Reflexión

INDISPENSABLE REFLEXIÓN

Sobre el Sedevacantismo se ha dicho lo que se ha querido, muchos han opinado sobre esta posición teológica y canónica católica sin conocer en profundidad sus verdaderos orígenes y desarrollo, sus verdaderos protagonistas --eclesiásticos de la mayor relevancia jerárquica como intelectual--, sus verdaderos y graves fundamentos dogmáticos, su imperiosa razón de defender a los católicos de la grave apostasía y cisma en el que ahora viven y malviven. Paradójica y curiosamente sus máximos enemigos y detractores han sido aquellos que se dicen "defensores de la tradición católica", estos son los falsos tradicionalistas, todos ellos ex miembros de la FSSPX a la cual hoy día calumnian y difaman con un diabólico resentimiento; dirigidos por una élite infiltrada con psudosteólogos que inventaron laberínticas "tesis" rabínicas-dominicas-jesuíticas, y de una gran malicia al servicio del complot judeo-masónico, y secundados por la complicidad y servilismo de una mayoría de incautos que movidos siempre por la ingenuidad de una cómoda negligencia se alimentan de las "teologías" y de los "teólogos" del facebook o de los blog de la internet. Frente a todos estos paracaidístas devenidos en estos últimos meses al "sedevacantismo" los hay de muchos colores, entre ellos contamos a los desilucionados por el coqueteo de Jorge Bergoglio con los Protestantes, Judíos y Musulmanes, como si Ratzinger, Wojtila y Montini no lo hubiesen hecho antes, estos nuevos "sedevacantistas" creen que solo Bergoglio es hereje formal y material y por lo tanto no es papa, pero los muy incautos "ignorantes en la cuestión" aceptan la misa nueva y los sacramentos dados con el nuevo ritual inválido e ilegítimo de Paulo VI. Los Católicos fieles creemos firmemente que el último Papa de la Iglesia Católica Apostólica Romana fue S.S Pío XII y que de allí por defecto y consecuencia de la Grana Apostasía ha cesado la institución del cónclave y cualquier iniciativa al respecto, solo será una delirante intentona.

Mostrando entradas con la etiqueta Escritos.. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Escritos.. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de mayo de 2026

UNA BREVE Y MUY COMPLETA BIOGRAFÍA DE LA VIDA DE NUESTRO SANTO PATRÓN LUIS IX REY DE FRANCIA



En medio de las dificultades de la regencia supo Doña Blanca infundir en el tierno infante los ideales de una vida pura e inmaculada. No olvida el inculcarle los deberes propios del oficio que había de desempeñar más tarde, pero ante todo va haciendo crecer en su alma un anhelo constante de servicio divino, de una sensible piedad cristiana y de un profundo desprecio a todo aquello que pudiera suponer en él el menor atisbo de pecado. «Hijo -le venía diciendo constantemente-, prefiero verte muerto que en desgracia de Dios por el pecado mortal».
Es fácil entender la vida que llevaría aquel santo joven ante los ejemplos de una tan buena y tan delicada madre. Tanto más si consideramos la época difícil en que a ambos les tocaba vivir, en medio de una nobleza y de unas cortes que venían a convertirse no pocas veces en hervideros de los más desenfrenados, rebosantes de turbulencias y de tropelías. Contra éstas tuvo que luchar denodadamente Doña Blanca, y, cuando el reino había alcanzado ya un poco de tranquilidad, hace que declaren mayor de edad a su hijo, el futuro Luis IX, el 5 de abril de 1234. Ya rey, no se separa San Luis de la sabia mirada de su madre, a la que tiene siempre a su lado para tomar las decisiones más importantes. En este mismo año, y por su consejo, se une en matrimonio con la virtuosa Margarita, hija de Ramón Berenguer, conde de Provenza. Ella sería la compañera de su reinado y le ayudaría también a ir subiendo poco a poco los peldaños de la santidad.
En lo humano, el reinado de San Luis se tiene como uno de los más ejemplares y completos de la historia. Su obra favorita, las Cruzadas, son una muestra de su ideal de caballero cristiano, llevado hasta las últimas consecuencias del sacrificio y de la abnegación. Por otra parte, tanto en la política interior como en la exterior San Luis ajustó su conducta a las normas más estrictas de la moral cristiana. Tenía la noción de que el gobierno es más un deber que un derecho; de aquí que todas sus actividades obedecieran solamente a esta idea: el hacer el bien buscando en todo la felicidad de sus súbditos.
Desde el principio de su reinado San Luis lucha para que haya paz entre todos, pueblos y nobleza. Todos los días administra justicia personalmente, atendiendo las quejas de los oprimidos y desamparados. Desde 1247 comisiones especiales fueron encargadas de recorrer el país con objeto de enterarse de las más pequeñas diferencias. Como resultado de tales informaciones fueron las grandes ordenanzas de 1254, que establecieron un compendio de obligaciones para todos los súbditos del reino.


El reflejo de estas ideas, tanto en Francia como en los países vecinos, dio a San Luis fama de bueno y justiciero, y a él recurrían a veces en demanda de ayuda y de consejo. Con sus nobles se muestra decidido para arrancar de una vez la perturbación que sembraban por los pueblos y ciudades. En 1240 estalló la última rebelión feudal a cuenta de Hugo de Lusignan y de Raimundo de Tolosa, a los que se sumó el rey Enrique III de Inglaterra. San Luis combate contra ellos y derrota a los ingleses en Saintes (22 de julio de 1242). Cuando llegó la hora de dictar condiciones de paz el vencedor desplegó su caridad y misericordia. Hugo de Lusignan y Raimundo de Tolosa fueron perdonados, dejándoles en sus privilegios y posesiones. Si esto hizo con los suyos, aún extremó más su generosidad con los ingleses: el tratado de París de 1259 entregó a Enrique III nuevos feudos de Cahors y Périgueux, a fin de que en adelante el agradecimiento garantizara mejor la paz entre los dos Estados.
Padre de su pueblo y sembrador de paz y de justicia, serán los títulos que más han de brillar en la corona humana de San Luis, rey. Exquisito en su trato, éste lo extiende, sobre todo, en sus relaciones con el Papa y con la Iglesia. Cuando por Europa arreciaba la lucha entre el emperador Federico II y el Papa por causa de las investiduras y regalías, San Luis asume el papel de mediador, defendiendo en las situaciones más difíciles a la Iglesia. En su reino apoya siempre sus intereses, aunque a veces ha de intervenir contra los abusos a que se entregaban algunos clérigos, coordinando de este modo los derechos que como rey tenía sobre su pueblo con los deberes de fiel cristiano, devoto de la Silla de San Pedro y de la Jerarquía. Para hacer más eficaz el progreso de la religión en sus Estados se dedica a proteger las iglesias y los sacerdotes. Lucha denodadamente contra los blasfemos y perjuros, y hace por que desaparezca la herejía entre los fieles, para lo que implanta la Inquisición romana, favoreciéndola con sus leyes y decisiones.
Personalmente da un gran ejemplo de piedad y devoción ante su pueblo en las fiestas y ceremonias religiosas. En este sentido fueron muy celebradas las grandes solemnidades que llevó a cabo, en ocasión de recibir en su palacio la corona de espinas, que con su propio dinero había desempeñado del poder de los venecianos, que de este modo la habían conseguido del empobrecido emperador del Imperio griego, Balduino II. En 1238 la hace llevar con toda pompa a París y construye para ella, en su propio palacio, una esplendorosa capilla, que de entonces tomó el nombre de Capilla Santa, a la que fue adornando después con una serie de valiosas reliquias entre las que sobresalen una buena porción del santo madero de la cruz y el hierro de la lanza con que fue atravesado el costado del Señor.


