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miércoles, 13 de abril de 2011

PARA QUE MEDITEMOS TODOS LOS CATÓLICOS ESPECIALMENTE LOS "OBISPOS Y SACERDOTES TRADICIONALISTAS"



Yo reconozco mi culpa, dice el salmista. Si yo la reconozco, dígnate tú perdonarla. No tengamos en modo alguno la presunción de que vivimos rectamente y sin pecado. Lo que atestigua a favor de nuestra vida es el reconocimiento de nuestras culpas. Los hombres sin remedio son aquellos que dejan de atender a sus propios pecados para fijarse en los de los demás. No buscan lo que hay que corregir, sino en qué pueden morder. Y, al no poderse excusarse a sí mismos, están siempre dispuestos a acusar a los demás. No es así como nos enseña el salmo a orar y dar a Dios satisfacción, ya que dice: Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado. El que así ora no atiende a los pecados ajenos, sino que se examina a sí mismo, y no de manera superficial, como quien palpa, sino profundizando en su interior. No se perdona a sí mismo, y por esto precisamente puede atreverse a pedir perdón. (San Agustín. Sermón 19,2)


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¿Soy un hombre sin remedio? ¿Miro a los demás buscando su pecado? ¿Estoy preparado para morderles, despreciando corregirles con caridad y afecto? ¿Soy de los que acusan a los demás para ocultar mis culpas e impotencias? ¿Quien puede pedir perdón a Dios realmente? Quien no se perdona a si mismo. Dios es el que perdona y nos da la Gracia que nos convierte. Nosotros, a lo sumo, podemos olvidar nuestros errores sin llegar a transformarnos. Reflexionando sobre este texto se encuentran muchas claves del sacramento de la reconciliación y porque es como es y no de otra forma.

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Señor perdona nuestros pecados y sobre todo, perdona que olvidemos que el perdón que convierte sólo puede provenir de Ti. Amén


Tomado de: http://misteriocristiano.blogspot.com/

3 comentarios:

  1. Palabras cargadas de sabiduría estas del gran doctor San Agustín, son para que las meditemos diariamente.
    El Caminante

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  2. Padre, a usted sí que le gustahacerse de enemigos, mire que a los curas y obispos no les agrada que lo llamen por lo que son. Aunque en realidad quedan odavía hombres de Dios piadosos y temerosos de Dios.
    José Luis

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  3. Buenísimo, le diré que más de uno estará puteándolo...

    Javier

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