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viernes, 6 de enero de 2012

FESTIVIDAD DE LA EPIFANÍA DE NUESTRO SEÑOR (SANTOS REYES)

Por el Rev. Padre Gustavo Peña.


Una pequeña reflexión sobre este gran acontecimiento que celebra hoy la Iglesia: la “Epifanía de Nuestro Señor Jesucristo a los Santos Reyes”; que por los evangelios apócrifos y la Sagrada Tradición los conocemos con los nombres de: MELCHOR, GASPAR Y BALTASAR; grandes sabios y conocedores de la astronomía, estos habían oído hablar de la profecía en la que nacería un rey, el cual lo reconocerían por una estrella que aparecería en el lugar del nacimiento.
Como punto de meditación y reflexión podemos tomar lo que estos reyes le ofrecieron al Niño Dios: ORO, INCIENSO Y MIRRA, y la similitud que tienen estos preciados dones con las VIRTUDES TEOLOGALES.
ORO: este metal precioso por el cual lo reconocen como Rey. También puede significar la FE, que es nuestro gran y mayor tesoro, depositada en la Verdadera Doctrina Católica, la cual debe ser guardada y defendida celosamente, para no ser saqueada por los falsos “profetas y doctores” que quieren hacer, de la Iglesia de Jesucristo, una religión más “Humana, Fraterna y Solidaria”.
INCIENSO: el cual se le entrega, a este Niño, reconociéndolo como Dios. Simboliza también la CARIDAD, que son todas aquellas buenas obras que suben como suave perfume ante la presencia de Dios; más que nunca, debe permanecer encendida la llama de la Caridad, la cual, parece haberse enfriado, en estos tiempos, por los aires gélidos del “respeto humano” o la nueva caridad llamada “solidaridad”.
MIRRA: es una resina que sirve ungüento medicinal y era usado como anestésico para los moribundos o condenados a muerte, tan propio de los pecadores, la cual significa la Humanidad de Cristo. La mirra tiene gran similitud con la virtud de la ESPERANZA, por la cual reconocemos a Cristo como Nuestro Salvador; somos salvados por esta nueva mirra que es la Sangre Redentora de Jesucristo, este ungüento que nos cura de las heridas del pecado, y nos conforta hasta la espera de la Resurrección de los Muertos y Segunda venida, en Gloria y Majestad, de Nuestro Señor Jesucristo.
Queridos Fieles, pidamos, por medio de la Virgen María, la gracia de conservar siempre el Verdadero Depósito de la FE, que es el mayor tesoro; mantener siempre encendida la CARIDAD, para que las buenas obras suban como incienso ante el trono de su Divina Majestad; y tener siempre puesta la mirra de la ESPERANZA en todo momento, para que nos fortalezca hasta el encuentro con Nuestro Señor Jesucristo en el Cielo.
+AVE MARÍA PURÍSIMA!

3 comentarios:

  1. Muy inteligente e importante reflexión, buen aporte en pocas palabras ya que poco se sabe del significado de los dones que los magos de oriente ofrecieron al Niño recien nacido.
    Mariela Gomez

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  2. Que bien padre Gustavo por esta reflexion sobre Epifanía y el sentido tan acertado sobre los regalos de los magos y las virtudes teologales, jamas habia pensado esto pero muy bueno.
    Esperamos que hayan tenido un buen día de reyes.
    Claudia y Gerardo

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  3. ado del Gran Libro de las Horas griego

    Cerca del comienzo del trigésimo año de vida de Jesús, Juan el Precursor, que tenía aproximadamente la misma edad (era sólo alrededor de seis meses mayor que Jesús), y que estuvo desde la infancia hasta entonces en el desierto, recibiendo un mandato de parte de Dios, vino a la región contigua al Jordán y predicaba el bautismo de arrepentimiento para perdón de pecados. Entonces también Jesús vino de Galilea al Jordán, y el Soberano pidió y recibió de parte del siervo el bautismo, en el cual ocurrieron aquella paradoja y maravilla; se abrieron los cielos, descendió el Espíritu sobre el bautizado en forma de paloma, y se escuchó una voz del cielo que daba testimonio de que este era el Hijo amado de Dios, que entonces era bautizado allí como hombre (cfr. San Mateo 3:13-17; San Marcos 1:9-12; San Lucas 3:1-23). Mediante esto se manifestó la divinidad de Jesús y el gran misterio de la Trinidad; por esto también la presente fiesta es llamada «Teofanía», esto es, la revelación de Dios entre los hombres. Desde este venerable día se cuenta el tiempo del bautismo de los cristianos; desde este día comenzó la predicación salvífica del Reino de los cielos.

    La Epifanía o Teofanía es la fiesta que revela a la Santísima Trinidad al mundo por el Bautismo del Señor (Mt.3:13-17; Mc. 1:9-11; Lc. 3:21-22). Dios el Padre habló de los cielos acerca del Hijo, el Hijo fue bautizado por el San Juan el Precursor, y el Espíritu Santo descendió sobre el Hijo en forma de una paloma. De antiguos tiempos este Banquete fue llamado el Día de Iluminación y el Banquete de Luces, en el que Dios es Luz y ha parecido iluminar "los que se sentaron a oscuras," y "en la región de la sombra de la muerte" (Mt.4:16), y para guardar la trayectoria caída de la humanidad por gracia.

    El origen de la fiesta de Teofanía se reomonta a tiempos Apostólicos, y es mencionado en Las Constituciones Apostólicas (Libro V:13). Del segundo siglo nosotros tenemos el testimonio de San Clemente de Alejandría con respecto a la celebración del Bautismo del Señor, y de la vigilia de la noche antes de esta fiesta.

    Hay un diálogo del siglo III acerca de los servicios para Teofanía entre el mártir santo Hipólito y San Gregorio el Milagroso. En los siglos siguientes, del cuarto al siglo IX, todos los grandes Padres de la Iglesia: Gregorio el Teólogo, Juan Chrysostomo, Ambrosio de Milán, Juan de Damasco, hicieron comentarios acerca de la fiesta de Teofanía.


    En la fiesta del Bautismo de Cristo, la Santa Iglesia proclama nuestra fe en el misterio más sublime, incomprensible al intelecto humano, de un Dios en tres Personas. Nos enseña a confesar y glorificar la Santísima Trinidad, uno en esencia e Indivisible. Expone y derroca los errores de antiguas enseñanzas que procuraron explicar el Creador del mundo por razón, y en términos humanos.

    La Iglesia muestra la necesidad de Bautismo para creyentes en Cristo, y nos inspira con un sentido de gratitud profunda para la iluminación y la purificación de nuestra naturaleza pecadora. La Iglesia enseña que nuestra salvación y limpiando del pecado es posible sólo por el poder de la gracia del Espíritu Santo, por lo tanto es necesario para preservar dignamente estos regalos de la gracia de Bautismo santo, manteniendo limpio este traje inapreciable, para "todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis vestidos" (Gal 3:27).
    EL ORTODOXO

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