A todo ello añadía nuestro Santo una vida admirable de penitencia y de sacrificios. Tenía una predilección especial para los pobres y desamparados, a quienes sentaba muchas veces a su mesa, les daba él mismo la comida y les lavaba con frecuencia los pies, a semejanza del Maestro. Por su cuenta recorre los hospitales y reparte limosnas, se viste de cilicio y castiga su cuerpo con duros cilicios y disciplinas. Se pasa grandes ratos en la oración, y en este espíritu, como antes hiciera con él su madre, Doña Blanca, va educando también a sus hijos, cumpliendo de modo admirable sus deberes de padre, de rey y de cristiano.
Sólo le quedaba a San Luis testimoniar de un modo público y solemne el gran amor que tenía para con nuestro Señor, y esto le impulsa a alistarse en una de aquellas Cruzadas, llenas de fe y de heroísmo, donde los cristianos de entonces iban a luchar por su Dios contra sus enemigos, con ocasión de rescatar los Santos Lugares de Jerusalén. A San Luis le cabe la gloria de haber dirigido las dos últimas Cruzadas en unos años en que ya había decaído mucho el sentido noble de estas empresas, y que él vigoriza de nuevo dándoles el sello primitivo de la cruz y del sacrificio.
En un tiempo en que estaban muy apurados los cristianos del Oriente el papa Inocencio IV tuvo la suerte de ver en Francia al mejor de los reyes, en quien podía confiar para organizar en su socorro una nueva empresa. San Luis, que tenía pena de no amar bastante a Cristo crucificado y de no sufrir bastante por Él, se muestra cuando le llega la hora, como un magnífico soldado de su causa. Desde este momento va a vivir siempre con la vista clavada en el Santo Sepulcro, y morirá murmurando: «Jerusalén».
En cuanto a los anteriores esfuerzos para rescatar los Santos Lugares, había fracasado, o poco menos, la Cruzada de Teobaldo IV, conde de Champagne y rey de Navarra, emprendida en 1239-1240. Tampoco la de Ricardo de Cornuailles, en 1240-1241, había obtenido otra cosa que la liberación de algunos centenares de prisioneros.


Ante la invasión de los mogoles, unos 10.000 kharezmitas vinieron a ponerse al servicio del sultán de Egipto y en septiembre de 1244 arrebataron la ciudad de Jerusalén a los cristianos. Conmovido el papa Inocencio IV, exhortó a los reyes y pueblos en el concilio de Lyón a tomar la cruz, pero sólo el monarca francés escuchó la voz del Vicario de Cristo.
Luis IX, lleno de fe, se entrevista con el Papa en Cluny (noviembre de 1245) y, mientras Inocencio IV envía embajadas de paz a los tártaros mogoles, el rey apresta una buena flota contra los turcos. El 12 de junio de 1248 sale de París para embarcarse en Marsella. Le siguen sus tres hermanos, Carlos de Anjou, Alfonso de Poitiers y Roberto de Artois, con el duque de Bretaña, el conde de Flandes y otros caballeros, obispos, etc. Su ejército lo componen 40.000 hombres y 2.800 caballos.
El 17 de septiembre los hallamos en Chipre, sitio de concentración de los cruzados. Allí pasan el invierno, pero pronto les atacan la peste y demás enfermedades. El 15 de mayo de 1249, con refuerzos traídos por el duque de Borgoña y por el conde de Salisbury, se dirigen hacia Egipto. «Con el escudo al cuello -dice un cronista- y el yelmo a la cabeza, la lanza en el puño y el agua hasta el sobaco», San Luis, saltando de la nave, arremetió contra los sarracenos. Pronto era dueño de Damieta (7 de junio de 1249). El sultán propone la paz, pero el santo rey no se la concede, aconsejado de sus hermanos. En Damieta espera el ejército durante seis meses, mientras se les van uniendo nuevos refuerzos, y al fin, en vez de atacar a Alejandría, se decide a internarse más al interior para avanzar contra El Cairo. La vanguardia, mandada por el conde Roberto de Artois, se adelanta temerariamente por las calles de un pueblecillo llamado Mansurah, siendo aniquilada casi totalmente, muriendo allí mismo el hermano de San Luis (8 de febrero de 1250). El rey tuvo que reaccionar fuertemente y al fin logra vencer en duros encuentros a los infieles. Pero éstos se habían apoderado de los caminos y de los canales en el delta del Nilo, y cuando el ejército, atacado del escorbuto, del hambre y de las continuas incursiones del enemigo, decidió, por fin, retirarse otra vez a Damieta, se vio sorprendido por los sarracenos, que degollaron a muchísimos cristianos, cogiendo preso al mismo rey, a su hermano Carlos de Anjou, a Alfonso de Poitiers y a los principales caballeros (6 de abril).
Era la ocasión para mostrar el gran temple de alma de San Luis. En medio de su desgracia aparece ante todos con una serenidad admirable y una suprema resignación. Hasta sus mismos enemigos le admiran y no pueden menos de tratarle con deferencia. Obtenida poco después la libertad, que con harta pena para el Santo llevaba consigo la renuncia de Damieta, San Luis desembarca en San Juan de Acre con el resto de su ejército. Cuatro años se quedó en Palestina fortificando las últimas plazas cristianas y peregrinando con profunda piedad y devoción a los Santos Lugares de Nazaret, Monte Tabor y Caná. Sólo en 1254, cuando supo la muerte de su madre, Doña Blanca, se decidió a volver a Francia.
A su vuelta es recibido con amor y devoción por su pueblo. Sigue administrando justicia por sí mismo, hace desaparecer los combates judiciarios, persigue el duelo y favorece cada vez más a la Iglesia. Sigue teniendo un interés especial por los religiosos, especialmente por los franciscanos y dominicos. Conversa con San Buenaventura y Santo Tomás de Aquino, visita los monasterios y no pocas veces hace en ellos oración, como un monje más de la casa.
Sin embargo, la idea de Jerusalén seguía permaneciendo viva en el corazón y en el ideal del Santo. Si no llegaba un nuevo refuerzo de Europa, pocas esperanzas les iban quedando ya a los cristianos de Oriente. Los mamelucos les molestaban amenazando con arrojarles de sus últimos reductos. Por si fuera poco, en 1261 había caído a su vez el Imperio Latino, que años antes fundaran los occidentales en Constantinopla. En Palestina dominaba entonces el feroz Bibars (la Pantera), mahometano fanático, que se propuso acabar del todo con los cristianos. El papa Clemente IV instaba por una nueva Cruzada. Y de nuevo San Luis, ayudado esta vez por su hermano, el rey de Sicilia, Carlos de Anjou, el rey Teobaldo II de Navarra, por su otro hermano Roberto de Artois, sus tres hijos y gran compañía de nobles y prelados, se decide a luchar contra los infieles.
En esta ocasión, en vez de dirigirse directamente al Oriente, las naves hacen proa hacia Túnez, enfrente de las costas francesas. Tal vez obedeciera esto a ciertas noticias que habían llegado a oídos del Santo de parte de algunos misioneros de aquellas tierras. En un convento de dominicos de Túnez parece que éstos mantenían buenas relaciones con el sultán, el cual hizo saber a San Luis que estaba dispuesto a recibir la fe cristiana. El Santo llegó a confiarse de estas promesas, esperando encontrar con ello una ayuda valiosa para el avance que proyectaba hacer hacia Egipto y Palestina.
Pero todo iba a quedar en un lamentable engaño que iba a ser fatal para el ejército del rey. El 4 de julio de 1270 zarpó la flota de Aguas Muertas y el 17 se apoderaba San Luis de la antigua Cartago y de su castillo. Sólo entonces empezaron los ataques violentos de los sarracenos.
El mayor enemigo fue la peste, ocasionada por el calor, la putrefacción del agua y de los alimentos. Pronto empiezan a sucumbir los soldados y los nobles. El 3 de agosto muere el segundo hijo del rey, Juan Tristán, cuatro días más tarde el legado pontificio y el 25 del mismo mes la muerte arrebataba al mismo San Luis, que, como siempre, se había empeñado en cuidar por sí mismo a los apestados y moribundos. Tenía entonces cincuenta y seis años de edad y cuarenta de reinado.
Pocas horas más tarde arribaban las naves de Carlos de Anjou, que asumió la dirección de la empresa. El cuerpo del santo rey fue trasladado primeramente a Sicilia y después a Francia, para ser enterrado en el panteón de San Dionisio, de París. Desde este momento iba a servir de grande veneración y piedad para todo su pueblo. Unos años más tarde, el 11 de agosto de 1297, era solemnemente canonizado por Su Santidad el papa Bonifacio VIII en la iglesia de San Francisco de Orvieto (Italia).

