Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

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lunes, 28 de septiembre de 2026

LA GRACIA DE DIOS Y LA INGRATITUD DE LOS HOMBRES (Reflexión Dominical del P. Emilio Fattore del Domingo XVIII de Pentecostés)

Hermanos: Doy siempre gracias a mi Dios por vosotros, por la gracia de Dios que os ha sido dada en Cristo Jesús: porque habéis sido enriquecidos en El en todo, en toda palabra, y en toda ciencia, siendo así confirmado en vosotros el testimonio de Cristo: de modo que ya no os falta nada en ninguna gracia, mientras esperáis la revelación de Nuestro Señor Jesucristo, el cual os confirmará también hasta el fin, para que estéis sin mancha el día de la venida de Nuestro Señor Jesucristo.
I Corintios I, 4-8

Queridos fieles en Cristo:
Las palabras que terminamos de leer parecen escritas especialmente para nosotros y para los tiempos que atravesamos. San Pablo nos recuerda que la conservación de la Fe no depende únicamente de las fuerzas humanas. Es una gracia de Dios. Él nos ha permitido conocer la Verdad, recibir los sacramentos, asistir al verdadero Santo Sacrificio de la Misa y permanecer dentro de la Tradición católica.

Pero toda gracia trae consigo una responsabilidad.
Debemos comprender los tiempos en los cuales la Divina Providencia nos ha colocado. No vivimos tiempos ordinarios. Estamos librando una gran batalla espiritual: una batalla por la verdadera Fe, por el Santo Sacrificio de la Misa, por el sacerdocio, por la moral católica, por la Tradición, por la familia y, en definitiva, por la salvación de las almas.
El frente de esta guerra está ahora completamente abierto. Ya no existe excusa para fingir que nada ha sucedido o que la crisis de la Iglesia es solamente una pequeña diferencia acerca de ceremonias. Las consecuencias de haber abandonado la Fe y la Tradición católicas son visibles por todas partes: iglesias vacías, vocaciones perdidas, familias divididas, costumbres corrompidas, niños confundidos e innumerables almas privadas de la sana doctrina y del verdadero culto católico.
Sin embargo, San Pablo nos dice que en Jesucristo hemos sido «enriquecidos en todas las cosas». En medio de tanta pobreza espiritual, Dios no ha dejado pobres a sus hijos. Nos ha concedido el tesoro de la Fe. Nos ha dado la doctrina, la Misa, los sacramentos y la protección maternal de la Santísima Virgen. Nada esencial nos falta para santificarnos y salvar nuestras almas.
Hace casi treinta y cinco años ( digo 35 porque ya habian pasado unos cuantos después del concilio Vat II), muchos despreciaban la Tradición católica como algo anticuado: una reliquia del pasado que jamás regresaría. Quienes defendían la Misa tradicional eran tratados frecuentemente como ignorantes, obstinados o desobedientes. Los enemigos de la Tradición esperaban que, con suficiente tiempo, silencio y persecución, la antigua Misa y la Fe de siempre simplemente desaparecieran.

Pero Dios no abandona a su Iglesia.
Con el paso de los años, especialmente gracias a internet y a los extraordinarios acontecimientos que rodearon los años de la pandemia, Dios permitió que verdades ocultadas durante mucho tiempo quedaran expuestas ante millones de personas. Muchos comenzaron a descubrir lo que les había sido arrebatado. Encontraron la Misa tradicional, los antiguos catecismos, las vidas de los santos, la moral católica y los tesoros de la sagrada liturgia.
Al mismo tiempo, comenzaron a reconocer los terribles daños causados por los cambios en la fe, el culto, la moral, la Tradición y la familia.
San Pablo dice que «el testimonio de Cristo ha sido confirmado» entre los fieles. Esto significa que la Fe no puede permanecer solamente como una idea en nuestra inteligencia. Debe confirmarse en nuestra vida: en nuestra manera de rezar, vestir, hablar, educar a nuestros hijos, vivir el matrimonio, santificar los domingos y afrontar las pruebas.
No basta con conocer la verdad; debemos vivirla. No basta con amar la Misa tradicional; debemos permitir que el espíritu de la Misa transforme nuestra vida. No basta con llamarnos católicos tradicionales; debemos ser verdaderamente católicos en el hogar, en el trabajo y en cada decisión que tomamos.
Hoy la verdadera Misa es conocida por muchos. Ya no puede ocultarse como se hizo durante tanto tiempo. Jóvenes y ancianos la buscan. Desean reverencia, doctrina, disciplina, sacrificio y todo cuanto acompaña a la verdadera Fe católica.
Como esta verdad ya no puede esconderse, sus enemigos han adoptado otros medios para combatirla. Algunos intentan controlarla. Otros procuran debilitarla, comprometerla o mezclarla con el error. Algunos aceptan las ceremonias exteriores, pero rechazan los principios que las conservaron.Por eso debemos comprender que estos no son tiempos para jugar con medias verdades. 
Nuestro Señor dijo:
«El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».

