Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

miércoles, 13 de mayo de 2026

UNA BREVE Y MUY COMPLETA BIOGRAFÍA DE LA VIDA DE NUESTRO SANTO PATRÓN LUIS IX REY DE FRANCIA



En medio de las dificultades de la regencia supo Doña Blanca infundir en el tierno infante los ideales de una vida pura e inmaculada. No olvida el inculcarle los deberes propios del oficio que había de desempeñar más tarde, pero ante todo va haciendo crecer en su alma un anhelo constante de servicio divino, de una sensible piedad cristiana y de un profundo desprecio a todo aquello que pudiera suponer en él el menor atisbo de pecado. «Hijo -le venía diciendo constantemente-, prefiero verte muerto que en desgracia de Dios por el pecado mortal».
Es fácil entender la vida que llevaría aquel santo joven ante los ejemplos de una tan buena y tan delicada madre. Tanto más si consideramos la época difícil en que a ambos les tocaba vivir, en medio de una nobleza y de unas cortes que venían a convertirse no pocas veces en hervideros de los más desenfrenados, rebosantes de turbulencias y de tropelías. Contra éstas tuvo que luchar denodadamente Doña Blanca, y, cuando el reino había alcanzado ya un poco de tranquilidad, hace que declaren mayor de edad a su hijo, el futuro Luis IX, el 5 de abril de 1234. Ya rey, no se separa San Luis de la sabia mirada de su madre, a la que tiene siempre a su lado para tomar las decisiones más importantes. En este mismo año, y por su consejo, se une en matrimonio con la virtuosa Margarita, hija de Ramón Berenguer, conde de Provenza. Ella sería la compañera de su reinado y le ayudaría también a ir subiendo poco a poco los peldaños de la santidad.
En lo humano, el reinado de San Luis se tiene como uno de los más ejemplares y completos de la historia. Su obra favorita, las Cruzadas, son una muestra de su ideal de caballero cristiano, llevado hasta las últimas consecuencias del sacrificio y de la abnegación. Por otra parte, tanto en la política interior como en la exterior San Luis ajustó su conducta a las normas más estrictas de la moral cristiana. Tenía la noción de que el gobierno es más un deber que un derecho; de aquí que todas sus actividades obedecieran solamente a esta idea: el hacer el bien buscando en todo la felicidad de sus súbditos.
Desde el principio de su reinado San Luis lucha para que haya paz entre todos, pueblos y nobleza. Todos los días administra justicia personalmente, atendiendo las quejas de los oprimidos y desamparados. Desde 1247 comisiones especiales fueron encargadas de recorrer el país con objeto de enterarse de las más pequeñas diferencias. Como resultado de tales informaciones fueron las grandes ordenanzas de 1254, que establecieron un compendio de obligaciones para todos los súbditos del reino.


El reflejo de estas ideas, tanto en Francia como en los países vecinos, dio a San Luis fama de bueno y justiciero, y a él recurrían a veces en demanda de ayuda y de consejo. Con sus nobles se muestra decidido para arrancar de una vez la perturbación que sembraban por los pueblos y ciudades. En 1240 estalló la última rebelión feudal a cuenta de Hugo de Lusignan y de Raimundo de Tolosa, a los que se sumó el rey Enrique III de Inglaterra. San Luis combate contra ellos y derrota a los ingleses en Saintes (22 de julio de 1242). Cuando llegó la hora de dictar condiciones de paz el vencedor desplegó su caridad y misericordia. Hugo de Lusignan y Raimundo de Tolosa fueron perdonados, dejándoles en sus privilegios y posesiones. Si esto hizo con los suyos, aún extremó más su generosidad con los ingleses: el tratado de París de 1259 entregó a Enrique III nuevos feudos de Cahors y Périgueux, a fin de que en adelante el agradecimiento garantizara mejor la paz entre los dos Estados.
Padre de su pueblo y sembrador de paz y de justicia, serán los títulos que más han de brillar en la corona humana de San Luis, rey. Exquisito en su trato, éste lo extiende, sobre todo, en sus relaciones con el Papa y con la Iglesia. Cuando por Europa arreciaba la lucha entre el emperador Federico II y el Papa por causa de las investiduras y regalías, San Luis asume el papel de mediador, defendiendo en las situaciones más difíciles a la Iglesia. En su reino apoya siempre sus intereses, aunque a veces ha de intervenir contra los abusos a que se entregaban algunos clérigos, coordinando de este modo los derechos que como rey tenía sobre su pueblo con los deberes de fiel cristiano, devoto de la Silla de San Pedro y de la Jerarquía. Para hacer más eficaz el progreso de la religión en sus Estados se dedica a proteger las iglesias y los sacerdotes. Lucha denodadamente contra los blasfemos y perjuros, y hace por que desaparezca la herejía entre los fieles, para lo que implanta la Inquisición romana, favoreciéndola con sus leyes y decisiones.
Personalmente da un gran ejemplo de piedad y devoción ante su pueblo en las fiestas y ceremonias religiosas. En este sentido fueron muy celebradas las grandes solemnidades que llevó a cabo, en ocasión de recibir en su palacio la corona de espinas, que con su propio dinero había desempeñado del poder de los venecianos, que de este modo la habían conseguido del empobrecido emperador del Imperio griego, Balduino II. En 1238 la hace llevar con toda pompa a París y construye para ella, en su propio palacio, una esplendorosa capilla, que de entonces tomó el nombre de Capilla Santa, a la que fue adornando después con una serie de valiosas reliquias entre las que sobresalen una buena porción del santo madero de la cruz y el hierro de la lanza con que fue atravesado el costado del Señor.