lunes, 3 de junio de 2024

BUENA LECTURA



Recién publicada una nueva traducción: Correspondencia selecta entre Louis Charbonneau-Lassay y René Guénon (1924-1945) con prólogo de Gauthier Pierozak - éd.
Disponible en Amazon, por ahora: https://www.amazon.com/dp/B0D5BXJZ79

jueves, 31 de agosto de 2023

EL PADRE CASTELLANI Y EL LLANTO SOBRE LA PATRIA... (De muchísima actualidad)


“Es para llorar el espectáculo que presenta el país, mirado espiritualmente. El liberalismo ha suministrado a la pobre gente –no a toda, sino a la que no ama bastante la verdad- una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas; un simulacro vano de las cosas, envuelto a veces en palabras sacras.
¡Qué es ver a tanto pobre diablo haciendo de un partido político un absoluto y poniendo su salvación en un nombre que no es el de Cristo –aun cuando el nombre de Cristo está allí también, de adorno o de señuelo-! Se pagan de palabras vacías, vomitan fórmulas bombásticas, se enardecen por ideales utópicos, arreglan la nación o el mundo con cuatro arbitrios pueriles, engullen como dogmas o como hechos las mentiras de los diarios; y discuten, pelean, se denigran o se aborrecen de balde, por cosas más vanas que el humo…Una vida artificial, discorde con la realidad, les devora la vida.
Claro que en los truchimanes que arman todo el tinglado –y viven de eso- el caso no es tan simple: ellos saben que detrás de su “fe democrática” y su “moral cívica” se esconde –para ellos solos- el poder y el dinero; sobre todo el dinero. ¡Oh el dinero, el gran ideal nacional de los argentinos! “Hacer” mucho dinero rápidamente y por cualquier medio es la Manzana de la Vida: la Serpiente no necesita aquí gastarse mucho. Pero por lo mismo donde pecan, por ahí perecen. De mentiroso a ladrón no hay más que un paso; y de eso a todos los otros vicios, e incluso crímenes, medio paso. Pueblo de mentirosos y ladrones, bonita ejecutoria vamos a ganar en el mundo si seguimos por estos caminos. “Criadores de vacas y cazadores de pesos”, ya nos llamó Unamuno.
Dios los ha entregado al torbellino de sus vanas cogitaciones “porque no amaron la caridad de la verdad” –dice S. Pablo-. La verdad aquí es una mercadería despreciada; tanto que ni gratis la quieren y aun pagan para que los engañen. El mismo día dieron en Buenos Aires sendas conferencias un estudioso argentino que es un verdadero doctor sacro, ducho en la ciencia de la salvación y que habla “como los propios ángeles”, o poco menos, y Lanza del Vasto. El argentino que tiene realmente algo que decir a su gente –y para eso ha sido mandado aquí por Dios- tuvo doce oyentes; el diletante extranjero tuvo una muchedumbre, que acudió solícita, propio como los monos cuando les agitan delante un trapo con colorinches. Desdichado el pueblo que no reconoce a sus maestros; y más desdichado el que mata a sus profetas. Pero los maestros y los profetas son ahora los politiqueros (…)
El politiquero desea que le guarden “lealtad”, a él, incluso por encima de los propios hijos: del carnaval electoral y todos sus desdichados adminículos quiere hacer un Absoluto. Ese es su negocio. (…) Y es que en el fondo existe detrás de la mafia de marras una cosa más grave, que no existió en la antigüedad; y es esa herejía que mencionamos. ¡Qué diferente es la “democracia” de Aristóteles de la “democracia” de estas tierras! Las “ideologías” han ingresado a las facciones políticas –que teóricamente deberían tratar de los medios y no de los fines- dividiendo a los hombres en lo profundo, dando un cariz religioso a la “contienda cívica” e incubando verdaderas guerras civiles latentes –y no latentes- en todas las naciones; que tienen el implacable rigor de las guerras religiosas (…)
Un cura electoralero me inspira más repulsión que un cura concubinario; será que yo no sirvo para esto. Y todavía, si Dios no nos detiene, el clero argentino va a ayudar al tercer triunfo del liberalismo y la masonería en la Argentina –después del cual no se sabe lo que viene. (…)
No hay que engañarse: en el mundo actual no hay más que dos partidos. El uno, que se puede llamar la Revolución, tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo; y por cierto que no carece para esa construcción futura de fórmulas, arbitrios y esquemas mágicos; tiene todos los planos, que son de lo más delicioso del mundo. El otro, que se puede llamar la Tradición, tendido a seguir el consejo del APOKALYPSIS: “conserva todas las cosas que has recibido, aunque sean cosas humanas y perecederas”.
Si no fuera pecado alegrarse del mal ajeno –y más del mal de la Patria, que es mal de todos- una risa inextinguible como la de los dioses agitaría a todo hombre cuerdo ante el espectáculo del carnaval político con sus disfraces, oropeles, patrañas y gritos destemplados: en lo que ha ido a parar la famosa “democracia”, que como elissir d’amore, panacea de todos los males y “religión del porvenir” nos vendieron el siglo pasado, puesto que los argentinos estamos patinando todavía en el siglo de Fernando VII con música de Donizetti. Había un error religioso, una herejía, en el fondo de ese sistema halagüeño, el cual enseguida denunciaron los pensadores; error que lógicamente se ha desarrollado en diversas absurdidades e inmoralidades; para ver lo cual ya no es necesario ser gran pensador. Y hay gente que se ha vuelto pensadora por fuerza…en las cárceles de la Libertad.”
(Dinámica Social, Buenos Aires, Nº 85-86, noviembre-diciembre de 1957).