No hay tiempo para ser tibios. O estamos con la Verdad o estamos contra ella. O defendemos la Fe íntegra y completa, o contribuimos —quizás aun sin quererlo— a su destrucción.
No defendemos la Tradición por nostalgia. No conservamos la Misa tradicional solamente porque es hermosa. Defendemos la Fe católica para la gloria de Dios, para la conversión de los pecadores y para la salvación de las almas. Conservamos aquello que otros sufrieron para transmitirnos, a fin de entregarlo fielmente a la próxima generación.
He dicho muchas veces que, humanamente hablando, si no hubiera sido por obispos como Monseñor Pierre Martin Ngô Đình Thục y Monseñor Marcel Lefebvre muy poco de la Tradición católica habría sobrevivido, si algo.. Cualesquiera que sean los juicios que algunos hagan acerca de ciertas decisiones particulares, debemos reconocer que, por medio de obispos, sacerdotes, religiosos y fieles dispuestos a sufrir, Dios conservó la Misa, los sacramentos y la sucesión apostólica durante una de las crisis más oscuras de la historia de la Iglesia.
Aquí se cumplen las palabras de San Pablo: Dios no permitió que a su Iglesia le faltara ninguna de las gracias necesarias. Cuando todo parecía perdido, Él conservó sacerdotes, obispos, altares y familias fieles. No porque los hombres fueran perfectos, sino porque Dios es fiel a sus promesas.
Nuestro Señor prometió:
«Las puertas del infierno no prevalecerán contra ella».

En ocasiones, la situación puede ser desalentadora. Quizás nos preguntemos: «¿Dónde está la Iglesia? ¿Por qué permite Dios todo esto? ¿Cuánto tiempo más deberá continuar esta batalla?».
Pero la Iglesia siempre estuvo allí. Se encontraba oscurecida, perseguida y llevada al desierto, pero jamás dejó de existir. Así como el Apocalipsis habla de la Mujer que huyó al desierto, donde Dios le había preparado un lugar, del mismo modo la Iglesia de nuestros tiempos ha permanecido muchas veces oculta y sostenida en humildes capillas, salones alquilados, casas particulares y misiones lejanas. Allí fue alimentada por obispos y sacerdotes fieles, y por familias católicas que realizaron enormes sacrificios. Los padres conducían largas distancias para asistir a Misa. Los sacerdotes viajaban durante horas para llevar los sacramentos a un pequeño grupo de almas. Los fieles entregaban su tiempo, su dinero, su trabajo y hasta su reputación para mantener viva la verdadera Fe.
Muchos de los que hoy llegan a la Tradición han recibido algo que ya estaba preparado para ellos. Las capillas están organizadas. Hay al menos un sacerdote presente regularmente. Se ofrece la Santa Misa. Se escuchan confesiones. Los niños son bautizados e instruidos. Se celebran matrimonios y los moribundos reciben los últimos sacramentos.
En lugares como el nuestro, Dios nos ha concedido todavía más. Tenemos una buena comunidad de feligreses. Nos cuidamos mutuamente, rezamos los unos por los otros y nos ayudamos durante las pruebas. Ustedes tienen un sacerdote que, a pesar de sus faltas y limitaciones, ha entregado su vida por ustedes y permanece preocupado tanto por su bienestar espiritual como por el temporal.

Aquí tenemos un puerto seguro en medio de las tempestades del mundo.
Esto es precisamente lo que San Pablo describe cuando dice que hemos sido enriquecidos por la gracia de Dios. No debemos despreciar estos dones ni acostumbrarnos tanto a ellos que dejemos de agradecerlos. Muchos sacrificaron muchísimo para que nosotros tuviéramos lo que hoy recibimos con tanta facilidad.
Pero un puerto seguro debe ser conservado. Debe ser protegido para nuestros niños y para quienes vendrán después de nosotros. No podemos pasar la vida imaginando cuán difícil, terrible o aterrador podría llegar a ser el futuro. El miedo no conserva la Fe. Las quejas no edifican la Iglesia. La ansiedad no salva las almas.
San Pablo nos asegura que Cristo «nos confirmará hasta el fin». Nuestra esperanza no está puesta en nuestra propia fuerza, sino en la gracia de Dios. Él no promete que no habrá persecuciones, pruebas o sufrimientos; promete que nos dará la gracia necesaria para permanecer fieles.
Hace casi 28 años, el Padre Zárate y yo estábamos sentados en la pequeña cocina del segundo piso de una pequeña rectoría que alquilábamos en la Argentina. Algunas veces conversábamos sobre cómo sería la Tradición treinta años más tarde.

