santo.) gobernó por él hasta su mayoría de edad. El Santo Rey pasó a ser luego, uno de los gobernantes más exitoso de Francia y de Europa, llevó a cabo nuemerosas reformas para el bien de su corona y para que Cristo el Rey de reyes fuera el centro de Francia.
Siempre se destaca el amor que San Luis tenía a la Iglesia y al Papa, es por eso que velaba de manera particular para que en Francia la Iglesia de Cristo gozara libremente de todos sus derechos. Al mismo tiempo el monarca lleno de piedad y celo por la Gloria de Dios se involucra y lidera desde 1246 y 1254, la séptima Cruzada. Recupera la Corona de Espinas de Ntro. Sr. Jesucristo y manda a construir la Sainte-Chapelle en París. Su cuerpo es venerado en la Abadía de Saint Denis en París.



Testamento espiritual de San Luis a su hijo

(Acta Sanctorum Augusti 5 [1868]1, 546)

Hijo amadísimo, lo primero que quiero enseñarte es que ames al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con todas tus fuerzas; sin ello no hay salvación posible.
Hijo, debes guardarte de todo aquello que sabes que desagrada a Dios, esto es, de todo pecado mortal, de tal manera que has de estar dispuesto a sufrir toda clase de martirios antes que cometer un pecado mortal.
Además, si el Señor permite que te aflija alguna tribulación, debes soportarla generosamente y con acción de gracias, pensando que es para tu bien y que es posible que la hayas merecido. Y, si el Señor te concede prosperidad, debes darle gracias con humildad y vigilar que no sea en detrimento tuyo, por vanagloria o por cualquier otro motivo, porque los dones de Dios no han de ser causa de que le ofendas.
Asiste, de buena gana y con devoción, al culto divino, mientras estés en el templo, guarda recogida la mirada y no hables sin necesidad, sino ruega devotamente al Señor con oración vocal o mental.
Ten piedad para con los pobres, desgraciados y afligidos, y ayúdalos y consuélalos según tus posibilidades. Da gracias a Dios por todos sus beneficios, y así te harás digno de recibir otros mayores. Obra con toda rectitud y justicia, sin desviarte a la derecha ni a la izquierda; ponte siempre más del lado del pobre que del rico, hasta que averigües de qué lado está la razón. Pon la mayor diligencia en que todos tus súbditos vivan en paz y con justicia, sobre todo las personas eclesiásticas y religiosas.
Sé devoto y obediente a nuestra madre, la Iglesia romana, y al sumo pontífice, nuestro padre espiritual. Esfuérzate en alejar de tu territorio toda clase de pecado, principalmente la blasfemia y la herejía.
Hijo amadísimo, llegado al final, te doy toda la bendición que un padre amante puede dar a su hijo; que la Santísima Trinidad y todos los santos te guarden de todo mal. Y que el Señor te dé la gracia de cumplir su voluntad, de tal manera que reciba de ti servicio y honor, y así, después de esta vida, los dos lleguemos a verlo, amarlo y alabarlo sin fin. Amén.

miércoles, 23 de abril de 2014

LAS RELIGIOSAS CATÓLICAS COMO MADRES VÍRGENES -Por Sor María Cabrini-

En la Iglesia católica a las hermanas religiosas consagradas se les considera como «otras Marías». Las Hermanas perpetúan, a través de la historia, el papel de María como Virgen y Madre. La virginidad, o castidad perpetua, es el principal adorno espiritual de la Hermana y también de María. Para ella, especialmente, fue parte de su preparación única para ser Madre del Mesías. No solo fue María la Madre de Dios, sino que, al pie de la Cruz, también fue hecha Madre de todas las almas. De modo parecido, toda Hermana participa con Cristo como madre espiritual para con las almas que Él salvó.
Uno de los más bellos aspectos de la vida de la Hermana es su castidad. Para el mundo, la castidad parece muy negativa, incluso una imposibilidad, pero Nuestro Señor no nos manda imposibles. Él invitó a los que deseaban ser perfectos a seguirle en la pobreza, la castidad y la obediencia. San Agustín admitió que no podía comprender esta virtud hasta que él mismo experimentó su gozo:

«Vi la castidad. Estaba radiante, pero con una alegría pura y serena.
Me invitó a venir, y, lista para abrazarme, me tendió sus manos llenas de buenos
ejemplos: niños, mucha juventud, gentes de toda edad, viudas respetables y
mujeres que habían encanecido guardando su virginidad. Todas estas almas eran
castas, y en esta continencia no había esterilidad, sino que era fecunda de
gozosa prole, como muchos frutos que debió a tu amor, Señor, que eres su Esposo»
(Confesiones de san Agustín).

Así, la castidad contiene un maravilloso cumplimiento para aquellos que la escogen por amor a Dios.
La castidad es una virtud tanto excelente como heroica. Una Hermana se convierte en miembro de aquella clase privilegiada de vírgenes que «siguen al cordero do quiera que vaya» (Ap. 14: 4). Así como se consagran la iglesia, el altar y el cáliz para el culto divino, así también la religiosa se consagra para un fin sobrenatural, el servicio de Dios. La virginidad no debe ser un fin en sí mismo, en desdén del estado matrimonial. La virginidad fue establecida como medio para llegar a la intimidad con Dios sin las muchas distracciones de una familia. Es un verdadero sacrificio de parte de una mujer renunciar a la expresión natural de su amor dentro de los límites de una familia, mas este sacrificio no quedará sin recompensa. Con este Amante Divino, a quien no se le puede superar en generosidad porque su amor es infinito, se casa la Hermana y se convierte en su misma esposa. Su vida en la tierra es un anticipo de la suprema paz y alegría celestial.