lunes, 9 de mayo de 2022

INGENIERO ROBERTO MATEO GOROSTIAGA R.I.P., EN EL XIX ANIVERSARIO DE SU PASO A LA ETERNIDAD


HOY SE CUMPLEN DIECINUEVE AÑOS DE LA MUERTE DEL INGENIERO MATEO ROBERTO GOROSTIAGA, CABALLERO CATÓLICO Y GRAN BENEFACTOR DE LA TRADICIÓN CATÓLICA EN NUESTRA AMADA ARGENTINA, CON QUIEN EL TRADICIONALISMO DE ESTAS LATITUDES TIENE CONTRAÍDA UNA INCALCULABLE DEUDA, YA QUE SU FUNDAMENTAL Y DESIGUAL LUCHA POR LA MISA CATÓLICA Y EL SACERDOCIO CATÓLICO NOS HAN PERMITIDO MANTENER ESTAS QUE SON LAS LLAVES DE BÓVEDA DE LA ESTRUCTURA JERÁRQUICA QUE SE EXPRESA CON MERIDIANA CLARIDAD EN EL CUATRILEMA CARLISTA: DIOS, PATRIA, FUEROS, REY.
FUE EL QUIEN HIZO POSIBLE LA PRIMER VISITA DEL ARZOBISPO FRANCÉS MARCEL LEFEBVRE Y LUEGO LA INSTALACION DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X EN BUENOS AIRES, CON SU  PRIORATO “SAN PÍO X”, Y ASIMISMO  EL SEMINARIO NTRA. SRA. CORREDENTORA A LAS AFUERA DE LA CIUDAD DE LA REJA EN EL PARTIDO DE MORENO.
TAMBIÉN FUE QUIEN GESTIONO LA VISITA DEL OBISPO BRASILERO MONSEÑOR ANTONIO DE CASTRO MAYER A BUENOS AIRES.
EL INGENIERO GOROSTIAGA BRINDÓ APOYO A MUCHOS SEMINARISTAS PARA QUE PUDIERAN CONCLUIR SUS ESTUDIOS EN ECÔNE SUIZA, QUE LUEGO FUERON LOS PRIMEROS SACERDOTES DE LA FRATERNIDAD EN AMERICA DEL SUR.
FUNDÓ DOS EDITORIALES PARA DIFUNDIR LA CULTURA CATOLICA Y LAS BUENAS LETRAS, SIENDO UN GRAN IMPULSOR DE LA PROPAGANDA CATOLICA, Y ARTIFICE DE CURSOS DE CULTURA CATÓLICA, PRESIDENTE DE UNA VOCE ARGENTINA, REDACTOR Y LUEGO DIRECTOR DE LA REVISTA ROMA Y GESTOR Y PROMOTOR DE LA CRUZADA DEL ROSARIO.
GRAN DEFENSOR DE LA MISA DE SIEMPRE, FUE TERCIARIO FRANCISCANO Y GRAN DEVOTO DE LA SANTÍSIMA VIRGEN. TODO LO QUE HIZO —A VECES DIFERENCIANDOSE DEL RESTO— LO REALIZÓ POR SU PERSEVERANTE LUCHA POR LA RESTAURACIÓN DE LA TRADICION Y EL AMOR Y FIDELIDAD A LA SANTA MADRE IGLESIA.
OREMOS POR EL ETERNO Y MERECIDO DESCANSO DE UN CABALLERO CATÓLICO QUE LIBRO EL BUEN COMBATE.
NUESTRA COMUNIDAD RELIGIOSA AGRADECE DE MANERA PARTICULAR, POR EL APOYO ESPIRITUAL Y MATERIAL CON QUE EL ING. GOROSTIAGA ENTREGÓ LE HICIERA AL PADRE MAURICIO MARÍA -MIEMBRO DE NUESTRA SOCIEDAD RELIGIOSA- PARA PODER CONCLUIR SUS ESTUDIOS Y ASÍ LLEGAR A RECIBIR LA ORDENACIÓN SACERDOTAL, DIOS PAGUE TANTA GENEROSIDAD.


Aquí le dejamos una breve reseña de su vida tomada de: https://es.metapedia.org/

Mateo Roberto Gorostiaga Victorica (28 de octubre de 1922, Buenos Aires, Argentina - 9 de mayo de 2003, Buenos Aires, Argentina) fue un empresario y político argentino, destacado por su militancia a favor de la defensa y difusión de las tradiciones católicas, y por su lucha contra el comunismo y la masonería.

Biografía

Juventud

Gorostiaga nació en el seno de una familia perteneciente al patriciado argentino. Cursó sus estudios primarios y secundarios en la Escuela Argentina Modelo, y se recibió de ingeniero civil en la Universidad de Buenos Aires. En 1947 contrajo matrimonio con Carmen Ruíz Guiñazú, con la que tendría cuatro hijos.

Muy joven se incorporó a la Empresa Argentina de Cemento Armado, fundada por su padre. Fue también miembro del Centro Argentino de Ingenieros y de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa. Su ferviente devoción católica lo hizo convertirse en terciario franciscano.

Ciudad Católica

En 1959 Gorostiaga, siguiendo el consejo del Padre Georges Grasset, fue uno de los fundadores de la versión argentina de la organización francesa Cité Catholique. Lo acompañaron en la iniciativa el intelectual Juan Carlos Goyeneche, el militar Juan Francisco Guevara y el empresario Robert Pincemin.

El grupo, apadrinado por el Cardenal Antonio Caggiano, fue muy influyente en todo el espectro de las derechas argentinas durante la primera mitad de la década de 1960, publicando la revista Verbo, a la cual Gorostiaga dirigió.

Por esa época Gorostiaga publicó también una serie de reputados artículos en los que repudiaba tanto al comunismo como al liberalismo y proponía construir un orden social cristiano, que promoviese el desarrollo de una economía basada en la Doctrina Social de la Iglesia (los textos serían recogidos y ampliados en el libro Cristianismo o revolución de 1977).

SEPAC

Cuando en 1966 se produce el golpe de Estado que lleva a la presidencia al General Juan Carlos Onganía, Gorostiaga fue convocado para colaborar con el proceso socioeconómico y político que impulsaba el gobierno.

En consecuencia se puso al frente de la Secretaría de Estado de Promoción y Asistencia a la Comunidad (SEPAC), la cual dependía del Ministerio de Bienestar Social -que era en ese entonces dirigido por el empresario católico Roberto J. Petracca.

Como el trabajo social era una pieza clave en el gobierno de Onganía para combatir a la subversión, Gorostiaga suspendió sus actividades profesionales y le cedió la dirección de la revista Verbo a Adalberto Zelmar Barbosa y la conducción de la Ciudad Católica a Carlos Alberto Sacheri para dedicarse a tiempo completo a sus tareas de funcionario público. Su ambición era organizar un sistema corporativista de gran escala, en el que la idea marxista de la lucha de clases se volviera irrisoria.

De todos modos un conflicto entre católicos y liberales dentro del gobierno hizo que Gorostiaga se viese obligado a renunciar a su cargo en 1967.

Mecenas católico

Fuera del gobierno, Gorostiaga retomó sus actividades empresariales, dedicándose especialmente a incursionar en el ámbito de la construcción.

A su fortuna la invirtió en el cumplimiento de su apostolado católico. Por ello fundó la revista Roma a fines de 1967, una publicación que asumió la tarea de alertar a sus lectores sobre los nefastos frutos del Concilio Vaticano II y defender a la tradición católica contra las manipulaciones promovidas por la masonería infiltrada entre las filas del clero.

Otro de sus proyectos en el ámbito de la propaganda católica fue la creación de las editoriales Iction y Dictio. La primera estaba dedicada a publicar obras que contribuyesen a fortalecer el crecimiento espiritual, mientras que la segunda tenía por propósito difundir libros que preconizasen la imposición política del Reinado Social de Cristo.

Fue por su iniciativa que se consiguió la consagración de la Argentina al Inmaculado Corazón de la Santísima Virgen María el 30 de noviembre de 1969. Además lanzó una Campaña Nacional por el Rezo del Santo Rosario, mediante la cual repartió gratuitamente miles de rosarios a lo largo y ancho del territorio argentino, y contribuyó con la construcción de la Capilla "María Mediadora de todas las Gracias" y del Oratorio "Primacía y Realeza de Cristo y de María".

De corazón generoso, el empresario colaboró económicamente con la formación de seminaristas tradicionalistas y la manutención de sacerdotes que fuesen auténticos custodios de la fe. Fue presidente de la filial argentina de Una Voce, una organización internacional dedicada a difundir la misa tridentina.

De la FSSPX al Cónclave de Asís

En 1975, junto con miembros de la rama argentina de Tradición, Familia y Propiedad, Gorostiaga constituyó la Comisión de Defensa de la Fe de Siempre, a la cual se adhirieron organizaciones como la Agrupación Nacional de Familias Católicas y la Corporación Nacional de Profesionales Católicos, grupos como la Falange de la Fe, la Cruzada Tradicionalista Santo Tomás Moro, el Círculo San Atanasio, la Guardia de San Miguel y los Caballeros de María Reina, y personalidades como Olga Moreno, Álvaro Ramírez Arandigoyen, Ricardo Curutchet, y los sacerdotes Raúl Sánchez Abelenda y Hervé Le Lay.

