Este artículo lo hemos tomado de la prestigiosa Revista Roma nº 109, Año XXIII del mes de Julio del 1989. Esta Revista fue fundada en el año 1967 por el Ingeniero Roberto Gorostiaga en la ciudad de Buenos Aires Argentina, de la cual fue siempre su director.
Hemos de recordar que gracias al Ing. Roberto Gorostiaga nuestra amada Argentina fue consagrada a la Virgen Santísima y que gracias a él también muchos católicos hemos conservado la Fe de nuestros padres en la América románica, ya sea por sus escritos, sus re-publicaciones de decenas de libros de espiritualidad y de buen combate por la Fe íntegra, que de una manera u otra, todos nos hemos beneficiados, como así también la propagación de la devoción al Inmaculado Corazón de María, y la fabricación de miles y miles de Rosarios que gracias a su generosidad se repartían gratuitamente.
Creemos que la Virgen Santísima ha premiado a este hijo fiel, devoto y miembro de la 3º Orden Seglar Franciscana, más allá de haberse dejado confundir por las doctrinas de Marcel Lefebvre y que en sus últimos años reconociera humildemente y que le llevara a realizar esta retractación.
AFIRMACIÓN DE FE, CONDENA DE ERRORES Y RETRACTACIÓN
Frente al hereticismo, que lamentablemente hoy día contagia a una gran mayoría de quienes han luchado contra la “demolición” conciliar, señalamos sus errores:
1) El Pontífice romano goza de infalibilidad solamente cuando enseña “ex cathedra”, o sea, al definir dogmas.
2) El Magisterio ordinario y universal de la Iglesia no es infalible.
3) El Concilio Vaticano II, en cuanto concilio pastoral y no dogmático no quiso ser infalible.
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Ing. Gorostiaga junto a Marcel Lefebvre |
4) Es lícito y obligatorio desobedecer ordinariamente a la enseñanza doctrinal, moral, litúrgica y disciplinar de la Autoridad legítima (Papa y obispos) aun reconociendo a la misma Autoridad todos los poderes que le son propios según la divina constitución de la Iglesia . Es decir : la doctrina de la obediencia “restrictiva” al Papa, juez supremo de la Iglesia.
5) La Autoridad legítima (el Pontífice romano) puede promulgar e imponer a la Iglesia universal leyes (nueva misa; nuevos sacramentos; nuevo Código de Derecho Canónico) que contienen herejías y errores nocivos para el bien de las almas.
6) Un auténtico Pontífice romano, verdadero Vicario de Cristo, puede ser al mismo tiempo cismático, hereje y apóstata, en ruptura con toda la Tradición, debiendo por consiguiente sus actos ser considerados nulos. Es decir: la doctrina según la cual un “papa” hereje no pierde su validez.
7) La herejía no invalida el poder de jurisdicción en la jerarquía eclesiástica.
8) La doctrina de la “salus animarum suprema lex” (la salvación de las almas es la ley suprema).
9) La doctrina de la jurisdicción “suplida por la Iglesia” contra la voluntad expresa de un Papa y obispos reconocidos como tales, a fin de “salvar almas”.
10) La doctrina sobre un clero sin “misión canónica” y obispos con un “mandatum apostolicum” autofabricado.
Nos retractamos de aquellos de entre estos errores, que hayamos difundido, implícitamente o explícitamente, durante los años que la Revista siguió a Mons. Lefebvre.
Estas doctrinas defendidas por Mons. Lefebvre y Mons. De Castro Mayer, ESTÁN EN OPOSICIÓN con las doctrinas establecidas por el DERECHO DIVINO y enseñadas por las LEYES tradicionales de la Iglesia ypor su MAGISTERIO.
AFIRMAMOS contra el hereticismo, las siguientes DOCTRINAS CATÓLICAS:
1) La ley primera es la GLORIA DE DIOS y el acatamiento de las leyes de su Iglesia. Esto lo destaca especialmente la tesis de la Primacía de Cristo y María.
2) La sumisión AL REGIMEN TRADICIONAL de la Iglesia es un “medio necesario de salvación”.
3) La sumisión al PAPA válido es absolutamente obligatoria (aunque no servil. V.g: San Pablo frente a San Pedro en Antioquía).
4) La herejía causa la pérdida de la jurisdicción y la consiguiente invalidez de las sentencias.
PEDIMOS PERDÓN al Dios Altísimo y también a quienes eventualmente hayamos confundido y solicitamos oraciones para, con la ayuda de Dios, defender la FE ÍNTEGRA DE LA IGLESIA CATÓLICA extra quam non datur salus