A todo ello añadía nuestro Santo una vida admirable de penitencia y de sacrificios. Tenía una predilección especial para los pobres y desamparados, a quienes sentaba muchas veces a su mesa, les daba él mismo la comida y les lavaba con frecuencia los pies, a semejanza del Maestro. Por su cuenta recorre los hospitales y reparte limosnas, se viste de cilicio y castiga su cuerpo con duros cilicios y disciplinas. Se pasa grandes ratos en la oración, y en este espíritu, como antes hiciera con él su madre, Doña Blanca, va educando también a sus hijos, cumpliendo de modo admirable sus deberes de padre, de rey y de cristiano.
Sólo le quedaba a San Luis testimoniar de un modo público y solemne el gran amor que tenía para con nuestro Señor, y esto le impulsa a alistarse en una de aquellas Cruzadas, llenas de fe y de heroísmo, donde los cristianos de entonces iban a luchar por su Dios contra sus enemigos, con ocasión de rescatar los Santos Lugares de Jerusalén. A San Luis le cabe la gloria de haber dirigido las dos últimas Cruzadas en unos años en que ya había decaído mucho el sentido noble de estas empresas, y que él vigoriza de nuevo dándoles el sello primitivo de la cruz y del sacrificio.
En un tiempo en que estaban muy apurados los cristianos del Oriente el papa Inocencio IV tuvo la suerte de ver en Francia al mejor de los reyes, en quien podía confiar para organizar en su socorro una nueva empresa. San Luis, que tenía pena de no amar bastante a Cristo crucificado y de no sufrir bastante por Él, se muestra cuando le llega la hora, como un magnífico soldado de su causa. Desde este momento va a vivir siempre con la vista clavada en el Santo Sepulcro, y morirá murmurando: «Jerusalén».
En cuanto a los anteriores esfuerzos para rescatar los Santos Lugares, había fracasado, o poco menos, la Cruzada de Teobaldo IV, conde de Champagne y rey de Navarra, emprendida en 1239-1240. Tampoco la de Ricardo de Cornuailles, en 1240-1241, había obtenido otra cosa que la liberación de algunos centenares de prisioneros.