Gorostiaga, en su rol de presidente de la coordinadora de católicos tradicionalistas, obró como anfitrión de Monseñor Marcel Lefebvre durante su recordada visita a la Argentina en 1977 en la que el prelado francés estuvo a punto de ser víctima de un atentado (el empresario llegó a ceder un galpón de la EACA para que el Arzobispo realizase una misa en la ciudad de Buenos Aires, pero la policía la prohibió, arguyendo que las leyes de la época impedían la realización de reuniones multitudinarias sin autorización expresa por parte de algún funcionario gubernamental). El vínculo entre el ingeniero y la Fraternidad Sacerdotal San Pío X fue muy fuerte, llegando a colaborar en la erección del Seminario de Nuestra Señora Corredentora en la localidad bonaerense de La Reja.

Sin embargo Gorostiaga rompería con Lefebvre en 1985, decepcionado con el prelado francés por no adherir al sedevacantismo que él profesaba.

Sitiéndose obligado a acabar con la vacancia del trono de San Pedro, Gorostiaga financió la propuesta de Monseñor José López Gastón de organizar un cónclave papal en el año 1994 en la ciudad italiana de Asís. Al mismo asistieron muchos laicos y clérigos sedevacantistas. Allí se escogió como Papa al sacerdote sudafricano Victor von Pentz, quien asumió su pontificado con el nombre de Lino II (y que renunciaría al cargo en 2007).

Gorostiaga falleció en Buenos Aires en el año 2003, a los 80 años de edad.

Revista Roma

La revista Roma, que circuló entre 1967 y 1994, fue una publicación de gran interés para los católicos tradicionalistas de habla hispana. Entre las plumas que colaboraron con la redacción estuvieron las de los sacerdotes Alfonso de GalarretaAlberto Ignacio EzcurraMoisés CarmonaAntônio de Castro MayerAlberto García Vieyra, Jose Luis Torres-Pardo y Alfonso M. Buteler, las de los intelectuales Rafael GambraBuenaventura Caviglia Cámpora, Juan Antonio Widow, Tomás Tello, Juan Alfredo Casaubon y Wigand Siebel, la del científico Julio Garrido, la del empresario Federico Bracht, y la de los teólogos Homero Johas y Araí Daniele. Además la revista publicó numerosas páginas clásicas de la teología católica.

El director de Roma desde su creación fue el abogado Andrés de Asboth, un hombre perteneciente a la nobleza de Hungría en el exilio. Sin embargo, cuando en 1985 el ingeniero Gorostiaga se alejó de la FSSPX, de Asboth se mantuvo fiel a la organizacion lefebvrista, por lo que renunció a la dirección de Roma y creó Roma Aeterna, su propia publicación que editó hasta mediados de la década de 1990.

Bilbliografía

  • Naturaleza y fin de la empresa comunista. Buenos Aires: Iction, 1968.
  • Organización profesional corporativa. Buenos Aires: Roma, 1973.
  • La necesaria descentralización profesional y municipal. Buenos Aires: Roma, 1976.
  • Cristianismo o revolución: para una restauración cristiana de la patria. Buenos Aires: Iction, 1977.
  • La misa, la obediencia y el Concilio Vaticano II. Buenos Aires: Fundación, 1979.
  • Economía para la Argentina de hoy. Buenos Aires: Dictio, 1982.

jueves, 16 de septiembre de 2021

RECUPEREMOS EL SENTIDO CRISTIANO DE LA MUERTE


Por : P. Santiago González

Uno de los signos que mejor evidencia la desacralización actual es el tratamiento dado, en una gran mayoría de casos, a la muerte de los seres queridos que vienen a ser víctimas de la falta de fe e ignorancia formativa traducidas en la praxis habitual ya impuesta en las últimas décadas. A través del modelo de “contrastes llamativos” en este artículo quiero llamar la atención al respecto para suscitar en nuestras conciencias un sincero deseo de enmienda por amor al prójimo y bien de las almas. En primer lugar: la preparación para la muerte. Sabemos que va a morir pronto un ser querido y parece que lo único importante es aliviar su dolor físico. Siendo importante ese factor, ¿nos ocupamos del estado de su alma?; en no pocos hogares se resiste la familia a llamar al sacerdote; dicen que “la familia se asusta y que el enfermo se impresiona” …; entonces dejamos al ser querido en su tránsito a la muerte sin el consuelo espiritual de la visita del sacerdote, sin la oportunidad de recibir la unción sacramental o, más esencial aún, la confesión si aún tuviera conciencia. No se considera el inmenso bien que supone al moribundo recibir la comunión en estado de gracia en esos momentos decisivos de su vida.
Después: cuando llega próximo el momento da la impresión que lo prioritario es la familia del moribundo y no el mismo moribundo. El que va a fallecer puede tener más conciencia de lo que externamente parezca, y por eso hace tanto bien que la familia se reúna en torno al que va a morir para rezar juntos el santo rosario, o leer con pausa salmos de la Biblia, o cualquier otra devoción rezada con cariño.
Y llega el momento de la muerte. No sabemos cuántos minutos pasan de la muerte clínica a la muerte real, pero probablemente el fallecido aún mantenga cierta conciencia en el alma, y en esos momentos es una obra de caridad grande rezar cerca del que acaba de morir y hacerlo con pausa antes de comenzar los trámites correspondientes (médico forense, funeraria…etc.).
Nuestro ser querido ha fallecido. Pues hasta el momento del entierro es tiempo de velatorio: y esto se ha perdido casi por completo. Si: velar el cadáver; hacer turnos de oración alrededor del difunto, y procurar que su cuerpo no quede solo ni un minuto antes del entierro. Da pena, mucha tristeza…, ver esas salas de tanatorios convertidas en lugares de tertulia vana, acompañadas de viandas y refrescos, mientras nadie reza cerca del ataúd. Habría que animar a las familias que tengan casa en condiciones para que el velatorio fuera en el hogar y no en tanatorio; pero si no hay más remedio que sea en tanatorio que ello no impida mantener un clima de oración que, ante todo, es signo de amor auténtico al fallecido.
Después lo que ya se ha “impuesto” como generalizado: la incineración (costumbre de origen precristiano al no creer en la resurrección de la carne). Hay que defender, sin complejo alguno, la inhumación: que el cuerpo vuelva a la tierra y se descomponga de forma natural. Estando permitida por la Iglesia la incineración, no obstante, hay que aludir a la cantidad enorme de profanaciones que esta práctica da lugar desde la increyente imaginación y fantasía del pueblo deformado. Vemos con horror que se lanzan las cenizas a ríos, lagos, mares, campos…etc. o se guardan en lugares no sagrados. Estando permitida la incineración debemos proclamar alto y claro que lo más digno para un cristiano es la inhumación.
Sigue ahora la Santa Misa de cuerpo presente, o funeral. Y se olvida en muchos casos que lo más preciso es orar por el eterno descanso del difunto. Muchos cristianos afirman ya, sin duda alguna, que el difunto está en el cielo y, como consecuencia, ¿para qué rezar por su eterno descanso?; habrá muchas almas en el purgatorio sin que nadie rece por ellas, sin que reciban ese alivio en su purificación, por el simple motivo deformado de haber perdido por completo el sentido de pecado. Por revelaciones particulares aprobadas por la Iglesia sabemos que hasta santos canonizados pasaron algo de tiempo en el purgatorio, y que si para llegar al cielo hay que estar totalmente purificados es prudente afirmar que la gran mayoría de almas que se salvan (al morir en gracia de Dios) han de tener su paso por el purgatorio. Y desde una perspectiva modernista y antropocéntrica se han convertido los funerales en meros elogios fúnebres que en nada hacen bien a los difuntos.
Urge también recordar a los fieles el valor de las indulgencias como práctica excelente de amor al prójimo. Desde la vida sacramental (confesión y comunión frecuente) es posible lucrar cada día una indulgencia y aplicarla con generosidad a las almas del purgatorio, y no hay obra mayor de caridad que ésta como bien enseñaba san Alfonso María de Ligorio. Y seguir invitando a los fieles a asumir que la aplicación de indulgencias es la forma más sobrenatural de seguir amando al prójimo tras la muerte física.
En definitiva: hay que recuperar el sentido cristiano de la muerte. Hay que mover las almas a la fe verdadera y a la caridad fraterna que nos haga pensar más en el prójimo que en nosotros mismos. Es necesaria, y urgente, una reforma de las costumbres vigentes imbuidas de tanta mundanidad y despojadas de sentido sagrado. Recuperemos pues el sentido cristiano de la muerte, para Gloria de Dios y bien de las almas.
Visto en: Adelante la Fe

