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martes, 22 de abril de 2014

VIGILIA Y MISA DE GLORIA 2014 EN LA CAPILLA VIRGEN DE LUJAN





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2 comentarios:

  1. MENSAJE PASCUAL 2014 DE LA SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA
    Queridos Fieles, Benefactores y Amigos :
    Hay una «Ausencia» que es una gran Presencia que atraviesa los siglos: “No está aquí, ha resucitado” (Lc 24, 5-6). «No está» en el sepulcro, porque «resucitó».
    Por eso, desde entonces, no hay «noche» en nuestra vida que no tenga una infinita Luz. El sufrimiento humano es redentor cuando lo unimos a la Pasión de Cristo. Nunca el sufrimiento ha de ser meramente pasivo, una pura y simple resignación sin sentido último. La alegría del Resucitado nos llena, incluso en medio de las dificultades. Pascua es el misterio central de nuestra fe cristiana, el centro de nuestra vida, la Luz que nos guía a la verdadera Patria. No estemos tristes, dejemos que nuestro corazón se llene de alegría, abrámoslo al gozo y a la paz, como lo afirma San Agustín, ante la expresión del salmista (Sal. 117-118): “Este es el día que hizo el Señor” , y dice: “(…) más sublime que todos, más luminoso que los demás, en el que el Señor resucitó, en el que conquistó para Sí un pueblo nuevo... mediante el espíritu de regeneración, en el que ha llenado de gozo y exultación las almas de todos” .
    “Ha resucitado, no está aquí” (Mc 16, 6).
    Él renueva hoy también nuestra vida. Dejémosla ser renovada por la Vida divina, abramos el corazón al Misterio de fe, pues “(…) ésta es una realidad misteriosa y escondida, que nadie conoce sino quien la recibe, y no la recibe sino el que la desea, y no la desea sino quien está inflamado en el fondo de su corazón por el Espíritu Santo que Cristo envió a la tierra”.
    En esta noche de Pascua las tinieblas se convierten en luz, la noche cede el paso al día que no conoce ocaso. La muerte y resurrección del Verbo de Dios encarnado es un acontecimiento de amor insuperable, es la victoria del Amor que nos ha librado de la esclavitud del pecado y de la muerte. Ha cambiado el curso de la historia, infundiendo un indeleble y renovado sentido y valor a la vida de los bautizados con las aguas regeneradoras.
    «He resucitado y estoy aún y siempre contigo». Estas palabras nos invitan a contemplar a Cristo resucitado, haciendo resonar su voz en nuestro corazón. Con su sacrificio redentor Jesús de Nazaret nos ha hecho hijos adoptivos de Dios, de modo que ahora podemos insertarnos también nosotros en el diálogo misterioso entre él y el Padre. Viene a la mente lo que dijo un día a sus oyentes: «Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar» (Mt 11, 27). En esta perspectiva, advertimos que la afirmación dirigida hoy por Jesús resucitado al Padre, —«Estoy aún y siempre contigo»— nos concierne también a nosotros, que somos «hijos de Dios y coherederos de Cristo, si realmente participamos en sus sufrimientos para participar en su gloria» (cf. Rm 8, 17). Gracias a la muerte y resurrección el Señor nos dice también a nosotros: he resucitado y estoy siempre contigo.

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  2. ¡Cristo ha resucitado! ¡Paz a vosotros! Se celebra hoy el gran misterio, fundamento de la fe y de la esperanza cristiana: Jesús de Nazaret, el Crucificado, ha resucitado de entre los muertos al tercer día, según las Escrituras. El anuncio dado por los ángeles, al alba del primer día después del sábado, a Maria la Magdalena y a las mujeres que fueron al sepulcro, lo escuchamos hoy con renovada emoción: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? No está aquí, ha resucitado!” (Lc 24,5-6).
    No es difícil imaginar cuales serían, en aquel momento, los sentimientos de estas mujeres: sentimientos de tristeza y desaliento por la muerte de su Señor, sentimientos de incredulidad y estupor ante un hecho demasiado sorprendente para ser verdadero. Sin embargo, la tumba estaba abierta y vacía: ya no estaba el cuerpo. Pedro y Juan, avisados por las mujeres, corrieron al sepulcro y verificaron que ellas tenían razón. La fe de los Apóstoles en Jesús, el Mesías esperado, había sufrido una dura prueba por el escándalo de la cruz.
    Sí, hermanos, la Pascua es la verdadera salvación de la humanidad. Si Cristo, el Cordero de Dios, no hubiera derramado su Sangre por nosotros, no tendríamos ninguna esperanza, la muerte sería inevitablemente nuestro destino y el del mundo entero. Pero la Pascua ha invertido la tendencia: la resurrección de Cristo es una nueva creación, como un injerto capaz de regenerar toda la planta. Es un acontecimiento que ha modificado profundamente la orientación de la historia, inclinándola de una vez por todas en la dirección del bien, de la vida y del perdón. ¡Somos libres, estamos salvados! Por eso, desde lo profundo del corazón exultamos: «Cantemos al Señor, sublime es su victoria».
    Los fieles cristianos, nacido de las aguas del Bautismo, estamos llamados a dar testimonio en todo el mundo de esta salvación, a llevar a todos el fruto de la Pascua, que consiste en una vida nueva, liberada del pecado y restaurada en su belleza originaria, en su bondad y verdad. A lo largo de dos mil años, los cristianos, especialmente los santos, han fecundado continuamente la historia con la experiencia viva de la Pascua.
    Que la alegría de la Virgen Santísima en los cielos dónde reina con Dios Santísima Trinidad al ver salir Triunfante a su Divino Hijo sobre la muerte; nos ayude a recibir el don de la fe y a acrecentarlo por la Gracia. Será para bendición de muchos, pues también dice San Pablo: “Ten fe en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia” (Hch. 16,30s). El Señor nunca se deja ganar en generosidad, Él quiere a cada instante darnos «el ciento por uno». Claro, también la generosidad divina hay que aprender a aceptarla con humildad, y, sobre todo, con espíritu de alabanza y agradecimiento.
    FELIZ Y SANTA PASCUA DE RESURRECCION A TODOS

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