Ante la invasión de los mogoles, unos 10.000 kharezmitas vinieron a ponerse al servicio del sultán de Egipto y en septiembre de 1244 arrebataron la ciudad de Jerusalén a los cristianos. Conmovido el papa Inocencio IV, exhortó a los reyes y pueblos en el concilio de Lyón a tomar la cruz, pero sólo el monarca francés escuchó la voz del Vicario de Cristo.
Luis IX, lleno de fe, se entrevista con el Papa en Cluny (noviembre de 1245) y, mientras Inocencio IV envía embajadas de paz a los tártaros mogoles, el rey apresta una buena flota contra los turcos. El 12 de junio de 1248 sale de París para embarcarse en Marsella. Le siguen sus tres hermanos, Carlos de Anjou, Alfonso de Poitiers y Roberto de Artois, con el duque de Bretaña, el conde de Flandes y otros caballeros, obispos, etc. Su ejército lo componen 40.000 hombres y 2.800 caballos.
El 17 de septiembre los hallamos en Chipre, sitio de concentración de los cruzados. Allí pasan el invierno, pero pronto les atacan la peste y demás enfermedades. El 15 de mayo de 1249, con refuerzos traídos por el duque de Borgoña y por el conde de Salisbury, se dirigen hacia Egipto. «Con el escudo al cuello -dice un cronista- y el yelmo a la cabeza, la lanza en el puño y el agua hasta el sobaco», San Luis, saltando de la nave, arremetió contra los sarracenos. Pronto era dueño de Damieta (7 de junio de 1249). El sultán propone la paz, pero el santo rey no se la concede, aconsejado de sus hermanos. En Damieta espera el ejército durante seis meses, mientras se les van uniendo nuevos refuerzos, y al fin, en vez de atacar a Alejandría, se decide a internarse más al interior para avanzar contra El Cairo. La vanguardia, mandada por el conde Roberto de Artois, se adelanta temerariamente por las calles de un pueblecillo llamado Mansurah, siendo aniquilada casi totalmente, muriendo allí mismo el hermano de San Luis (8 de febrero de 1250). El rey tuvo que reaccionar fuertemente y al fin logra vencer en duros encuentros a los infieles. Pero éstos se habían apoderado de los caminos y de los canales en el delta del Nilo, y cuando el ejército, atacado del escorbuto, del hambre y de las continuas incursiones del enemigo, decidió, por fin, retirarse otra vez a Damieta, se vio sorprendido por los sarracenos, que degollaron a muchísimos cristianos, cogiendo preso al mismo rey, a su hermano Carlos de Anjou, a Alfonso de Poitiers y a los principales caballeros (6 de abril).
Era la ocasión para mostrar el gran temple de alma de San Luis. En medio de su desgracia aparece ante todos con una serenidad admirable y una suprema resignación. Hasta sus mismos enemigos le admiran y no pueden menos de tratarle con deferencia. Obtenida poco después la libertad, que con harta pena para el Santo llevaba consigo la renuncia de Damieta, San Luis desembarca en San Juan de Acre con el resto de su ejército. Cuatro años se quedó en Palestina fortificando las últimas plazas cristianas y peregrinando con profunda piedad y devoción a los Santos Lugares de Nazaret, Monte Tabor y Caná. Sólo en 1254, cuando supo la muerte de su madre, Doña Blanca, se decidió a volver a Francia.
A su vuelta es recibido con amor y devoción por su pueblo. Sigue administrando justicia por sí mismo, hace desaparecer los combates judiciarios, persigue el duelo y favorece cada vez más a la Iglesia. Sigue teniendo un interés especial por los religiosos, especialmente por los franciscanos y dominicos. Conversa con San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, visita los monasterios y no pocas veces hace en ellos oración, como un monje más de la casa.
Sin embargo, la idea de Jerusalén seguía permaneciendo viva en el corazón y en el ideal del Santo. Si no llegaba un nuevo refuerzo de Europa, pocas esperanzas les iban quedando ya a los cristianos de Oriente. Los mamelucos les molestaban amenazando con arrojarles de sus últimos reductos. Por si fuera poco, en 1261 había caído a su vez el Imperio Latino, que años antes fundaran los occidentales en Constantinopla. En Palestina dominaba entonces el feroz Bibars (la Pantera), mahometano fanático, que se propuso acabar del todo con los cristianos. El papa Clemente IV instaba por una nueva Cruzada. Y de nuevo San Luis, ayudado esta vez por su hermano, el rey de Sicilia, Carlos de Anjou, el rey Teobaldo II de Navarra, por su otro hermano Roberto de Artois, sus tres hijos y gran compañía de nobles y prelados, se decide a luchar contra los infieles.
En esta ocasión, en vez de dirigirse directamente al Oriente, las naves hacen proa hacia Túnez, enfrente de las costas francesas. Tal vez obedeciera esto a ciertas noticias que habían llegado a oídos del Santo de parte de algunos misioneros de aquellas tierras. En un convento de dominicos de Túnez parece que éstos mantenían buenas relaciones con el sultán, el cual hizo saber a San Luis que estaba dispuesto a recibir la fe cristiana. El Santo llegó a confiarse de estas promesas, esperando encontrar con ello una ayuda valiosa para el avance que proyectaba hacer hacia Egipto y Palestina.
Pero todo iba a quedar en un lamentable engaño que iba a ser fatal para el ejército del rey. El 4 de julio de 1270 zarpó la flota de Aguas Muertas y el 17 se apoderaba San Luis de la antigua Cartago y de su castillo. Sólo entonces empezaron los ataques violentos de los sarracenos.
El mayor enemigo fue la peste, ocasionada por el calor, la putrefacción del agua y de los alimentos. Pronto empiezan a sucumbir los soldados y los nobles. El 3 de agosto muere el segundo hijo del rey, Juan Tristán, cuatro días más tarde el legado pontificio y el 25 del mismo mes la muerte arrebataba al mismo San Luis, que, como siempre, se había empeñado en cuidar por sí mismo a los apestados y moribundos. Tenía entonces cincuenta y seis años de edad y cuarenta de reinado.
Pocas horas más tarde arribaban las naves de Carlos de Anjou, que asumió la dirección de la empresa. El cuerpo del santo rey fue trasladado primeramente a Sicilia y después a Francia, para ser enterrado en el panteón de San Dionisio, de París. Desde este momento iba a servir de grande veneración y piedad para todo su pueblo. Unos años más tarde, el 11 de agosto de 1297, era solemnemente canonizado por Su Santidad el papa Bonifacio VIII en la iglesia de San Francisco de Orvieto (Italia).