sábado, 13 de febrero de 2021

EL APOSTOLADO SEGÚN LOS ESTATUTOS DE LA SOCIEDAD RELIGIOSA SAN LUIS REY DE FRANCIA



Sexta Parte: Apostolado.
 

I. Debido a la situación sin precedentes de la Iglesia Católica, y a la responsabilidad moral que tienen los fieles para recibir los sacramentos válidos, los sacerdotes de la Sociedad Religiosas San Luis Rey de Francia muy ciertamente deben continuar la misión de la Iglesia, santificando a los fieles a través del ofrecimiento del Santo Sacrificio de la Misa de Siempre, la administración de los Sacramentos y otras obras pastorales. La intención de la Iglesia es que la Gloria de Dios y la salvación de las almas es la ley suprema. El Código de Derecho Canónico de 1917 continuara siendo la guía de los miembros de la Sociedad Religiosa (aunque no obliga). 

II. Nuestro Señor Jesucristo, envía a los Apóstoles a todas las naciones a continuar su propia misión redentora, que es “hacer partícipes (a los hombres) de la comunión que existe entre el Padre y el Hijo: id… y enseñad a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a observar todo cuanto yo os he mandado”. (Mt. 28,19 – 20). 

III. Todos los miembros de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia participaran con su esfuerzo de la misión apostólica de la congregación, aun cuando desempeñen tareas ajenas a lo que es propio del trato de las almas. También los religiosos enfermos, y cuando los haya, los ancianos, participan con sus sufrimientos en el apostolado que ejercen los otros miembros, y en grado sumo, ya que están completando lo que falta a la Pasión del Señor. 

IV. Los sacerdotes de la Sociedad Religiosa San Luis Rey de Francia se ocupan de un apostolado activo que incluye el trabajo parroquial, la enseñanza, la edición y publicación de literatura católica; viajaran para hacer posible la Santa Misa y los sacramentos a los fieles católicos que no tienen sacerdotes fieles a la Fe de Siempre. 

V. El sacerdote fiel, celebra solamente la Misa de Siempre en latín y de cara al Tabernáculo y en la que se repite el Gran Sacrificio del Calvario, y mediante el cual se convierte el en el canal de gracia para su rebaño. Cuando administra el sacramento de la Penitencia, otorga la absolución, en una confesión privada, a todos los que verdaderamente están arrepentidos. De ese modo borra el pecado y ocasiona la sanación de las almas. El lleva las almas a Dios a través del Santo Bautismo, y administra el sacramento de la Extremaunción a aquellos en peligro de muerte, de tal manera preparándoles sus almas para la Gloria. Además, aconseja a los hombres y mujeres, mientras se preparan para el matrimonio y la paternidad, en una sociedad que ya no cree en la santidad de ninguno, y los une en santo Matrimonio.

lunes, 21 de diciembre de 2020

(Recomendado, Buena Lectura) EL PAÍS DEL PADRE CASTELLANI ... "LA OTRA ARGENTINA" RECOPILA ARTICULOS QUE EL SACERDOTE ESCRIBIO ENTRE 1951 Y 1964

El volumen puede servir como nueva puerta de entrada a la obra de un escritor brillante y un profeta no escuchado. Uno de sus temas centrales es el sondeo de las causas profundas de la decadencia nacional.


POR: Jorge Martinez.
El padre Leonardo Castellani tuvo, entre muchas otras virtudes, la de ser uno de los más grandes escritores argentinos del siglo XX, un autor digno de figurar en el canon que establecen los organizadores de la cultura oficial del país. Pero Castellani (1899-1981) no se encuentra en tal Parnaso. No lo estuvo en vida y mucho menos después de muerto. Sus libros, escritos siempre a contracorriente, contaron por un tiempo con legiones de agradecidos lectores hasta que fueron desapareciendo de los circuitos que forman los gustos y la opinión general. Hoy el hombre extraordinario que los escribió es el gran olvidado, o mejor, el gran proscripto.
Por eso debe agradecerse la aparición este año de La otra argentina (Vórtice - Jauja, 608 páginas). El volumen, cuya preparación inicial estaba prevista para dos decenios atrás, recopila todos los artículos que el sacerdote escribió entre 1951 y 1964 para la revista nacionalista Dinámica Social, y que nunca se habían presentado en una edición integral (aunque muchos sí salieron dispersos en otros libros).
A la saludable oportunidad de la publicación debe agregarse el hecho de que estos noventa textos de hace más de medio siglo se apoyan en comentarios y "actualizaciones" que a comienzos de esta centuria preparó Aníbal D"Angelo Rodríguez (1927-2015), una de las grandes mentes del nacionalismo argentino, hombre de vasta cultura y pluma magnífica. No podría haberse elegido un mejor "comentarista" de la prosa castellaniana.
La tarea actualizadora de D"Angelo Rodríguez contribuye, además, a que el libro cumpla con la función a la que parecería estar destinado por su carácter fragmentario y variopinto: ser la nueva puerta de entrada a una obra necesaria y hoy esquiva. Porque puede discutirse si La otra Argentina reúne lo mejor de Castellani. De lo que no puede dudarse es que contiene la esencia de Castellani como escritor, como pensador y como hombre de Dios.

