Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

lunes, 25 de junio de 2018

EL SACERDOTE... Por: Fray. Mario José Petit de Murat O.P. † 1972


Nuestra religión tiene sobre todas las otras la característica ésta: descubre y eleva ese tesoro que es nuestra alma. El cristianismo descubre y eleva ese tesoro que es nuestra alma. Descubre esa gran cautiva que llevamos dentro y conocemos tan poco. Esa maravilla creada por Dios a la que le dio su propia característica: el ser inmortal. 
Si vemos el mundo tan desolado es porque falta en él la inteligencia y la voluntad que son como el eje del mundo. Todo parece desordenado y sin sentido cuando no está regulado por ellas. 
El hombre es rey, soberano de todo lo creado. Nada debe pedir a las criaturas que, precisamente, están esperando que él justifique su existencia, elevándolas a Dios. El hombre es inmortal y las cosas que pasan no pueden ofrecerle más que muerte. Cuando surge el alma bañada por la Sangre del Cordero, límpida, pura, recobrada su virginidad, Dios la eleva y la corona con la adopción de hijo. Entonces puede erguir su cabeza y colocarse entre los coros de los ángeles. ¡Es tan bella el alma redimida! Jesús decía a Santa Teresa: “¡Es tan bella tu alma, que si no hubiera Cielo, lo crearía para ti”. Y no titubeó en hundirse en las afrentas más terribles con tal de rescatar esta cautiva, la única en el universo que puede ofrecerle un lugar de reposo. 
La excelencia de las pasiones forma parte de la vida espiritual y Dios da la necesidad de ellas para la santificación. En los mandamientos encontramos uno que se refiere al amor de Dios y al prójimo “Amarás a tu Dios...” Todo lo reduce a esto: “Amarás”. Afiancemos bien la idea acerca de la castidad, desarraiguemos de nosotros la idea de que es contraria a la naturaleza humana. ¡No! La naturaleza humana está sedienta de castidad, está clamando por la castidad que purifica por dentro. Es necesaria no sólo para el sacerdote, sino para el célibe y para el casado. ¿Acaso no fueron verdaderos esposos la Sma. Virgen y San José? La carne es nada, es el calzado de nuestros pies. El verdadero connubio está en la maravillosa unión de las inteligencias. La castidad no es opresión. El hombre debe tener un completo dominio de sus apetitos. Los médicos se meten en camisas de once varas cuando opinan sobre estas cosas. Ellos observan sólo los cuerpos, y el hombre es cuerpo y espíritu. Observan cuerpos de hombres que no son normales porque el hombre normal es el santo y nosotros somos degenerados. Él médico no debe hablar de hombres sino de cuerpos y de las enfermedades del cuerpo. Hay que libertar al hombre. La castidad no es prorrogativa ni violencia impuesta al sacerdote sino una necesidad por la que está clamando la naturaleza humana. El apetito animal del hombre en cuanto a su modo debe ser racional. En el hombre la animalidad está abierta a lo sublime, aspirando a una perfección. Todo hombre tiene vocación de sacerdote. ¡Qué error cuando se dice, comentando una debilidad: “Es humano” ¡No! eso no es humano, eso va contra la naturaleza humana. ¡El hombre tiene sed de Dios! El sacerdote es el hombre en toda su plenitud. Es una locura de Dios. Dad gracias a Dios porque marcó con marca de fuego esa carne por amor a sus redimidos. ¡Qué cosa maravillosa es el sacerdote! Está en los torrentes vivificantes de Dios. ¿Habéis pensado alguna vez en estas palabras: “Yo te absuelvo”? No, “yo te pido Señor que lo absuelvas”, sino “Yo te absuelvo”. ¡Dios hizo locuras con el hombre! Es tan magnífico lo que hizo con el sacerdote, que si lo comprendiéramos, moriríamos. El sacerdote, siente circular a Cristo a través de sí. En el confesionario se sienta Dios. Surgen consejos, inspiraciones que jamás se le hubieran ocurrido a él. Cuando caemos de rodillas ante un sacerdote, lo hacemos porque vemos en él un instrumento de Dios. Al pronunciar las palabras de la consagración, el sacerdote desaparece, es Cristo que está allí. La Iglesia nos ha liberado del hombre. No veamos allí a la criatura sino a Dios. 
Cuando comprendemos la dignidad excelsa del sacerdote, ¿podemos todavía apreciarlo por sus dotes personales? Esas dotes son nada al lado de su condición de sacerdote. Escuchemos con reverencia al más humilde cura de aldea: es sacerdote, es portador de Dios. 
Y sabedlo: El sacerdote está dotado de una gran fecundidad espiritual. Su alma va cargada de multitud de almas, llevando en sí sus preocupaciones, sus problemas y sobre todo, sus destinos ante Dios. 
Oh! Vosotros que comprendéis lo que es el sacerdote, miradlo con reverencia. Que vuestra manera de tratarlo, de dirigiros a él esté proclamando el respeto y la reverencia a su dignidad. 
El sacerdote está en los torrentes de Dios y debe tener perfecta pureza. La fecundidad de la carne ha caducado. Ha sido desheredada de su fin supremo de elevar las criaturas a Dios, y ha sido dada la primacía a la fecundidad del espíritu. 
Los Patriarcas conferían los poderes del espíritu al primogénito. Era como una ordenación sacerdotal. Pero la carne defraudó y Dios dio el poder al espíritu. Los hijos de Dios no son hijos de la carne sino del espíritu: “Te doy un retorno virginal, nuevo, al espíritu...” El que hizo voto de castidad se siente rey. No trabaja para una carne caduca, enferma, que exige tanto y dá tan poco. Por eso es que el sacerdote ha sido liberado.
Oídlo bien: Liberado de la servidumbre de la carne para que, libre de todo lazo carnal, pueda volar donde una necesidad lo llama. Defended siempre la castidad del sacerdote como una necesidad esencial. El sacerdote debe ser el verbo del Verbo. El Verbo nombra a Dios. Al sacerdote le han sido dados los poderes del Verbo para que continúe su obra sobre la tierra. El Oficio Divino que reza diariamente el sacerdote es el canto del Espíritu Santo. Es el canto de la Esposa que día y noche nombra al Esposo. Lo multiplica en la boca de sus hijos. Entremos en veneración del Oficio Divino. El que lo ha tenido en sus manos, ya no puede seguir rezando novenítas. ¡Cómo han cambiado los tiempos! San Bernardo oía cantar salmos a los labriegos. ¡Cantaban salmos mientras labraban la tierra!... 
R. P. Fr. Mario José Petit de Murat O. P. † 1972

3 comentarios:

  1. Alejandra Franceca5 de julio de 2018, 7:36

    Decía en otro comentario que no salió o bien no se grabó que el Padre Petit de Murat inmediatamente después de concluida las secciones del Vaticano Segundo, pide un permiso especial al provincial de los dominicos y junto a dos o tres frailes ya ancianos se retiran a vivir en una pequeña comunidad dominica de observancia de la regla primitiva, no se si esto resultó o si se abortó al nacer nomas, creo que entre ellos estaba fray Garcia Vieira y un tal fray Días.

    ResponderEliminar
  2. Alejandra Francesca, su comentario anterior no salio en nuestra casilla; lo que usted comenta ya lo había escuchado antes, creo que ellos estaban en el convento que los dominicos tienen en Tucumán y que se habían ido para el lado de la Rioja, pero no sabemos mas que eso.

    ResponderEliminar
  3. Del Padre Mario Jose Petit de Murat se puede leer y rescatar muchos trabajos, escritos, ensayos y opúsculos muy interesantes, aquí les dejamos algunos para aquellos que estén interesados en la buena lectura:

    Petit de Murat – El amanecer de los niños
    Petit de Murat – Camino de la Cruz
    Petit de Murat – Carta-a-un-Trapense
    Petit de Murat – Carta abierta a un adultero
    Petit de Murat – Conversaciones sobre el evangelio
    Petit de Murat – El buen amor
    Petit de Murat – El humanismo puro en la musica de Mozart
    Petit de Murat – El ulitmo progreso de los tiempos modernos – La palabra violada
    Petit de Murat – Jesus, el Cristo
    Petit de Murat – La Pasion Corporal de Jesus
    Petit de Murat – Maria-Huerto-Cerrado
    Petit de Murat – Una Sabiduria de Los Tiempos
    La_simplicidad_en_la_unión_con_Dios

    ResponderEliminar