martes, 28 de abril de 2026

PADRE JOAQUÍN SÁENZ Y ARRIAGA EN EL 50 ANIVERSARIO DE SU FALLECIMIENTO

 


Hoy Martes 28 de abril es el 50.° aniversario luctuoso del recordado sacerdote mexicano R. P. Dr. Joaquín Sáenz y Arriaga, más conocido como el "teólogo de hierro". A él debemos, el habernos dado luz sobre lo que pasaba en la Iglesia desde aquellos aciagos y convulsos tiempos del herético Concilio Vaticano II. El P. Sáenz fue una de las primeras voces, juntamente al Padre Moisés Carmona, el Dr. Carlos Disandro, la escritora y poetiza Gloria Riestra y algunos otros que se levantaron valientes para advertir y protestar enérgicamente, con los argumentos de la Fe y la Tradición, contra los cambios modernistas y los enemigos infiltrados en la Iglesia.

Escribió numerosos libros sobre el grave problema de la Iglesia. Sus obras "La Nueva Iglesia Montiniana", "Cisma o Fe" y "Sede Vacante" abrieron los ojos de muchos católicos perplejos y les hicieron comprender con claridad la terrible situación de la Iglesia: la Sede de Pedro había sido usurpada por lobos rapaces. 

Desde nuestra Sociedad Religiosa pedimos encarecidamente una oración por su eterno descanso.

lunes, 27 de abril de 2026

SACRAMENTO DEL MATRIMONIO: Dios bendice esta unión para que no fracase el amor

 El pasado Sábado 18 de Abril contrajeron matrimonio el Sr. Bernd Hillsburger y la Sra. Liliana Don Juan. La ceremonia se realizó en la iglesia Inmaculado Corazón de María de la ciudad de Tampa Florida, y el Padre Emilio Fattore administró el Sacramento.

 Fungieron como Padrinos y testigos de la boda el Sr. Alberto García y la Sra. Sonia Ullmann.





 


SACRAMENTO DEL MATRIMONIO

 El pasado Sábado 25 de Abril, el P. Emilio Fattore bendijo el matrimonio del Sr. Daniel Thomas Katz y la señorita Yalena Sanabria, la ceremonia se llevó a cabo en la iglesia Inmaculado Corazón de María de la ciudad de Tampa Fl,




lunes, 13 de abril de 2026

LOS ERMITAÑOS URBANOS, Quienes son...?

Los eremitas urbanos, son hombres y mujeres que en la cotidianidad de la vida ordinaria, caminan dejando a Dios ensanchar espacios de silencio fecundo, soledad acompañada, encuentro íntimo con Jesús en la oración y la vida contemplativa. No viven en monasterios, ni son parte (en gran mayoria) de alguna orden religiosa, sino que amparados por alguna comunidad, congregación o Sociedad Religiosa, hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, siguiendo una regla especifica o un modo de vivir especifico que favorezca su crecimiento espiritual.  Hay quienes viven con su familia, hijos y cónyuge, pero la mayoría viven solos, pero llenos de Dios en todo momento. El término "urbano" está mal empleado, ya que no hay de campo y de ciudad, sino que son simplemente cristianos que buscaa Dios desde lo que la vida ordinaria les presenta, santificando el trabajo diario y dando sentido desde la oración y la contemplación a la vida de cada día. Esto indica que el término "urbano" se ha empleado últimamente (aunque no es correcto) para determinar a los que viven fuera de los muros de un claustro (monasterio o comunidad religiosa), e indica a quienes viven su vida eremita desde la cotidianidad inmediata de la vida ordinaria. Un eremita, ora, trabaja, hace comunidad en su localidad, ayuda en lo que le es posible a la Iglesia local; lleva siempre en el silencio y la sobriedad el mensaje renovador del Evangelio. No son hombres y mujeres aislados, ni muchas veces son reconocidos como tales eremitas, sino que viven de cara a lo escondido, a la intimidad con Jesús su único amor. Antes de habitar la ermita, hay que habitar la Verdad. La vida eremítica no comienza en un lugar, ni en el silencio exterior, ni en una forma de vida. Comienza cuando el alma deja de sostener personajes y se presenta delante de Dios tal cual es. No se trata de parecer espiritual, sino de ser verdadero. No se trata de alcanzar un ideal, sino de dejarse encontrar por Dios en lo que uno es hoy. El verdadero desierto empieza en el corazón: cuando caen las máscaras, cuando se aflojan las exigencias, cuando ya no necesito aparentar nada. Ahí, en esa pobreza sincera, Dios habita. Y desde ahí, recién, puede nacer una vida eremítica fecunda. Que nuestro camino sea ese: no construir una imagen, sino habitar la verdad.  