Los escritores de espiritualidad comparan la castidad con el incienso que llevaron los reyes magos. El incienso no despide su fragancia hasta que se quema. De igual manera, la vida de la pureza virginal no es algo frío; es la pasión llameante de un corazón profundamente enamorado de Cristo. El amor eleva el sacrificio, y la fragancia de su incienso se eleva en la Iglesia.
Dios creó a la mujer para ser madre. Aunque una Hermana renuncia a los gozos de la maternidad física, aún así debe realizarse como madre dentro de su vocación. Si niega su amor, permanece estéril y es incapaz de ejercer su influencia sobre las almas. Una vida tal no puede tener satisfacción o sentido duradero. Una Hermana cumple su llamado armonizando su vida de castidad religiosa con las gracias maternales del amor, la bondad y el consejo. María, que fue siempre virgen, es la personificación de la maternidad. Como su maternidad dependía de la virgnidad, la maternidad espiritual de una Hermana fluye de su vida virginal. Las Hermanas consagradas se proponen buscar un amor más profundo en Cristo, trascendiendo el amor humano. Cuando esta unión íntima y espiritual motiva las obras y las oraciones de una Hermana, su ejemplo en la Iglesia irradia la belleza de la verdadera condición de la mujer.
Una Hermana es una virgen madre con Cristo en sus obras ocultas y en su apostolado activo. Su vida de oración tiene gran poder intercesorio para con las almas. Con su meditación diaria en la salvación y en la maldad del pecado, una Hermana consagrada pesa la vida en la balanza eterna. Ofrece peticiones por los pecadores empedernidos, por los jóvenes, por la propagación de la fe, por la liberación de almas detenidas en el purgatorio, por la perseverancia de los fieles. Comparte los intereses de su Amado. Al igual que santa Teresita de Lisieux, que se hizo patrona de las misiones sin haber abandonado el claustro, la Hermana no necesita saber dónde se aplican los méritos de sus rezos.

En el apostolado de la enseñanza, una Hermana se asocia íntimamente con Nuestro Señor en su sed por almas y ejercita la vigilancia de una madre por sus hijos. De su unión íntima con Cristo, la Hermana maestra advierte de los peligros espirituales, enseña los dotes salvíficos, corrige los malos hábitos, inculca un horror por el pecado e inspira un mandato de amar y servir a Dios de todo corazón. Aconseja pacientemente, instruye al ignorante, amonesta al que yerra y escucha con simpatía a los adversarios de otros como solo una madre puede hacerlo. La obra monumental de enseñar que desempeñan las Hermanas católicas ha influido profundamente a incontables mentes y corazones jóvenes. El sistema parroquial, en su día la gloria de la Iglesia, se ha deteriorado por lo general con una pérdida calamitosa de fe en las generaciones más jóvenes. Notamos los efectos desastrosos desde el Concilio Vaticano II, particularmente en la pérdida de Hermanas maestras y en el consiguiente declive de la educación católica. Puede notarse mejor el tremendo impacto que las Hermanas ejercieron como maestras en aquellos lugares donde cumplieron muchos papeles de madre.
Como madre de almas, la Hermana religiosa encuentra la inestimable perla de su vocación, una vida repleta de profundo significado. Se une en corazón y mente con su Novio, Jesucristo, en la salvación de almas. Su amor virginal florece en la Iglesia, y la fragancia de su labor perdura por generaciones. «¡Oh, cuán bella es la generación casta con esclarecida virtud! Inmortal es su memoria, y en honor delante de Dios y de los hombres» (Sb. 4:1). Específicamente, se debe a su íntima unión con Nuestro Señor que una Hermana pueda afectar profundamente las vidas de otros.
En el orden natural, Dios ha santificado el amor matrimonial para multiplicar la humanidad. El matrimonio fue elevado a sacramento por Cristo para simbolizar el amor de Cristo por la Iglesia. Místicamente, la Hermana es casada directamente con Cristo y eleva el poder del amor humano en su búsqueda por un amor más perfecto. Es en la renuncia del amor humano legítimo que una Hermana descubre un amor más rico en la vida, uno que puede satisfacer y santificar en todo momento. Por los cielos se escapa ella de las asechanzas del mundo para abrazar el corazón de Cristo en el Calvario. Por encima de la tierra, en la esfera del amor espiritual, da luz a las almas en Cristo. Ella es la virgen apóstol que participa con la Iglesia virgen en el renacimiento espiritual de las almas. Con Cristo en la cruz, su amor comprende las necesidades de todos.
Que todos los católicos estimen la vida religiosa de las Hermanas, cuyas plegarias y obras son vitales para la misión de la Iglesia. Que los padres conserven y transmitan a sus hijos la belleza de esta vida y el privilegio de haber sido llamado por Dios a su servicio. Que muchas jovencitas generosas respondan a la invitación de Cristo de ser sus esposas, madres vírgenes para la Iglesia.
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