Pues bien, ya casi hemos llegado a ese momento.
Permítanme decirles algo: nunca imaginamos que la Tradición llegaría a ser tan conocida como lo es hoy. Nunca imaginamos que los errores y las falsedades utilizados contra la Fe tradicional serían expuestos tan abiertamente. Nunca pensamos que la puerta por la cual tantas almas podrían descubrir la verdad llegaría a abrirse de una manera tan amplia.
Esto debe alentarnos, pero también debe hacernos temblar, porque un mayor conocimiento trae consigo una responsabilidad mayor. Si Dios nos ha enriquecido con tantas gracias, espera de nosotros mayores frutos.
Nuestra responsabilidad ya no se limita a nosotros mismos, ni siquiera a nuestras propias familias. Tenemos una responsabilidad para con la Iglesia. Somos miembros de la Iglesia Militante en uno de los momentos más importantes de su historia. Dios nos ha dado la oportunidad de dejar una marca santa para el futuro.
Él no nos ha llamado simplemente a ocupar un banco, asistir a Misa y luego regresar al espíritu del mundo. Nos llama a ser testigos; quizás no mártires mediante el derramamiento de nuestra sangre, sino mártires por medio de nuestra fidelidad, nuestros sacrificios, nuestra perseverancia y nuestro valor.
Debemos ser católicos heroicos. Los padres deben enseñar la Fe en sus hogares. Los jóvenes deben rechazar la corrupción del mundo. Los esposos deben defender la santidad del matrimonio. Los niños deben aprender a amar a Dios, a la Santísima Virgen, a la Misa y a los sacramentos. Todo católico debe rezar, estudiar la Fe, recibir dignamente los sacramentos y dar buen ejemplo.
San Pablo nos recuerda también que esperamos «la manifestación de Nuestro Señor Jesucristo». Esta batalla no durará para siempre. Estamos caminando hacia el día en que Cristo se manifestará como Rey y Juez. En aquel día no nos preguntará si el combate fue fácil, sino si permanecimos fieles; no nos preguntará si vencimos todas las dificultades, sino si hicimos nuestro deber sostenidos por su gracia.
Dios nos ha concedido el privilegio de participar en la victoria de su Iglesia. La victoria pertenece a Cristo, pero Él nos permite trabajar por ella. Desea que nuestras oraciones, sacrificios, sufrimientos y fidelidad ayuden a transmitir la Fe hacia el futuro.

Por lo tanto, tenemos una gran obra por delante.
Este no es el momento de estar tristes, sombríos, ansiosos, desalentados o deprimidos. Este es el momento de permanecer de pie, con la Fe en una mano y la espada de la verdad en la otra. Esa espada no es un arma de ira ni de odio. Es la Palabra de Dios: clara, sin compromisos, proclamada con caridad y valentía.
Debemos combatir, no contra las personas, sino contra el error; no por nuestro orgullo, sino por la gloria de Dios; no para ganar discusiones, sino para ganar almas.
Conservemos esta capilla, esta comunidad, esta Misa y esta Fe para los pequeños que vendrán después de nosotros. Continuemos la obra de quienes sufrieron antes que nosotros. Seamos dignos de la herencia que ellos depositaron en nuestras manos.
Y pidamos hoy aquella gracia mencionada por San Pablo: que Nuestro Señor nos confirme hasta el fin, para que podamos presentarnos irreprensibles en el día de su venida.
Entonces, cuando termine nuestra batalla terrenal, que podamos escuchar aquellas benditas palabras: «Muy bien, siervo bueno y fiel… entra en el gozo de tu Señor».

Que Nuestro Señor Jesucristo y su Santísima Madre nos fortalezcan, nos protejan y nos concedan la gracia de combatir siempre el buen combate, conservar la Fe y perseverar fielmente hasta el fin.

lunes, 1 de junio de 2026

UNA PRIMERA COMUNIÓN... FIRST HOLY COMMUNION

El pasado domingo 24 de Mayo y en la festividad de Pentecostés recibió por primera vez a Jesús Sacramentado el niño Anthony  Watson Rivers; el Sacramento fue administrado por el Padre Emilio J. Fattore. 

Anthony es el monaguillo de la segunda Misa (11:00 hs. latín, español)  todos los Domingos en la iglesia Inmaculado Corazón de María

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On Sunday, May 24, during the Feast of Pentecost, young Anthony received Our Lord Jesus Christ in the Most Holy Eucharist for the first time. The sacrament of First Holy Communion was administered by Fr. Emilio Fattore.

Anthony is a faithful altar server at the first Mass every Sunday and also assists at some of the 11:00 AM Masses at Immaculate Heart of Mary Church. We congratulate him on this important day and pray that he may always remain close to Our Lord in the Blessed Sacrament, growing in faith, devotion, and love of God throughout his life.

Ad multos annos!




lunes, 27 de abril de 2026

SACRAMENTO DEL MATRIMONIO: Dios bendice esta unión para que no fracase el amor

 El pasado Sábado 18 de Abril contrajeron matrimonio el Sr. Bernd Hillsburger y la Sra. Liliana Don Juan. La ceremonia se realizó en la iglesia Inmaculado Corazón de María de la ciudad de Tampa Florida, y el Padre Emilio Fattore administró el Sacramento.

 Fungieron como Padrinos y testigos de la boda el Sr. Alberto García y la Sra. Sonia Ullmann.





 


lunes, 13 de abril de 2026

LOS ERMITAÑOS URBANOS, Quienes son...?

Los eremitas urbanos, son hombres y mujeres que en la cotidianidad de la vida ordinaria, caminan dejando a Dios ensanchar espacios de silencio fecundo, soledad acompañada, encuentro íntimo con Jesús en la oración y la vida contemplativa. No viven en monasterios, ni son parte (en gran mayoria) de alguna orden religiosa, sino que amparados por alguna comunidad, congregación o Sociedad Religiosa, hacen votos de pobreza, castidad y obediencia, siguiendo una regla especifica o un modo de vivir especifico que favorezca su crecimiento espiritual.  Hay quienes viven con su familia, hijos y cónyuge, pero la mayoría viven solos, pero llenos de Dios en todo momento. El término "urbano" está mal empleado, ya que no hay de campo y de ciudad, sino que son simplemente cristianos que buscan a Dios desde lo que la vida ordinaria les presenta, santificando el trabajo diario y dando sentido desde la oración y la contemplación a la vida de cada día. Esto indica que el término "urbano" se ha empleado últimamente (aunque no es correcto) para determinar a los que viven fuera de los muros de un claustro (monasterio o comunidad religiosa), e indica a quienes viven su vida eremita desde la cotidianidad inmediata de la vida ordinaria. Un eremita, ora, trabaja, hace comunidad en su localidad, ayuda en lo que le es posible a la Iglesia local; lleva siempre en el silencio y la sobriedad el mensaje renovador del Evangelio. No son hombres y mujeres aislados, ni muchas veces son reconocidos como tales eremitas, sino que viven de cara a lo escondido, a la intimidad con Jesús su único amor. Antes de habitar la ermita, hay que habitar la Verdad. La vida eremítica no comienza en un lugar, ni en el silencio exterior, ni en una forma de vida. Comienza cuando el alma deja de sostener personajes y se presenta delante de Dios tal cual es. No se trata de parecer espiritual, sino de ser verdadero. No se trata de alcanzar un ideal, sino de dejarse encontrar por Dios en lo que uno es hoy. El verdadero desierto empieza en el corazón: cuando caen las máscaras, cuando se aflojan las exigencias, cuando ya no necesito aparentar nada. Ahí, en esa pobreza sincera, Dios habita. Y desde ahí, recién, puede nacer una vida eremítica fecunda. Que nuestro camino sea ese: no construir una imagen, sino habitar la verdad.  