Rasgos de la espiritualidad eremítica: Soledad habitada: cultivar momentos de silencio y recogimiento donde el corazón se encuentre con Dios, incluso dentro del ruido del mundo. Silencio interior: aprender a callar para escuchar, buscando un espacio donde la Palabra de Dios resuene más fuerte que las voces exteriores. Oración continua: no tanto cantidad, sino calidad: oración breve, sencilla, constante, que atraviesa la jornada. Despojo interior: vivir con sobriedad, desprendimiento y sencillez, sin apoyarse demasiado en cosas o seguridades externas. Corazón vigilante: la atención a Dios en lo pequeño, el ejercicio de la vigilancia espiritual, como el ermitaño que está en guardia contra las distracciones y tentaciones. Intercesión por sus bienhechores que le ayudan y protegen: aunque busca soledad, el eremita no se aísla del todo, sino que se convierte en intercesor por la Iglesia y el prójimo. Tener espiritualidad eremítica es vivir, en medio de las circunstancias de la vida (familia, trabajo, comunidad), con el corazón centrado en Dios, buscando espacios de soledad, silencio y oración. No se trata de “escapar del mundo”, sino de crear en el propio interior una ermita donde habite el Señor. No todos pueden ser ermitaños, pero todos pueden vivir algo de la espiritualidad eremítica: un corazón silencioso, pobre y orante que hace lugar a Dios. San Hilarión puede ser un atractivo modelo: Su abandono de todo para buscar a Dios en la soledad nos muestra la importancia del silencio, la oración y el alejamiento de lo mundano. Su vida sencilla de ascetismo, consagración y servicio —aunque más “interno” que activo— puede resonar con tu vocación de ermitaño. Aplicación para la vida laical eremítica en el mundo 


1. Orar con fidelidad, no con ansiedad. A veces no vemos resultados inmediatos, pero la oración constante va transformando el corazón antes que las circunstancias. 

2. Volver una y otra vez al Señor. Como la viuda, presentar cada día lo mismo: la herida, la súplica, la esperanza. No es repetición vacía: es amor que no se rinde. 

3. Evitar el cansancio espiritual. Jesús termina diciendo: “¿Cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará fe sobre


la tierra?” Perseverar en la oración es mantener encendida la fe en medio del desierto. 
4. La oración como justicia interior. En cada súplica perseverante, el alma se endereza: se hace más humilde, más firme, más luminosa. La oración constante purifica el corazón de la impaciencia y del orgullo. La vida interior, la regala Dios a quien la cultiva desde la simplicidad y la sobriedad de sus obras, sabiendo que no es la persona quien actúa sino que es Dios mismo que le mueve a hacerlo. La viuda ganó por insistir. El orante sabe que Dios escucha, aunque parezca callar. 

lunes, 9 de febrero de 2026

NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO FUNDÓ UNA SOLA IGLESIA

LA SANTA IGLESIA CATÓLICA
Pruebas bíblicas e históricas

Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, dio su vida en la Cruz para salvar a los hombres del pecado y del poder del demonio. Fundó su Iglesia para continuar su obra de salvación. Única y exclusivamente a esta Iglesia que Él mismo fundó, confió su misión, su Evangelio, su autoridad y sus poderes divinos para predicar, bautizar, hablar en su nombre y salvar a los hombres. Sin embargo, dieciséis siglos después de Cristo, Martín Lutero, un sacerdote católico excomulgado por sus  graves errores en materia de fe, inventó la teoría de la libre interpretación de la Biblia. Este libre examen produjo unas 36,000 sectas diferentes y opuestas, que sin ningún derecho se apropiaron del Evangelio, utilizándolo contra la legítima Iglesia. Para hacerse aceptar, todas estas sectas destructoras de la Iglesia legítima, pretenden ser de Jesucristo. Hoy en día muchos fundan su iglesia y predican la Biblia” a su modo, haciendo discípulos” y sembrando confusión y división entre los católicos. (VEA MÁS)

martes, 27 de enero de 2026

EL ESCUDO DE NUESTRA SOCIEDAD RELIGIOSA ... Su Heráldica

La heráldica, arte heráldico o ciencia del blasón,​ es la disciplina que se ocupa de entender y componer adecuadamente los escudos de armas, o el código de reglas que permite representar y describir correctamente los escudos de armas El término heráldica proviene del nombre masculino heraldo, que es como se denominaba en la Edad Media tanto a la persona que anunciaba y describía a los caballeros que participaban en los torneos como a los mensajeros o emisarios de la corte.
Estrictamente definida, denota lo que pertenece al oficio y deber de un heraldo, cuya cabeza visible era el rey de armas; esa parte de su trabajo que trata de los escudos de armas se denomina propiamente armería, pero en el uso general heráldica ha llegado a significar lo mismo que armería. Se trata de una disciplina relacionada con el diseño, exhibición y estudio de escudos de armas, así como disciplinas relacionadas, el estudio de la ceremonia, rango y pedigrí.
La rama de la armería se refiere al diseño y transmisión de la armería heráldica. Este incluye un escudo de armas, yelmo y cimera, junto con cualquier ornamento y elemento que lo acompañe, como soportes (o tenante), estandartes heráldicos, lemas​ o grito de guerra.





La flor de lis:
En la parte superior del escudo se encuentra la Flor de Lis, que es la flor de todas las flores. Y que no solamente era la flor por excelencia de la monarquía francesa, sino que además era la flor del escudo de nuestro Santo Patrón Luis IX Rey de Francia.
Ave María:
Rodeando la Flor de Lis se encuentran las dos primeras palabras que pronunció el Arcángel San Gabriel cuándo fue enviado por Dios para anunciar a la Santísima Virgen María la Encarnación de su Hijo. Estas dos palabras marcan para todos nosotros que hemos sido redimidos por la Sangre del Cordero de Dios y lavados con las aguas bautismales en la única Iglesia de Jesucristo, el origen de nuestra Redención; es por eso que nuestra Sociedad Religiosa lo llevará como estandarte para defendernos de nuestros enemigos.
Color amarillo y blanco:
Son los colores de la bandera del Pontificado Romano, del cuál los miembros de nuestra Sociedad Religiosa veneran, obedecen y respetan por ser de institución divina.
Color celeste y blanco:
Son los colores de la bandera Argentina que es el lugar donde nuestra Sociedad Religiosa nació. También nos recuerda los colores del manto sagrado de la Inmaculada Virgen María de quien el General Don Manuel Belgrano se inspiró para crear dicha bandera.
La Cruz blanca en el centro:
Nos recuerda que es el único signo por el cual seremos victoriosos.
La corona:
Representa a Cristo Rey, y está en el centro del escudo, porque el Reinado de Cristo es la causa y el motivo de nuestros amores.
La espada roja:
Se encuentra erecta en el medio del escudo y nos recuerda que debemos estar en pié de guerra contra los tres enemigos del alma; es de color roja en honor a la sangre de los Mártires que murieron por Cristo Rey y que con la gracia de Dios estamos dispuestos a derramar la nuestra, si el Buen Dios nos da la gracia del martirio.
En la parte inferior:
Está el nombre de nuestra Sociedad Religiosa. Sirva este sencillo escudo para recordarnos lo que somos y hacer todo para la Mayor Gloria de Dios y la salvación de las almas a nosotros confiadas.

viernes, 23 de enero de 2026

FORMACIÓN PARA LA ACCIÓN...: INTERESANTÍSIMO ARTÍCULO SOBRE TODA LA VERDAD EN LA GUERRA CRISTERA MEXICANA Y LA PERSECUCIÓN QUE LA JUDEOMASONERÍA PLANEÓ PARA HACER DESAPARECER LA CRUZ DE CRISTO EN ESE PAÍS GUADALUPANO... «El derecho a la rebeldía: el ejemplo de los Cristeros mejicanos» - Eugenio Vegas Latapié (1907-1985)



La anticlerical y laicista constitución mejicana de 1917, fue coronada casi una década después por una inicua ley promulgada en 1926 por el Presidente Plutarco Elías Calles. Produjo ello el heroico y glorioso levantamiento en armas del fiel pueblo mejicano, dando origen así a la llamada «Guerra Cristera». Al cumplirse, pues, este año el centenario de tal epopeya «Decíamos ayer...», rinde homenaje a quienes ofrendaron sus bienes y sus vidas, al grito de «¡Viva Cristo Rey y viva la Virgen de Guadalupe!».