TEMAS Y ESTILO.
Para empezar está su estilo inconfundible, salpicado de humor y chanzas, a la vez culto y popular, formado en innumerables lecturas en media docena de lenguas, pero profundamente arraigado en la tradición hispánica, criolla y campera. También están muchos de sus temas, las preocupaciones que lo trabajaron durante una ajetreada vida de estudios, de injusticias y de no pocas persecuciones.
Un veloz repaso arroja una muestra elocuente: la crítica al fariseísmo religioso ("la más grave de todas las corrupciones humanas") y al cristianismo "mistongo" del argentino corriente; el no comprendido destino del danés Soren Kirkegaard (él escribía Kirkegor), una "especie de santo informe y tanteante" que "murió espiritualmente católico"; la mediocridad tendenciosa del periodismo, sobre todo el local ("la prensa argentina en su casi totalidad nos causa una profunda vergüenza"); la completa ausencia en estas tierras de una verdadera crítica literaria; el comprobar cuál era "el eje permanente" de la historia argentina, que estaba en "la pugna entre la tradición hispánica y el liberalismo foráneo"; la innegable y dolorosa decadencia del país, que ya era evidente a mediados de la década de 1950.
Su rango de inquietudes era amplio y, a veces, sorprendente. Pero de todo tenía algo interesante y agudo que decir, ya fuera que ensayara una opinión económica, discurriera sobre la ingobernabilidad de la ciudad de Buenos Aires (anticipándose en 1955 el plan de traslado de la capital que el presidente Raúl Alfonsín intentaría tres décadas más tarde), meditara sobre la verdadera definición de cultura, explorara una posible sociología del arte o fustigara al tango (una de sus bestias negras) y a la novedosa science-fiction estadounidense.
"Soy periodista hijo de periodista", se definía Castellani en una colaboración de julio de 1956. Como buen periodista admitía que escribía acerca de todo, pero aclaraba que él se contaba entre los periodistas honrados, "que decimos solamente lo que sabemos". Es una frase cierta que estas páginas corroboran. A pesar de la forma ocasional y despareja de los artículos que redactaba, en casi todos ellos hay una intuición penetrante, una idea brillantemente explicada o un dictamen certero y fundado en lecturas o reflexiones.
Esta apabullante autoridad intelectual de Castellani se nota especialmente en sus trabajos de crítica literaria. La otra Argentina recoge numerosos ejemplos de esa rara independencia de criterio que exhibía a la hora de resumir las virtudes y defectos de novelistas, poetas, ensayistas, libros o ideas. Lo demuestra en sus varias semblanzas de Borges (con quien es severo pero no injusto, y siempre a contramano de las verdades de las capillas literarias), en su examen de la obra de Hilaire Belloc, en su rescate de la silenciada Adán Buenosayres de Lepoldo Marechal, en la valoración informada del P.G. Wodehouse caído en desgracia. Aquí también el espectro era variado: con igual soltura podía pasar de Giovanni Papini y su discutido estudio de la figura del diablo a un libro primerizo de Jorge Abelardo Ramos o a la (muy elogiada) Historia de la Argentina de Ernesto Palacio; de Benedetto Croce y la "religión de la libertad" que desplegaba en su Historia de Europa en el siglo XIX a un recorrido breve y compuesto "de memoria" por la bibliografía existente en 1956 sobre San Ignacio de Loyola. Con José Ortega y Gasset se mostraba más ecuánime de lo que podría pensarse, era generoso en el recuerdo de la vida extraordinaria del filósofo italiano Giovanni Gentile, y contundente en su rechazo al Estado Mundial del socialista utópico H. G. Wells.

UN PROFETA.
Junto al Castellani crítico literario, impresiona el Castellani profeta. Esa cualidad que siempre se le ha atribuido también aparece nítida en estas páginas. Sesenta o setenta años atrás el sacerdote escritor ya advertía del efecto nocivo que tendría la extranjerización de las editoriales argentinas, que fomentaría una "conspiración del silencio" contra autores, libros o ideas ajenos a la cofradía de izquierdistas y liberales. Siguiendo a Chesterton alertaba sobre las consecuencias destructivas del divorcio, en el que veía un arma del liberalismo y, por lo tanto, del capitalismo, dirigida contra la familia. En 1954 constataba el riesgo enorme que significaba la "adulteración interna del cristianismo", y atribuía la crisis de la Iglesia (argentina y universal) a un "bajón de la fe sobrenatural". Verificaba que el rechazo de la tradición (comprobable en la perdida "batalla de las humanidades" por la enseñanza del latín y el griego) conducía a la "tecnolatría", que en 1953 era fomentada en consonancia por Washington y Moscú, los aparentes grandes rivales de la "guerra fría".
Este Castellani profético clamó en el desierto cada vez que llamó a la conversión de sus compatriotas sobornados o "idiotizados", esa "plebe cristiana, por atavismo y no por práctica", regida por "una clase dirigente de macaneadores". Le dolía en el alma la ruina de la patria que desde mediados del siglo XIX había renunciado a su herencia cultural y moral. "La tragedia de la Argentina -escribió en frase memorable- es que quiso ser otra, y lo consiguió. Ahora está condenada a ser otra indefinidamente y eternamente, como los brutos animales en la tierra y los condenados en el infierno".
Para Castellani el gran villano de esa insensata transformación había sido el liberalismo, no el marxismo, ni el socialismo, ni siquiera el peronismo, al que comprendía sin justificarlo. "El liberalismo - apuntó en febrero de 1957 - modificó la sustancia ontológica y moral del país". En consecuencia, "la Argentina quedó descoyuntada en su ser moral, cultural y político; y al mismo tiempo (lo que parece castigo de Dios) atrasada en la misma técnica -y sangrada a fondo por el imperialismo extranjero".
Insistía Castellani en la paradoja de que, como "herejía cristiana", el liberalismo suministraba "una religión y una moral de repuesto, sustitutivas de las verdaderas". Ese andamiaje de "palabras vacías", "fórmulas bombásticas" e "ideales utópicos" pretendía ocultar el hecho de que "en el mundo actual" sólo hay dos partidos: la Revolución y la Tradición. El proceso revolucionario, señalaba a fines de 1957, "tiende con fuerza gigantesca a la destrucción de todo el orden antiguo y heredado, para alzar sobre sus ruinas un nuevo mundo paradisíaco y una torre que llegue al cielo".
Tal destrucción había avanzado tanto que estaba empujando al hombre a desprenderse también de lo "noble pagano", es decir, de "todo lo natural, después de haber rechazado lo sobrenatural". Interpretada en este ominoso siglo XXI, el siglo del aborto festejado, de la ideología de género y del próximo transhumanismo, la profecía de Castellani no podía haber sido más exacta. "La última herejía -vaticinó en 1958- es un ataque contra la Razón, y contra las virtudes naturales que en ella se apoyan".
"Como todo el mundo sabe, Castellani era un sacerdote de la Iglesia Católica y un hombre genial", destaca D"Angelo Rodríguez en una de sus atinadas "actualizaciones". Fue sin dudas el mayor pensador católico de la Argentina, y uno de los más grandes de todo el mundo en el siglo XX. Pero este hombre genial y sufrido fue también un patriota que sintió en lo más íntimo el dolor de ver que su país, "deficiente en vigor moral y realmente enfermo de amoralismo", había errado la huella y perdido el rumbo. Una y otra vez pronunció amargas verdades correctivas que sus compatriotas no entendieron o no quisieron entender. Estas páginas tan severas y tan ciertas lo atestiguan. Tampoco él fue profeta en su tierra. ¿Lo será algún día?

Publicado en Diario "La Prensa", 20 de diciembre del 2020.

lunes, 14 de septiembre de 2020

LAS PUERTAS DEL INFIERNO NO PREVALECERAN (Por el Dr. Rama Coomaraswamy)


Uno de los argumentos más frecuentes en favor de la legitimidad del establecimiento de la Iglesia postconciliar es la promesa de Dios de que "las puertas del infierno no prevalecerán". Implícito en este escrito está el que no es posible ni probable que Dios haya abandonado a los suyos. Veamos ahora cómo respondemos a tal argumento.



Comencemos con los hechos indiscutibles. Tanto si lo creemos como si no, y tanto si nos parece posible como si no, lo que está clarísimo es que después de un Concilio escandaloso que carecía de regularidad y dignidad, la religión Católica ha sido cambiada. En el orden práctico, ésta ha sido reemplazada por otra religión, una religión que evoluciona, una religión en gran medida influenciada e inspirada por la Francmasonería y por el Marxismo y por lo que los Papas Pío IX y Pío X rechazaron abiertamente bajo la designación de "Modernismo". Habiendo creado un Concilio "ladrón" que cometió una multitud de errores tales como el rechazo de la "Unidad" de la Iglesia y el poner la Libertad Religiosa al nivel de la enseñanza infalible, la "Iglesia postconciliar" procedió a abolir el Juramento contra el Modernismo y el Santo Oficio. ¿Qué otro propósito podrían tener tales medidas sino el de privar a la Iglesia Tradicional -la Iglesia de todos los tiempos- de todas sus defensas? ¿Y qué le siguió? El cambio de los altares en mesas, el cambio de los sacerdotes en "presidentes", la invalidación de todos los sacramentos que no sean aceptables a los Protestantes, la mala traducción de las Escrituras, y sobre todo la degradación de los Templos y la destrucción de la Misa -cambios "humanistas" y demagógicos de la más grave naturaleza. El cardenal Suenens tenía razón cuando describió esto como "la Revolución Francesa en la Iglesia Católica".

martes, 4 de agosto de 2020

REALMENTE FUE UN PROFETA DE MALAS NUEVAS

La increíble profecía del 13 de abril de 1890 sobre el desgraciado futuro de la Argentina.
El autor de estas proféticas palabras fue José Manuel Estrada (1842-1894), destacadísimo intelectual de la segunda mitad del siglo XIX, que brilló como el orador más eminente de nuestro país durante esos años. Diputado Nacional, escritor de una gran moral, historiador, y Rector del Colegio Nacional de BuenosAires…
Un argentino que era "Clase Politica" de verdad, serio, instruido, de gran moral publica, comprometido con el destino de La Nacion y su Pueblo.
Que volvería a morirse si viera esta decrépita y pestilente Argentina.