Rasgos de la espiritualidad eremítica: Soledad habitada: cultivar momentos de silencio y recogimiento donde el corazón se encuentre con Dios, incluso dentro del ruido del mundo. Silencio interior: aprender a callar para escuchar, buscando un espacio donde la Palabra de Dios resuene más fuerte que las voces exteriores. Oración continua: no tanto cantidad, sino calidad: oración breve, sencilla, constante, que atraviesa la jornada. Despojo interior: vivir con sobriedad, desprendimiento y sencillez, sin apoyarse demasiado en cosas o seguridades externas. Corazón vigilante: la atención a Dios en lo pequeño, el ejercicio de la vigilancia espiritual, como el ermitaño que está en guardia contra las distracciones y tentaciones. Intercesión por sus bienhechores que le ayudan y protegen: aunque busca soledad, el eremita no se aísla del todo, sino que se convierte en intercesor por la Iglesia y el prójimo. Tener espiritualidad eremítica es vivir, en medio de las circunstancias de la vida (familia, trabajo, comunidad), con el corazón centrado en Dios, buscando espacios de soledad, silencio y oración. No se trata de “escapar del mundo”, sino de crear en el propio interior una ermita donde habite el Señor. No todos pueden ser ermitaños, pero todos pueden vivir algo de la espiritualidad eremítica: un corazón silencioso, pobre y orante que hace lugar a Dios. San Hilarión puede ser un atractivo modelo: Su abandono de todo para buscar a Dios en la soledad nos muestra la importancia del silencio, la oración y el alejamiento de lo mundano. Su vida sencilla de ascetismo, consagración y servicio —aunque más “interno” que activo— puede resonar con tu vocación de ermitaño. Aplicación para la vida laical eremítica en el mundo 


1. Orar con fidelidad, no con ansiedad. A veces no vemos resultados inmediatos, pero la oración constante va transformando el corazón antes que las circunstancias. 

2. Volver una y otra vez al Señor. Como la viuda, presentar cada día lo mismo: la herida, la súplica, la esperanza. No es repetición vacía: es amor que no se rinde. 

3. Evitar el cansancio espiritual. Jesús termina diciendo: “¿Cuando venga el Hijo del Hombre, encontrará fe sobre


la tierra?” Perseverar en la oración es mantener encendida la fe en medio del desierto. 
4. La oración como justicia interior. En cada súplica perseverante, el alma se endereza: se hace más humilde, más firme, más luminosa. La oración constante purifica el corazón de la impaciencia y del orgullo. La vida interior, la regala Dios a quien la cultiva desde la simplicidad y la sobriedad de sus obras, sabiendo que no es la persona quien actúa sino que es Dios mismo que le mueve a hacerlo. La viuda ganó por insistir. El orante sabe que Dios escucha, aunque parezca callar. 

martes, 9 de septiembre de 2025

XVII JORNADAS DE CULTURA CATÓLICA VEDIA BS.AS. 2025

   XVII JORNADAS DE CULTURA CATÓLICA VEDIA BS.AS. 2025


SÁBADO 11 Y DOMINGO 12 DE OCTUBRE

 



“El Cristianismo logró forjar sobre la base de las instituciones grecorromanas, y con el aporte del mundo bárbaro, un sólido edificio de civilización que alcanza su plenitud en el siglo XIII. Pero el diablo no podía aceptar esta restricción. Tenía que intentar destruir la Ciudad Católica. Tenía que intentar la Revolución Anticristiana".
(Padre Julio Meinvielle)      

Todas las circunstancias de la vida de José están relacionadas tan perfectamente con Ntro. Divino Salvador, que practicamente basta con cambiar los nombres y poner en lugar del nombre de José, el de Jesucristo, para hacer la historia del Justo por excelencia. (Padre Carón)

 

LUGAR:

Casa San José. Calle Painé 200 esq. Buenos Aires.  6030 Vedia Pcia. de Bs. As. Argentina


Sábado 11 de Octubre:


17:00 hs.:
 Santo Rosario, exposición y bendición con el Santísimo Sacramento.

17:30 hs.: Breve receso y merienda

18:30 hs.: El Sr. Cristian Jacobo disertará sobre:  El Patriarca José hijo de Jacob como imagen de Jesucristo.

Domingo 12 de Octubre:

08:45 hs.: Rezo del Santo Rosario (Confesiones)

9:00 hs.: Santa Misa Cantada de Acción de Gracias, y en Honor a Ntra. Sra. del Pilar en su día con conmemoración del Domingo XVIII después de Pentecostés.

10:00 hs.: Receso y Desayuno

11:15 hs.: El Dr. Edgardo Atilio Moreno expondrá sobre: La Revolución anticristiana, origen, desarrollo y remedios.

13:15 hs.: Almuerzo de camaradería y cierre de las Jornadas (confirmar la asistencia al almuerzo)

 

Informes e Inscripción: rpmauro33@yahoo.com

Tel.  (02355) 15447068

Entrada libre y gratuita

 

Organiza: Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia

sábado, 26 de julio de 2025

SACRAMENTO DEL BAUTISMO

 Hoy Sábado 26 de Julio Festividad de Santa Ana, el Padre Emilio Fattore en la iglesia del Inmaculado Corazón de María en Tampa Florida, administro el santo Bautismo la niña Annamaria Joan Harpe