Y según la ley casi todas las cosas se purifican con sangre:

y sin derramamiento de sangre no se hace la remisión.
(Epístola de San Pablo a los Hebreos, IX-12)

Son los católicos mexicanos[1] los que, dando un ejemplo admirable al mundo entero, han puesto por fin en práctica las palabras del Apóstol y han hecho oferta generosa de su sangre y de su vida en aras de la Religión y de la Patria. En pleno reinado del materialismo, cuando la conservación de la vida y de la hacienda se han elevado a la categoría de supremos ideales, los católicos mexicanos, en un heroico y prolongado alarde de valor físico y de encendida caridad, solamente censurado por los prudentes, los templados y los acomodaticios, sacrificando conscientemente todas las delicias de la cómoda existencia actual, han empuñado las armas en defensa de la fe y de la moralidad de nuestra generación y de las futuras. Sólo hay dos actitudes dignas para afrontar las horas gravísimas porque atraviesa el mundo: una es la que nos enseñan los católicos del siglo XVI, que en una mano llevaban la cruz y en la otra la espada; la otra es la de dejarse matar en voluntario martirio, sacrificar los provechos del gobierno antes que rendir pleitesía al error o ser su cómplice.

 https://verdadcatolica.blogspot.com/2026/01/el-derecho-la-rebeldia-el-ejemplo-de.html

Visto en: /blogdeciamosayer.blogspot.com

sábado, 10 de enero de 2026

SACRAMENTO DEL BAUTISMO

Hoy Sábado 10 de Enero recibió las aguas bautismales el niño Fausto Julián Saavedra, el Sacramento fue administrado por el P. Mauricio María (SRSLRF) y fungieron como padrinos el Sr. Gaston A. Villarruel y la Srta. Milagro Soledad Costa.

viernes, 26 de diciembre de 2025

FESTIVIDAD DE SAN ESTEBAN PROTOMARTIR


San Esteban, el primer mártir cristiano, fue uno de los diáconos elegidos por los apóstoles para ayudar en el servicio a la comunidad cristiana en Jerusalén. Su misión era atender las necesidades de las viudas y los más pobres.
Cada 26 de diciembre, la Iglesia celebra la festividad de san Esteban, recordando al primer rtir cristiano. Su historia, aunque breve, es un testimonio impresionante de fe, valentía y amor al Evangelio. ¿Conoces su origen y cómo llegó a convertirse en uno de los modelos de santidad más emblemáticos de la Iglesia?

¿Quién fue san Esteban?
San Esteban fue uno de los siete primeros diáconos elegidos por los apóstoles para ayudar en el servicio a la comunidad cristiana en Jerusalén. Su misión principal era atender las necesidades de las viudas y los más pobres, asegurándose de que nadie quedara desamparado.
El libro de los Hechos de los Apóstoles nos cuenta que Esteban era un hombre lleno de fe y del Espíritu Santo (Hch. 6, 5). También era conocido por su sabiduría y por los signos y milagros que realizaba entre el pueblo, lo que atrajo tanto admiradores como detractores.


El martirio de san Esteban
La predicación de Esteban causó controversia entre algunos líderes religiosos de su tiempo. Fue acusado falsamente de blasfemia contra Moisés y contra Dios, y llevado ante el Sanedrín, el consejo supremo de los judíos.
Durante su defensa, pronunció un discurso poderoso y valiente en el que repasó la historia de Israel y denunció la resistencia del pueblo a aceptar la voluntad de Dios. Este discurso enfureció a sus acusadores, quienes lo llevaron fuera de la ciudad y lo apedrearon hasta la muerte.
Mientras se convertía en el primer mártir, Esteban, lleno del Espíritu Santo, exclamó: «Señor Jesús, recibe mi espíritu» y, con un corazón lleno de perdón, dijo: «Señor, no les tomes en cuenta este pecado» (Hch. 7, 59-60). Su muerte es un reflejo del amor y la misericordia de Cristo en la cruz.
«Esteban, lleno de gracia y poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo» (Hch 6,8). El número de los que creían en la doctrina de Jesucristo era cada vez mayor. Sin embargo, muchos –ya sea porque no conocían a Cristo o porque le conocían mal– no consideraron a Jesús como el salvador.
«Se pusieron a discutir con Esteban; pero no lograban hacer frente a la sabiduría y al espíritu con que hablaba. Entonces indujeron a unos que asegurasen: “Le hemos oído proferir palabras blasfemas contra Moisés y contra Dios”» (Hch 6,9-11).
San Esteban fue el primer mártir del cristianismo. Murió lleno del Espíritu Santo, rezando por los que le apedreaban. «Ayer, Cristo fue envuelto en pañales por nosotros; hoy, cubre Él a Esteban con vestidura de inmortalidad. Ayer, la estrechez de un pesebre sostuvo a Cristo niño; hoy, la inmensidad del cielo ha recibido a Esteban triunfante. El Señor descendió para elevar a muchos; se humilló nuestro Rey, para exaltar a sus soldados».