Esto dijo en parte de un discurso, el 13 de abril de 1890:
“Veo bandas rapaces movidas de codicia -la más vil de las pasiones- enseñorearse del país, dilapidar sus finanzas, pervertir su administración, chupar su substancia, pavonearse insolentemente en cínicas ostentaciones, comprarlo y venderlo todo, hasta comprarse y venderse unos a otros a la luz del día.
Veo más.
Veo un pueblo indolente y dormido que abdica sus derechos, olvida sus tradiciones, sus deberes, y su porvenir. Lo que debe a la honra de sus progenitores y al bien de la prosperidad, a su estirpe, a su familia, a sí mismos y a Dios. Y se atropella en las Bolsas, pulula en los teatros, bulle en los paseos, en los regocijos y en los juegos. Pero ha olvidado la senda del bien, y va a todas partes menos a dónde van los pueblos animosos. Con instituciones que amenazan desmoronarse carcomidas por la corrupción y los vicios.
La concupiscencia arriba y la concupiscencia abajo.
¡Eso es la decadencia! ¡Eso es la muerte de un país!”
A esto ya llegamos es lo que vivimos día a día, con una clase política deshumanizada, corrompida hasta el tuétano, inmoral e irresponsable.

viernes, 26 de junio de 2020

GUARDAOS DE LOS LOBOS DISFRAZADOS DE OVEJAS, NOS ADVIERTE CRISTO... (Formación, para la Acción)


Fue Dios mismo, Nuestro Señor Jesucristo, quien nos advirtió en el 'Sermón de la Montaña': "Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con vestiduras de ovejas, mas por dentro son lobos rapaces" (Mat. 7:15).
Estas palabras han hecho eco a través de los siglos, y para nosotros los católicos siguen hoy día vigentes, y mas que nunca necesitamos de esta advertencia. ¿Por qué debería motivarnos a prestar atención a esta advertencia con cuidado en nuestra vida diaria? Porque la pureza e integridad de la Fe es asunto serio. La Fe de una persona puede fácilmente ser corrompida.
Así, el Catecismo Baltimore declara:
"Una persona que niega aunque sea un artículo de nuestra fe no podría ser católico/a, porque la verdad es una y debemos aceptarla completamente o nada". Esto meramente repite las enseñanzas de Nuestro Señor como fuera escrito por el apóstol Santiago en la Biblia: "Porque quien observe toda la Ley, pero quebranta un solo precepto, viene a ser reo de todos los demás". (Santiago 2:10)
Santo Tomás Aquino señala: "Rechazar un precepto de fe enseñado por la Iglesia es suficiente para destruir la fe, así como un pecado mortal es suficiente para destruir la caridad...".
El papa León XIII, en su encíclica "Satis Cognitum", lo explica así: "Nada es más peligroso que los herejes quienes, aún conservando el resto de las enseñanzas intactas, corrompen con una sola palabra, como una gota de veneno, la pureza y simplicidad de la fe que hemos recibido a través de la tradición, de Dios y de los Apóstoles". No solamente debería considerarse la advertencia de Nuestro Señor porque la fe puede FÁCILMENTE corromperse, sino que deberíamos encontrar motivación en el hecho de que el peligro es mas latente hoy día que lo que fuera al comienzo del siglo pasado, cuando el Santo Papa Pio X sintió la necesidad de escribir:
"Los fabricadores de errores tienen que ser vistos no sólo entre los enemigos abiertos de la Iglesia; sino....en su propio seno, siendo enemigos tanto más perjudiciales cuanto lo son menos declarados"..."La Iglesia no tiene más grandes enemigos, pues ellos ponen en acción sus artimañas para deshacerla, no desde afuera, sino desde adentro. Por ende, el peligro está presente casi en las mismas venas y en el corazón de la Iglesia, tales heridas son más certeras por el hecho de que el fundamento de ellas es mas íntimo". "Ellas acogen profesorados en los seminarios y en las universidades, y gradualmente hace de ellos puntos de pestilencia".
Nuestro Señor entregó las Verdades de la Fe a la Iglesia. La Iglesia enseña que el Apocalipsis terminó al morir el último Apóstol, cerrándose así el depósito de la Revelación. Este "Depósito de Fe" ha sido preservado y enseñado infaliblemente desde los comienzos. Cuando la Iglesia era joven, los cristianos tenían un BUEN entendimiento de la Fe. Al crecer la Iglesia, desarrollamos un entendimiento MEJOR de lo que contenía el depósito sagrado. Un Católico en el año 94 D.C. es tan católico como un teólogo fiel a la doctrina católica del siglo XXI, creyendo las mismas doctrinas, esto es: nada contradictorio. La Verdad es inmutable. Lo que una vez fuera condenado por la Iglesia en el pasado no puede ser más tarde aprobado en principio, ni lo que una vez fuera declarado como verdad y como bueno puede más tarde ser falso o pecaminoso. Un verdadero desarrollo de doctrina "aumenta" el entendimiento de los puntos y su relación a las verdades. Nunca un MEJOR entendimiento puede significar que lo entendido previamente era defectuoso. Fue entendido en menor escala, pero NO era un error, o algo contrario. Un teólogo cree las mismas verdades que el niño de colegio católico, solamente que ahora las conoce mejor y en detalle. Este conocimiento no puede ser contrario a lo que el estudiante conoce.
La Verdad es inmutable pues proviene de Dios y Dios es siempre el mismo: ayer, hoy y eternamente. Cuidaos de quienes digan lo contrario: Son los falsos profetas con piel de oveja, de los que Cristo mismo nos previene. En realidad son lobos rapaces que buscan tu perdición y destruir tu Fe.
Visto en: Catolocidad

jueves, 4 de junio de 2020

EL FALSO PAPA REINANTE (por el Dr. Carlos A. Disandro)


Un Sexteto de Apóstatas

Estimados Lectores y visitantes, deseamos compartir con ustedes esta interesantísima y actualísima editorial de la Revista “HOSTERÍA VOLANTE” dirigida por el Dr. Carlos Disandro y que fuera publicado en dicha revista Nº 27 del Julio de 1971.

Hemos de notar la claridad doctrinaria de este filósofo y el sentido profético de sus escritos, ya que a más de cuarenta años sus escritos conservan plena vigencia en el mar de apostasía y herejía judeocristiana reinante. Por último queremos aclararles y aclarar especialmente a nuestros lectores, fieles y amigos hipercríticos que no somos “DISANDRISTAS” porque el Dr. Disandro –desgraciadamente- no ha dejado ninguna escuela, porque tenemos entendido que él no pretendía semejante cosa, por el contrario siempre exhortaba a que se estudiara y que se regresara a las fuentes, esto es los Evangelio y a los Santos Padres.
Continuar leyendo: