Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

martes, 23 de junio de 2026

SERVIR SIN BUSCARSE A UNO MISMO



Hay una tentación silenciosa que puede infiltrarse incluso en las obras más santas: hacer las cosas para nosotros mismos y no para Dios.
Con el paso del tiempo he comprendido que el verdadero servicio no se mide por los aplausos que recibimos, ni por los cargos que ocupamos, ni por el reconocimiento que los demás puedan darnos. El auténtico servicio se mide por la capacidad de amar cuando nadie nos ve, de permanecer fieles cuando nadie nos felicita y de seguir entregándonos cuando nadie parece darse cuenta.
Jesús nunca buscó protagonismo. Su grandeza se manifestó en la humildad. Siendo Señor, se hizo servidor. Siendo Maestro, se arrodilló para lavar los pies de sus discípulos. Siendo Dios, eligió el camino de la entrega total.
Cada vez que sirvo, debo preguntarme con sinceridad qué es lo que realmente busca mi corazón. Porque puedo estar muy ocupado en actividades religiosas y, al mismo tiempo, estar alimentando mi orgullo. Puedo trabajar mucho para la Iglesia y olvidar que todo debe hacerse para la gloria de Dios y el bien de los hermanos.
El ego siempre busca ocupar el centro. El amor, en cambio, busca ceder el lugar. El ego quiere ser reconocido. El amor se alegra cuando Cristo es reconocido. El ego se compara. El amor agradece. El ego divide. El amor construye comunión.
Cuando aprendemos a desaparecer para que Cristo aparezca, descubrimos una libertad inmensa. Dejamos de competir, dejamos de demostrar, dejamos de buscar aprobación y comenzamos simplemente a amar.
Entonces el servicio recupera su belleza original. Ya no es una búsqueda de importancia personal, sino una respuesta agradecida al amor de Dios. Ya no es un escenario para destacar, sino una oportunidad para que otros se encuentren con el Señor.
Pidámosle hoy a Dios la gracia de tener un corazón humilde, capaz de servir con alegría, generosidad y sencillez. Que nunca olvidemos que todo lo que somos y todo lo que hacemos proviene de Él y le pertenece a Él.
Reflexión final: cuanto menos espacio ocupa nuestro ego, más espacio encuentra Cristo para actuar a través de nosotros.

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