lunes, 15 de diciembre de 2025

NO SE DEJE ENGAÑAR POR LAS SECTAS YA QUE LAS BIBLIAS PROTESTANTES ESTÁN ADULTERADAS POR QUE LE FALTAN LIBROS (Formación para la acción)

 

En el 1534, Martín Lutero tradujo la Biblia al alemán. Pero rechazó los últimos siete libros del A.T. porque estos contradecían sus nuevas doctrinas. Por ejemplo, al quitar los libros de Macabeos, le fue mas fácil negar el purgatorio ya que 2 Macabeos 12, 43-46 da por supuesto que existe una purificación después de la muerte. Lutero dice que Macabeos no pertenece a la Biblia. Sin embargo Hebreos 11,35 (Nuevo Testamento) hace referencia a 2 Macabeos: "Unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor". Los únicos en el Antiguo Testamento a quienes se aplica este pasaje es a los mártires macabeos, que fueron torturados por conseguir la resurrección (2 Mac. 7:11, 14, 23, 29, 36).
¡Lutero consideró conveniente optar por el canon de Jamnia que los judíos habían establecido para distanciarse del cristianismo!. Lo prefirió a pesar que le faltaban libros que Jesús, los Apóstoles y la Iglesia desde el principio habían reconocido (ver arriba). Agrupó los libros que quitó de la Biblia bajo el título de "apócrifos", señalando: "estos son libros que no se tienen por iguales a las Sagradas Escrituras y sin embargo son útiles y buenos para leer".
Lamentablemente Lutero propagó sus errores junto con su rebelión. Por esa razón a la Biblia Protestante le faltan 7 libros del AT. Los consideran libros que ellos llaman "apócrifos". 
Tobías
Judit
Ester (protocanónico con partes deuterocanónicas)
Daniel (protocanónico con partes deuterocanónicas)
I Macabeos
II Macabeos
Sabiduría
Eclesiástico (también llamado "Sirac")
Baruc
Lutero no solo eliminó libros del Antiguo Testamento sino que quiso eliminar algunos del Nuevo Testamento e hizo cambios en el Nuevo Testamento para adaptarlo a su doctrina.
Martín Lutero había declarado que la persona se salva sólo por la fe (entendiendo la fe como una declaración legal), sin necesidad de poner la fe en práctica por medio de obras. Según él todas las doctrinas deben basarse solo en la Biblia, pero la Biblia según la acomoda e interpreta él. Por eso llegó incluso a añadir la palabra "solamente" después de la palabra "justificado" en su traducción alemana de Romanos 3, 28. También se refirió a la epístola de Santiago como epístola "de paja" porque esta enseña explícitamente: "Veis que por las obras se justifica el hombre y no sólo por la fe". (Ver: Fe y obras; Estado actual del diálogo Católico-Luterano al respecto)
Lutero además se tomó la libertad de separar los libros del Nuevo Testamento de la siguiente manera:
Libros sobre la obra de Dios para la salvación: Juan, Romanos, Gálatas, Efesios, I Pedro y I Juan
Otros libros canónicos: Mateo, Marcos, Lucas, Hechos, el resto de las cartas de Pablo, II Pedro y II de Juan
Los libros no canónicos: Hebreos, Santiago, Judas, Apocalipsis y libros del Antiguo Testamento.
Gracias a Dios, los Protestantes y Evangélicos tienen los mismos libros que los católicos en el Nuevo Testamento porque no aceptaron los cambios de Lutero para esta parte del canon. Pero se encuentran en una posición contradictoria: Reconocen el canon establecido por la Iglesia Católica para el Nuevo Testamento (los 27 libros que ellos tienen) pero no reconocen esa misma autoridad para el canon del A.T.
Es interesante notar que la Biblia Gutenberg, la primera Biblia impresa, es la Biblia latina (Vulgata), por lo tanto, contenía los 46 libros del canon alejandrino.
El reformador español, Casiodoro de Reina, respetó el canon católico de la Biblia en su traducción, la cual es considerada una joya de literatura. Pero luego Cipriano de Valera quitó los deuterocanónicos en su versión conocida como Reina-Valera.

lunes, 8 de diciembre de 2025